El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, oficializó este domingo su candidatura a un cuarto y último mandato en las elecciones de octubre, en una convención de su Partido de los Trabajadores (PT) celebrada en Sao Paulo. Ante unos tres mil seguidores, Lula se declaró "muy entero" y prometió enfrentar la vejez, en un acto cargado de simbolismo donde los asistentes entonaron la canción "Lula, guerrero del pueblo brasileño" y desplegaron una gran bandera nacional.
Un discurso con mensaje a sus bases
Durante su intervención, el exobrero y líder sindical, quien aspira a la presidencia por séptima vez, lanzó un mensaje directo: "Quiero luchar contra la vejez, no quiero andar arrastrando las piernas". Vestido con camisa informal y un sombrero panamá, Lula evitó mencionar directamente al presidente estadounidense Donald Trump, aunque su sombra se cierne sobre la campaña. El escenario incluyó carteles con inscripciones como "Brasil no se entrega", reflejando el clima de polarización.
Entre los asistentes, Cristiane Rosa Julho, una asistente social de 51 años vestida con el rojo característico del PT, explicó a la AFP: "Estoy aquí porque las políticas de Lula cambiaron mi vida y la de mi familia, gracias a él hoy tenemos casa propia después de ocho generaciones despojadas". El testimonio ilustra la conexión del mandatario con los sectores populares, que han sido su principal base de apoyo en sus tres mandatos anteriores.
El rival: Flávio Bolsonaro y la sombra de Trump
El candidato derechista Flávio Bolsonaro, de 45 años, hijo del expresidente de extrema derecha Jair Bolsonaro (2019-2022), será el contrincante de Lula. Flávio, actual senador, enfrenta el desafío de desmarcarse del legado paterno, mientras su padre permanece preso por un intento de golpe de Estado en 2022. La campaña se desarrolla en un contexto de tensiones con el gobierno de Trump, aliado de los Bolsonaro y que ha respaldado a varios candidatos victoriosos en Latinoamérica.
Estados Unidos impuso en julio dos rondas de aranceles a productos brasileños, acusando al país de supuestas prácticas comerciales desleales. Previamente, en 2025, el gobierno de Trump había aplicado otro tarifazo a Brasil, luego suspendido en buena medida, en represalia por el juicio contra el expresidente. Ante esta presión, Lula ha calificado a Flávio Bolsonaro de "traidor a la patria" por supuestamente alentar a Estados Unidos a golpear la economía brasileña, algo que el senador niega.
El politólogo Leonardo Paz, de la Fundación Getúlio Vargas, analizó para la AFP que "la narrativa sobre la soberanía le calza como un guante a Lula: en un momento de caída de su popularidad, logra identificar a un enemigo allá afuera para responsabilizarlo por algunas penurias que vivimos". Este enfoque podría ser clave para movilizar al electorado en un escenario de incertidumbre económica.
Encuestas y retos económicos
Según el instituto Datafolha, Lula lidera las encuestas de segunda vuelta con 48% de intención de voto, frente al 43% de Flávio Bolsonaro. A pesar de estar castigado por varias crisis políticas, el candidato de la derecha mantiene una disputa polarizada. Lula puede presumir un crecimiento sólido y empleo récord, aunque el costo de vida preocupa a los brasileños y el déficit fiscal se agrava.
La seguridad pública se perfila como uno de los temas más delicados, ya que el crimen organizado controla barrios populares donde viven millones de personas. Lula, quien pasó 580 días en prisión entre 2018 y 2019 por una condena por corrupción que luego fue anulada por parcialidad del juez, también debe enfrentar la discusión sobre este flagelo que afecta a la opinión pública.
Investigaciones de corrupción salpican a ambos candidatos
La corrupción, otro tema prioritario para los votantes, es protagonista de dos investigaciones judiciales incómodas. Una apunta a Flávio Bolsonaro, quien habría pedido dinero a un banquero acusado de megaestafa para financiar una película sobre su padre. La otra, abierta esta semana, involucra a un hijo de Lula, "Lulinha", sospechoso de corrupción y tráfico de influencias en presuntas gestiones ante el Ministerio de Salud.
Ambos casos prometen marcar la recta final de la campaña, mientras Lula, acompañado por su esposa Janja, de 59 años, se mostró confiado: "No voy a tener oportunidad de disputar el 'penta' porque decidí que después de entregar Brasil perfectamente al pueblo brasileño, nos iremos de vacaciones para noviar unos veinte años más". Con esta declaración, el veterano político intenta proyectar una imagen de fortaleza y cercanía, en un intento por consolidar su legado y asegurar un nuevo ciclo de gobierno.



