Brasil opta por la negociación ante nuevo arancel estadounidense
El gobierno de Brasil anunció que no tomará represalias contra el nuevo arancel del 25 por ciento impuesto por Estados Unidos a varios productos brasileños, que entra en vigor este miércoles. La decisión fue comunicada por el vicepresidente Geraldo Alckmin en una conferencia de prensa, donde afirmó que la prioridad es la negociación y no una escalada comercial que podría perjudicar a ambas partes.
El arancel fue anunciado la semana pasada por Washington, generando el rechazo del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quien había prometido activar una ley de reciprocidad comercial. Sin embargo, este martes el tono cambió. "La idea no es retaliar. En un ojo por ojo, lo que puede pasar es que los dos se queden ciegos", declaró Alckmin. "En lo que dependa de Brasil, siempre habrá negociación", agregó tras reunirse con dirigentes de sectores afectados, como fabricantes de calzado y maquinaria.
Empresarios se oponen a represalias
Los empresarios brasileños se opusieron a activar la ley de reciprocidad, aprobada por unanimidad en el Congreso en abril de 2025, en medio de la ofensiva arancelaria iniciada por el gobierno de Donald Trump contra decenas de países. Brasil, la mayor economía de América Latina, es uno de los países más castigados en esta nueva ronda de aranceles.
La administración Trump busca reconstruir su agenda comercial tras varios reveses legales que derogaron tributos anteriores. Washington impuso el gravamen del 25 por ciento en respuesta a lo que considera "prácticas comerciales desleales" de Brasil para impedir la entrada de productos estadounidenses. Para Alckmin, "la medida es injusta y totalmente descabellada", dado que la balanza comercial registra un superávit a favor de Estados Unidos.
Contexto de la disputa comercial
Los nuevos aranceles forman parte de una estrategia más amplia de la administración Trump, que ha intensificado el uso de gravámenes sectoriales para presionar a sus socios comerciales. Además de Brasil, Washington ha anunciado medidas contra otros países y mantiene investigaciones que podrían derivar en nuevos impuestos a importaciones estratégicas.
El gravamen del 25 por ciento fue aplicado tras una investigación bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974. La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) sostiene que Brasil mantiene políticas que perjudican a empresas estadounidenses en comercio digital, propiedad intelectual y acceso al mercado. El gobierno brasileño rechaza esas acusaciones y afirma que la balanza comercial bilateral favorece a Estados Unidos.
Impacto político y económico
A menos de tres meses de las elecciones presidenciales, las sobretasas se perfilan como un punto de conflicto en la campaña que enfrenta a Lula con el senador Flávio Bolsonaro, hijo y heredero político del expresidente Jair Bolsonaro. Analistas consideran que el manejo de la relación con Estados Unidos y la defensa de las exportaciones brasileñas podrían influir en la campaña electoral.
Economistas advierten que una escalada en la guerra comercial entre ambos países podría afectar cadenas de suministro, incrementar costos para exportadores y generar incertidumbre en sectores como el agrícola, manufacturero y de maquinaria. El gobierno de Lula ha señalado que continuará utilizando canales diplomáticos y mecanismos de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para intentar revertir las medidas estadounidenses.
Brasil también está entre varios países que podrían ser sujetos próximamente a aranceles del 12,5 por ciento por no imponer prohibiciones a la importación de bienes procedentes del trabajo forzado.



