Día Mundial de la Niña y la Mujer en la Ciencia: Un llamado a la transformación estructural
La conmemoración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia 2026 sirve como un recordatorio contundente de que aún faltan cambios profundos para construir sistemas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas verdaderamente inclusivos. La situación de las mujeres científicas en las instituciones de educación superior mexicanas dista mucho de alcanzar un equilibrio o una relación igualitaria con sus colegas varones, según revelan investigaciones recientes.
El problema va más allá de la representación numérica
Si colocamos el foco en cómo superar el problema del sexismo en la ciencia, hoy el desafío trasciende exponer la falta de mujeres o de referentes femeninos. Se trata de algo más profundo que las fotografías no alcanzan a retratar, según advierte la doctora Lu Ciccia, integrante del Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM.
"El sexismo y los valores androcéntricos operan sistemáticamente para excluir a las mujeres y otras identidades de la producción de conocimiento científico", explica la especialista. "Cuando estas corporalidades logran acceder a estas áreas de conocimiento, se las infravalora consistentemente, y se les suele exigir más que a los varones cisgénero heterosexuales. Las formas de exclusión e infravaloración suelen manifestarse en formas sutiles en los centros de estudios, los laboratorios o lugares de trabajo".
No se trata únicamente de "invitar" a más mujeres a los laboratorios o de "emocionar" a las niñas para que vislumbren su futuro profesional en áreas científicas, porque finalmente llegarán a toparse con las desigualdades y los sesgos que mantienen activamente la brecha de género.
Androcentrismo en la ciencia: Un sistema de valores excluyente
El actual sistema de valores androcéntricos que caracteriza a nuestras culturas y que, por tanto, atraviesa transversalmente las ciencias, generaliza características como la razón (considerada masculina) y la emoción (etiquetada como femenina). Simultáneamente, desde este mismo sistema, la razón es considerada superior y un valor fundamental para la producción de conocimiento, creando una jerarquía artificial que desvaloriza contribuciones asociadas tradicionalmente con lo femenino.
Además, el androcentrismo alimenta persistentemente la creencia de que la ciencia se produce desde "ningún lugar", sin prejuicios ni intereses particulares, como si fuera una verdad neutral, objetiva y universal, fuera de tiempo y de espacio. Lo que enmascara el hecho de que el conocimiento es, en realidad, situado, encarnado y local, como describe Donna Haraway, filósofa feminista cuyas ideas han revolucionado la epistemología científica.
Estos sesgos no son errores accidentales y nombrarlos no constituye un capricho del feminismo. Entre las consecuencias más graves se encuentra la afectación directa en las agendas de investigación: se destinan presupuestos significativos a estudios que históricamente han establecido una lectura jerárquica de los cuerpos, donde unos valen más que otros, en términos de raza y de sexo.
El sujeto caucásico como paradigma universal
Históricamente, se ha tomado al sujeto caucásico (que representa menos del 1% de la población mundial) como el ser humano más acabado y complejo. Al entenderlo a él, se asumió erróneamente que se entendía al resto de la población, relegando a otras corporalidades a la idea de "seres menos complejos" y generando vacíos críticos en el conocimiento médico y científico.
Actualmente, en algunos países, distintos institutos nacionales de salud, como el estadounidense, han exigido la inclusión del "sexo" como variable biológica en las investigaciones, pero esto también resulta problemático, explica la doctora Lu Ciccia con detalle.
"A menudo se cae en un esencialismo biológico binario (la idea de que las dos posibilidades reproductivas implican dos formas biológicas en todas las dimensiones) que ignora la complejidad y heterogeneidad clínica de las personas", señala la investigadora. "Este enfoque se basa únicamente en la genitalidad externa o la composición de los cromosomas sexuales como el punto de partida para interpretar las prevalencias, el desarrollo y el tratamiento de enfermedades, simplificando excesivamente realidades biológicas mucho más diversas".
Feminización de lo precario: Un estudio revelador en la UNAM
Bajo la premisa de que la situación de las mujeres científicas en las instituciones de educación superior no se encuentra en equilibrio con sus colegas varones, la doctora Lu Ciccia y otras investigadoras realizaron un estudio de caso exhaustivo que busca desentrañar la brecha de género en los institutos de investigación de la UNAM pertenecientes a las áreas de las llamadas Ciencias Exactas y Naturales.
En el artículo "Feminización de lo precario en la UNAM: Examinando los obstáculos a la igualdad de género", publicado en 2025, observaron una disparidad de género clara entre las disciplinas que ellas, en su estudio, dividen y nombran así: Las llamadas ciencias "puras" o pSTEM (ciencias de la Física, Tecnologías, Ingenierías y Matemáticas) y las STEM (que incluye otras ciencias, como las biológicas).
Analizaron catorce institutos de investigación de la UNAM:
- Seis categorizados como pSTEM (Matemáticas, Astronomía, Ingeniería, Matemáticas Aplicadas y Sistemas, Ciencias Nucleares y Física)
- Ocho como STEM (Biología, Ecología, Investigación Biomédica, Ciencias Genómicas, Biotecnología, Química, Fisiología Celular y Geología)
Pudieron notar que las carreras académicas de las mujeres en esta universidad enfrentan obstáculos significativos, a diferencia de los hombres, quienes alcanzan la antigüedad en un período más corto y con menos barreras.
Precarización laboral mayoritariamente femenina
El estudio demuestra contundentemente que existe una precarización laboral mayoritariamente femenina en los puestos de técnicas académicas. Estas posiciones, fundamentales para la investigación científica, suelen tener menor estatus, menor remuneración económica y escasas posibilidades reales de ascenso en comparación con los puestos de investigación que ocupan predominantemente los hombres como investigadores titulares.
También realizaron un análisis comparativo minucioso para comprender cómo interactúan la segregación horizontal (distribución por áreas de conocimiento) y la segregación vertical (la ausencia de mujeres en puestos directivos y de mayor jerarquía) y, a su vez, su relación directa con el nivel de ingresos del personal académico.
Por ejemplo, en disciplinas mixtas como la biología, es decir, donde hay relativamente igual cantidad de hombres y mujeres, hay una marcada segregación vertical: ellos son los que ocupan sistemáticamente los mejores puestos, y ellas están más precarizadas laboralmente. Lo que demuestra que la presencia numérica de más mujeres en estas disciplinas no garantiza automáticamente la equidad, ya que hace más evidentes las barreras estructurales que las mantienen en posiciones precarizadas, como que la figura de personal técnico académico sea mayoritariamente femenina.
Diferencias entre áreas pSTEM y STEM
En áreas categorizadas como pSTEM, hay una marcada segregación horizontal: es decir, una sobrerrepresentación evidente del varón cisgénero. Sin embargo, observaron una disminución relativa de la segregación vertical: cuando las mujeres logran acceder y permanecer en estas áreas, alcanzan puestos, estímulos económicos y nivel en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) iguales a sus contrapartes masculinas.
A través de entrevistas en profundidad, hicieron un estudio cualitativo en el que destacó que existe una valoración social, simbólica y económica diferenciada entre áreas. Las áreas pSTEM son vistas como de alto prestigio académico y social. Además, en estas áreas, a pesar de tener los mismos estímulos económicos y estatus formal que los hombres, las mujeres suelen tener menor reconocimiento social y una autoestima profesional menor que sus colegas varones.
El síndrome de la impostora: Una barrera psicológica persistente
En general, en ambas áreas (pSTEM y STEM), las mujeres presentan con frecuencia el síndrome de la impostora, un fenómeno psicológico que se refleja cuando, a pesar de que las mujeres logran alcanzar puestos de alto nivel y estatus académico reconocido, su autopercepción puede hacerlas sentir insuficientes constantemente, dudando de sus logros y atribuyéndolos a factores externos en lugar de a su propia capacidad.
El estudio demuestra concluyentemente que el sexismo en la ciencia persiste activamente, no solo a través de barreras estructurales visibles, sino también mediante barreras simbólicas más sutiles, estas últimas más difíciles de erradicar por encontrarse tan interiorizadas a nivel personal y en el tejido social mismo.
*Colaboración de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM