Crisis en la UNAM por examen en línea: trampa masiva y fallos técnicos
Crisis UNAM: examen en línea con trampa masiva y fallos técnicos

La UNAM en el centro de la tormenta

Miles de familias mexicanas viven estos días una angustia difícil de nombrar. Sus hijos realizaron el examen de ingreso a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la universidad pública más importante del país, y ahora no saben si el resultado obtenido refleja su propio esfuerzo o la acción de quienes decidieron burlar el sistema. Así de profundo es el problema que enfrenta la máxima casa de estudios.

El rector Leonardo Lomelí tuvo que salir a declarar, en un giro inevitable, que "todas las opciones están sobre la mesa". Instaló una Comisión Técnica encabezada por Eduardo Bárzana, con Eduardo Backhoff entre sus integrantes, y suspendió las inscripciones que debían iniciar el lunes. La medida fue acertada, pero el diagnóstico ya es claro y debe expresarse con todas sus letras.

Examen en línea: un experimento fallido

Por primera vez, la UNAM aplicó el examen para el sistema escolarizado completamente en línea. Contrató a la empresa Territorium Life por un monto de 46 millones de pesos (mdp) y confió en un sistema de proctoring basado en inteligencia artificial (IA) que debía vigilar a los aspirantes a través de la cámara mientras respondían. El resultado se desplegó en dos frentes problemáticos.

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En primer lugar, la plataforma canceló pruebas por ruido, apagones, fallas de internet o miradas que se desviaron del monitor. Miles de aspirantes honestos perdieron su oportunidad debido a un algoritmo demasiado estricto o, simplemente, torpe. En segundo lugar, y este es el escándalo mayor, los resultados agregados presentan lo que Backhoff describió en una columna reciente como un comportamiento estadístico "profundamente anómalo": puntajes inflados, distribuciones que rompen con los patrones observados durante décadas, y carreras como Medicina donde el corte se disparó hasta 120 aciertos, la perfección absoluta. En otras palabras, hubo trampa masiva. Con IA generativa en un segundo dispositivo, suplantaciones y mil formas de burlar una cámara. Y no fue marginal.

Un nudo que se aprieta

La UNAM enfrenta simultáneamente el reclamo de quienes fueron injustamente descalificados por fallas del sistema, la sospecha sobre quienes obtuvieron lugares con puntajes irreales y la angustia de la enorme mayoría de honestos cuyo esfuerzo quedó devaluado por el ruido de fondo. ¿Cuáles son las vías de salida? Se perfilan al menos cinco.

Primera. Anular exámenes puntuales cuando exista evidencia individual —grabaciones, patrones de respuesta, tiempos anómalos— de irregularidad. Es lo mínimo. También restituir a quienes fueron cancelados por causas ajenas a su conducta.

Segunda. Aplicar una segunda evaluación, presencial, a los aspirantes que hoy figuran con puntajes en las zonas estadísticamente sospechosas, especialmente en carreras con corte histórico bajo y salto abrupto este año. No se trata de repetir todo, sino de filtrar con evidencia.

Tercera. Ampliar la oferta de lugares. La presidenta Claudia Sheinbaum ya ofreció el respaldo de la Secretaría de Educación Pública (SEP). La expansión no arregla la trampa, pero mitiga el costo humano y le da a la universidad un margen político para actuar con firmeza.

Cuarta. Regresar el examen presencial en 2027. La modalidad en línea no está lista para un proceso con esta carga social.

Quinta —y quizá la más importante—. Revisar el contrato con Territorium Life y las cláusulas de compensación por vulneración del sistema. Delegar a un tercero, sin candados suficientes, el proceso más sensible que la universidad organiza cada año, es una decisión que amerita explicación pública. La UNAM tiene, dentro de sí, capacidad técnica de sobra para hacerlo. La pregunta no es si podía, es por qué no quiso.

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Más allá de un comunicado

Hay una tentación institucional que la UNAM no puede permitirse: dar vuelta a la página con un comunicado. La legitimidad de un ingreso, cuando ya está sembrada la duda, no se recupera con matemáticas psicométricas. Se recupera con decisiones visibles, ejemplares y, sobre todo, incómodas para quienes tomaron los atajos. Alejandro Magno cortó el nudo gordiano de un tajo. A la UNAM no le tocará algo tan poético. Le tocará algo peor y más largo: reconstruir, aspirante por aspirante, la confianza en que su nombre —el más venerado del sistema educativo mexicano— sigue siendo sinónimo de mérito.