El abogado millonario de 48 años Abelardo de la Espriella se posesionó este viernes como el nuevo presidente de Colombia durante una ceremonia realizada en la ciudad de Cali, al suroeste del país. Con un perfil ultraderechista y doble nacionalidad —colombiana y estadounidense—, De la Espriella juró «cumplir fielmente la Constitución y las leyes» para asumir un periodo de cuatro años, marcando un giro drástico en la política exterior e interna del país al fortalecer sus vínculos con la administración de Donald Trump y abandonar las negociaciones de paz impulsadas por su predecesor.
Estrategia de mano dura y ruptura con el pasado
La nueva administración anunció inmediatamente su intención de intensificar la ofensiva militar contra los grupos armados ilegales y las organizaciones dedicadas al narcotráfico. En su primera alocución pública el domingo previo a la toma de posesión, De la Espriella, conocido públicamente como «El Tigre», declaró: «Vamos a recuperar la soberanía y a proteger a los ciudadanos de la delincuencia y el narcoterrorismo». Esta postura implica el fin definitivo de los planes de paz fallidos implementados por Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda de Colombia, quien gobernó bajo una lógica de diálogo que ahora será descartada.
Además de cambiar la estrategia de seguridad, el mandatario electo confirmó medidas diplomáticas alineadas con la derecha internacional. Anunció que romperá las relaciones diplomáticas con Nicaragua y Cuba, países que han sido puntos de fricción recurrentes con la administración estadounidense liderada por Trump. Asimismo, prometió fortalecer la cooperación militar con Estados Unidos e Israel, buscando replicar modelos de seguridad externa para combatir a las estructuras insurgentes restantes.
Tensión política y rechazo de Gustavo Petro
El traspaso de poder no estuvo exento de tensión. Gustavo Petro abandonó la casa presidencial en Bogotá a primeras horas de la tarde junto a parte de su familia y colaboradores, dejando atrás un mensaje de despedida: «Espero que nos recuerden. Hasta siempre, libertad y vida». El expresidente ha denunciado un supuesto fraude electoral en las elecciones celebradas recientemente, las cuales perdió por el margen más estrecho de la historia colombiana, inferior al uno por ciento. Sin embargo, ninguna autoridad electoral ha respaldado estas acusaciones.
Como respuesta a la derrota, los aliados de Petro convocaron protestas pacíficas para el mismo viernes de la investidura en ciudades principales como Bogotá y Barranquilla. A pesar de estas manifestaciones, el gobierno saliente advirtió sobre posibles actos de terrorismo dirigidos contra la ceremonia de posesión, lo que obligó a tomar medidas de seguridad extraordinarias en la ciudad anfitriona.
Seguridad y contexto internacional
La ciudad de Cali, afectada recientemente por atentados guerrilleros y ubicada cerca de territorios bajo el dominio de grupos armados, fue blindada para la ocasión. Se desplegaron 11 mil militares y se activó un sistema antidrones para garantizar la seguridad. A la ceremonia asistieron una decena de jefes de Estado, cancilleres extranjeros, incluyendo al de Israel, y una delegación de la Casa Blanca liderada por el fiscal general de Estados Unidos. También estuvo presente Gianni Infantino, jefe de la FIFA, llegado en medio de una crisis institucional en dicha organización.
No obstante, la capacidad operativa del ejército colombiano presenta desafíos significativos. Renata Segura, experta del International Crisis Group, señaló que las fuerzas militares cuentan con una «capacidad limitada» en número de uniformados y presentan «falta de equipamiento» tecnológico. Su principal preocupación es el posible «daño colateral» que podría afectar a la población civil si se llevan a cabo operaciones contra grupos muy adentrados en los territorios controlados por la ilegalidad.
El panorama de seguridad en Colombia sigue siendo complejo, con aproximadamente 25 mil personas en armas según un informe de la Fundación Ideas para la Paz basado en cifras oficiales de 2025. Julián Martínez, abogado y militar retirado de 38 años residente en Cali, calificó la estrategia de provocación, advirtiendo que los grupos armados podrían interpretar estos movimientos como un desafío directo para ver «quién es más valiente y más fuerte», lo que podría desatar una nueva ola de violencia en una región que ya ha sufrido la peor crisis en una década.
Para consolidar su mandato sin mayorías en un Congreso dividido, De la Espriella prometió construir megacárceles similares a las de El Salvador y cerrar oficinas presidenciales de paz y derechos humanos. Estas acciones forman parte de su plan para reducir el tamaño del Estado en un 40 por ciento, una medida que busca reconfigurar la estructura gubernamental y priorizar la coerción estatal sobre los mecanismos de conciliación previos.



