Marx Arriaga se atrinchera en la SEP mientras vacían su oficina en medio de tensión
La situación del exfuncionario Marx Arriaga dentro de la Secretaría de Educación Pública (SEP) se ha convertido en un episodio de alta tensión administrativa y mediática. El exdirector general de Materiales Educativos se ha negado rotundamente a abandonar su oficina, ubicada en el edificio de Avenida Universidad en la Ciudad de México, pese a los cambios oficiales realizados en el área que anteriormente dirigía.
¿Por qué Arriaga se mantiene en su puesto?
Arriaga ha argumentado de manera consistente que su permanencia física en las instalaciones de la SEP responde a una protesta pacífica y a la falta de una notificación formal que documente su remoción del cargo. A través de diversas publicaciones y transmisiones en redes sociales, el exfuncionario ha calificado esta acción como un acto de "resistencia" que busca exigir un proceso acorde con la legislación laboral vigente.
Además, ha vinculado su postura con la defensa del proyecto educativo que impulsó durante su gestión, particularmente en lo relacionado con los libros de texto gratuitos y los principios de la Nueva Escuela Mexicana. Esta postura ha generado un debate público sobre los procedimientos administrativos dentro de las dependencias gubernamentales.
El vaciado de la oficina y el relevo oficial
Mientras Arriaga permanece dentro del inmueble, trabajadores de la SEP han iniciado el proceso de retirar cajas, documentos y objetos personales de la oficina que ocupaba el exdirector. Este movimiento se produce después de que la secretaría concretara el relevo en la Dirección General de Materiales Educativos, nombrando a la pedagoga y poeta Nadia López García como su sucesora.
Las imágenes del vaciado de la oficina han circulado ampliamente en plataformas digitales, incrementando la atención pública sobre este conflicto administrativo interno. La situación presenta un escenario peculiar donde, por un lado, la SEP ya ha implementado el cambio de mando en el área, pero por otro, Arriaga continúa físicamente presente en el edificio, esperando una comunicación oficial que formalice su salida.
Este episodio marca el fin de una etapa en la dirección de materiales educativos, pero deja pendiente la resolución formal del estatus laboral de Arriaga, manteniendo un clima de incertidumbre dentro de la dependencia educativa federal.



