Cien años de soledad: La decadencia y el caos transforman Macondo en la segunda parte
La transformación visual de Macondo en Cien años de soledad

La segunda parte de la adaptación de Cien años de soledad, disponible actualmente en Netflix, marca una ruptura estética y narrativa con la ingenuidad inicial de la serie. Esta nueva etapa presenta a Macondo no como un paraíso intacto, sino como un entorno desgastado, caótico y profundamente humano, donde el paso del tiempo y la llegada de la modernidad han dejado huellas visibles tanto en los escenarios como en los personajes.

Un Macondo envejecido y socialmente complejo

Juliana Flórez, productora ejecutiva de la ficción, explica que esta sección se conecta directamente con la realidad histórica de Colombia, mostrando una versión más cruda de la localidad. La presencia de prostitutas, mendigos, la economía informal y las tensiones entre clases sociales han transformado el aspecto del pueblo, convirtiéndolo en un personaje activo de la trama. "Ya no es ese lugar perfecto y pulido que conocimos; ahora el desgaste se nota en las paredes, en los espacios, como también en los personajes", señala Flórez durante una visita al set principal ubicado en Alvarado, Tolima.

El equipo de arte y maquillaje ha enfrentado el desafío de representar este deterioro. Lo que hace un año y medio era un entorno nuevo, hoy está invadido por la vegetación que se ha mezclado con los elementos construidos. Bárbara Enríquez, del equipo de diseño de producción, destaca que "Macondo ha cobrado una vida que antes no tenía, una vida que sólo se construye con el tiempo", lo cual ha permitido crear una atmósfera con capas históricas profundas.

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Logística sin precedentes y impacto económico

La escala de la producción para sostener esta atmósfera de decadencia requiere una operación logística masiva. Carolina Caicedo, productora general y ejecutiva, detalla que la operación diaria cuenta con entre 900 y 1,200 personas. Este despliegue técnico y logístico representa cifras sin precedentes para la industria latinoamericana en términos de mantenimiento de un set tan extenso y detallado.

La serie, protagonizada por Marleyda Soto (Úrsula Iguarán), Claudio Cataño (Aureliano Buendía), Loren Sofía (Amaranta Buendía), Akima (Rebeca Buendía), Viña Machado (Pilar Ternera) y Emilio Sánchez Vera (Aureliano José), aborda la obra cumbre de Gabriel García Márquez desde múltiples perspectivas. Aunque se basa en el mismo libro, cada proyecto o parte de la adaptación se revisa y asume de forma distinta, enfatizando la evolución natural de la narrativa hacia su punto de quiebre.

La llegada de la modernidad y los cambios estructurales

Esta segunda parte introduce hitos históricos que alteran la dinámica del pueblo: la llegada de estadounidenses, la aparición de automóviles, electricidad y nuevos estilos musicales. Estos elementos generan un caos tanto visual como narrativo. Para reflejar esto, el diseño de producción, encabezado por Bárbara Enríquez y Eugenio Caballero, construyó cuatro versiones distintas de Macondo.

El cuarto set, denominado "Macondo 4", alcanza su cúspide y posterior decadencia en esta temporada. Es el más grande de todos y contiene aproximadamente 18 nuevos espacios, incluyendo dos calles nuevas. Los primeros tres macondos ya no existen físicamente; el primero fue desmontado, mientras que los sets dos y tres se integraron para construir el tren y otras estructuras necesarias para esta etapa final de la historia.

La precisión histórica fue fundamental para equilibrar la entrada de la modernidad con el paso del tiempo. El proyecto, iniciado en 2020 bajo los primeros diseños de Eugenio Caballero, requirió una investigación exhaustiva desde la arquitectura hasta los colores y las artes. Se estudió qué tecnologías estaban presentes en cada época, marcando un trasfondo temporal entre 1850 y 1950. Aunque la novela no es estrictamente histórica, la Casa Buendía, el vestuario y los objetos fueron diseñados con el rigor de una serie de época, analizando detalles como cómo funcionaban el teléfono o cómo se colgaban las lámparas.

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Vestuario, paisajismo y referencias culturales

La transformación social también se refleja en la arquitectura, con la construcción de grandes casas de estilo republicano junto a viviendas modestas. El paisajismo jugó un rol crucial: se plantaron más de 16,000 plantas el año pasado, llegando a casi 20,000 actualmente. El único árbol original del set es el central de la plaza; el 99% de la vegetación restante fue trasplantada para lograr la humedad y el aspecto de pueblo costero característico.

En cuanto al vestuario, Catherine Rodríguez, diseñadora de moda, coordina a un equipo de unas 60 personas que manejan más de 70,000 prendas. Se trabajó con cerca de 30 talleres en Colombia para producir zapatos, ropa y accesorios. Dado el contexto histórico previo a la Primera Guerra Mundial, se utilizaron exclusivamente fibras naturales como lanas y sedas, evitando sintéticos como el poliéster. Un equipo especializado en "aging" alteró los textiles para simular el desgaste adecuado.

La autenticidad cultural también fue prioritaria. El carnaval de Macondo se inspiró fuertemente en el Carnaval de Barranquilla, basándose en investigaciones de Nina Friedman sobre comunidades afrodescendientes. Las máscaras utilizadas evocan estéticas similares a las marimondas tradicionales y a las máscaras de elefante de los Bamileke en Camerún. Asimismo, las matronas francesas presentes en la serie están inspiradas en cupletistas que viajaban al Canal de Panamá, utilizando mantones de Manila y serpientes de oro, tal como los describe el autor.

Con siete episodios dirigidos por Laura Mora y Carlos Moreno, la segunda parte cierra la historia de los Buendía presentando un Macondo que ha madurado, sufrido y resistido. La atención ahora se centra en cómo esta compleja estructura visual y narrativa impactará en la recepción crítica y popular de la conclusión de la saga, consolidando la adaptación como un referente de producción audiovisual en América Latina.