China convierte a Nicaragua en su provincia minera: Ortega cede 8.5% del territorio
China convierte a Nicaragua en su provincia minera con concesiones

La expansión minera china en Nicaragua bajo el régimen Ortega-Murillo

La influencia de China en América Latina encuentra uno de sus ejemplos más claros en Nicaragua, donde el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha transformado el país en un lucrativo negocio familiar compartido con su aliado ideológico más fuerte. Este martes, la Dirección General de Minas de Nicaragua otorgó a la empresa china Tutuwaka Mining Company la concesión minera en el lote denominado Isabela 11, con una superficie total de 157.25 hectáreas en la Región Autónoma de la Costa Caribe Sur.

Un territorio cedido al capital chino

Con este nuevo título, el presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, que gobiernan Nicaragua como si fuera su propiedad privada, han otorgado entre 2021 y 2026 concesiones mineras en 74 lotes a 17 empresas chinas. Estas compañías extraen principalmente oro y cobre sobre un territorio de algo más de un millón de hectáreas del territorio nacional, específicamente 1,027,467.49 hectáreas.

Estos 10,274 kilómetros cuadrados equivalen al doble del estado de Aguascalientes o a casi todo el estado de Querétaro, representando aproximadamente el 8.5% del territorio nicaragüense según denuncias de organizaciones ambientalistas.

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El papel clave de Laureano Ortega Murillo

Para facilitar esta expansión china, el régimen nombró a su hijo Laureano Facundo Ortega Murillo como asesor presidencial para las Inversiones, Comercio y Cooperación Internacional. Este cargo le otorga libertad total para firmar los acuerdos que considere necesarios con Pekín, sin requerir la autorización de la Asamblea Nacional, que de todos modos muestra fiel obediencia a la dictadura.

Los que disienten de estas políticas deben hacerlo desde el exilio, si no quieren terminar en el centro de detención y tortura El Chipote, en las afueras de Managua. "Ortega ha cedido ya el 8.5% del territorio nicaragüense, incluyendo áreas protegidas, indígenas y afrodescendientes, para la exploración y explotación de minerales", denunció desde su exilio en Costa Rica Amaru Ruiz, líder de la ONG ambientalista Fundación del Río.

Consecuencias ambientales devastadoras

Ruiz, amenazado por el régimen y despojado de la nacionalidad nicaragüense pese a estar expresamente prohibido por el Derecho Internacional, alertó sobre múltiples violaciones:

  • Los contratos se realizan sin consulta previa a las comunidades, violando convenios internacionales de derechos indígenas
  • Están causando una deforestación sin precedentes en la historia del país
  • El modelo extractivista está desplazando a la población hacia los sectores más rurales, especialmente en la Costa Caribe y territorios indígenas

"Los principales indicadores en términos de deforestación son mayores que en la época de Somoza", explicó Ruiz. "En la época de Somoza teníamos 100,000 hectáreas anuales de deforestación; sin embargo, en la época de los Ortega-Murillo hablamos de entre 136,000 y 145,000 hectáreas de deforestación de los bosques".

Una alianza histórica que se repite

Aunque la sobreexplotación minera y la deforestación consecuente afectan a todo el continente americano, la maldición histórica centroamericana —la alianza entre dictadores y compañías de potencias depredadoras para explotar las riquezas del país— se está acelerando con fuerza en la única dictadura "de facto" que sobrevive en la región: Nicaragua.

La maldición en el caso de Nicaragua es la misma, sólo que cambian los protagonistas: en vez del dictador Anastasio Somoza entregando privilegios exclusivos a las compañías bananeras de Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX, ahora es el dictador Daniel Ortega entregando privilegios exclusivos a las compañías mineras chinas en esta primera mitad del siglo XXI.

El giro estratégico hacia China

Para entender este vuelco hay que remontarse a 1990, cuando Daniel Ortega perdió las elecciones y reconoció la victoria de Violeta Chamorro. Entre las medidas que tomó Chamorro estuvo romper relaciones con China y entablar relaciones con Taiwán, la "provincia rebelde" que reclama el régimen comunista de Pekín como suya.

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Ortega regresó al poder en 2007, y pocos imaginaban entonces que su meta era aferrarse al poder por las buenas o por las malas. Lo hizo por las malas, con una feroz represión contra la población. Las sanciones internacionales ante el descarado fraude electoral lo llevaron a buscar el apoyo del mejor postor, resultando ser China. Así se acabaron 30 años de relaciones diplomáticas y económicas con Taiwán y comenzó un proceso muy acelerado de influencia china.

El silencio estratégico de Estados Unidos

Mientras tanto, Estados Unidos guarda un extraño silencio en torno a la creciente influencia de China en Nicaragua, el único bastión antiimperialista en el continente junto con Cuba, luego de la conversión de la Venezuela chavista en un protectorado estadounidense.

Lo más reciente que ha dicho la administración estadounidense sobre Nicaragua es que podría imponer sanciones a toda la industria del oro nicaragüense, en respuesta a la confiscación de una mina de un empresario estadounidense cuyos activos fueron entregados a una compañía china.

Con múltiples conflictos internacionales en curso, Estados Unidos ha dejado en un segundo plano a su "patio trasero", pero es precisamente en Nicaragua donde el temido choque de las dos superpotencias podría hacerse realidad en el futuro cercano.