Los scones ingleses: un clásico del desayuno británico
Los scones ingleses con crema y mermelada son una tradición gastronómica del Reino Unido, perfectos para empezar el día con un desayuno sustancioso o para disfrutar en el tradicional afternoon tea. Esta receta, elaborada por Fabiola Barrera, permite obtener unos scones esponjosos y ligeramente crujientes, similares a los bisquets mexicanos, pero con una textura única que combina una corteza dorada con un interior tierno y vaporoso.
El scone es un lienzo sobre el que se despliegan sabores puros, y su magia reside en la dualidad de texturas: una corteza finamente dorada que resguarda un interior que se desmigaja al tacto. Aprovechando el Mundial 2026, esta receta invita a vivir un auténtico desayuno británico en casa, acompañado de té English Breakfast o Earl Grey.
Ingredientes para los scones ingleses
Para preparar aproximadamente 8 scones, necesitarás:
- 350 gramos de harina de trigo común o de repostería
- 15 gramos de polvo de hornear
- 1/4 de cucharadita de sal fina
- 85 gramos de mantequilla sin sal, muy fría y cortada en cubos pequeños
- 40 gramos de azúcar
- 175 mililitros de leche entera o buttermilk (más un poco extra para pincelar)
- 1 cucharadita de extracto de vainilla (opcional)
- 1 cucharadita de jugo de limón (si usas leche entera, para simular el buttermilk)
Para acompañar: 200 gramos de crema de leche espesa (nata montada doble) y 200 gramos de mermelada de buena calidad, preferiblemente de fresa o frambuesa.
Preparación paso a paso
Comienza precalentando el horno a 220°C con calor arriba y abajo. Si no tienes buttermilk, mezcla el jugo de limón con la leche entera y deja reposar 5 minutos hasta que se corte ligeramente. Añade la vainilla a esta mezcla.
En un tazón, tamiza la harina con el polvo de hornear y la sal. Incorpora el azúcar y mezcla. Agrega la mantequilla fría y, con la punta de los dedos, frótala con la harina hasta obtener una textura de migas de pan o arena gruesa, dejando pequeños trocitos de mantequilla visibles.
Haz un hueco en el centro y vierte el líquido de una vez. Con un cuchillo o espátula, mezcla con movimientos envolventes y de corte, sin amasar. Detente cuando la harina se haya humedecido y la masa comience a agruparse, aunque tenga aspecto rugoso.
Espolvorea la superficie de trabajo con harina y vuelca la masa. Junta las esquinas suavemente hacia el centro 2 o 3 veces. Con un rodillo o las palmas, aplana hasta un grosor de 2.5 a 3 cm. Usa un cortador circular de 6 cm de diámetro, presionando verticalmente sin girar.
Coloca los scones en una bandeja con papel sulfurizado, separados 2 cm. Pincela la superficie con leche, evitando que chorree por los lados. Hornea en el tercio medio durante 10 a 14 minutos, hasta que la base esté dorada y la superficie ligeramente tostada. Deja templar sobre una rejilla.
Consejos para unos scones perfectos
Para lograr la textura ideal, todos los ingredientes deben estar fríos. La masa debe tener al menos 2.5 cm de grosor para que al hornear duplique su tamaño. Coloca los scones casi juntos en la bandeja para que se apoyen mutuamente y suban rectos.
El momento óptimo para consumirlos es unos 20 minutos después de hornearlos, cuando aún están tibios pero la miga se ha asentado. Si sobran, congélalos horneados y luego recaliéntalos en el horno.
Variantes de scones
Además de la versión clásica, puedes preparar scones de frutas secas añadiendo pasas o arándanos a la mezcla seca. Para una opción salada, omite el azúcar y agrega 100 gramos de queso Cheddar rallado y una pizca de mostaza en polvo o cebollín. También puedes incorporar ralladura de limón o naranja para un toque cítrico.
Los scones ingleses tienen un sabor neutro diseñado para equilibrar la crema y la mermelada. Disfrútalos en el desayuno o la merienda, acompañados de un buen té.



