La camiseta de la selección nacional, especialmente en vísperas de un Mundial, suele ser un símbolo de unidad. Sin embargo, en los últimos años se ha transformado en un elemento de confrontación política en varios países sudamericanos, donde movimientos de extrema derecha la han adoptado como parte de su indumentaria.
El caso de Colombia
El ejemplo más reciente ocurrió en Colombia. El candidato presidencial Abelardo de la Espriella utilizó la playera de su selección en múltiples actos de campaña, incluyendo la celebración por sus buenos resultados en la primera vuelta electoral. La prenda, modificada con un tigre estampado —símbolo de su campaña y su apodo—, generó críticas de la oposición. Iván Cepeda, candidato de izquierda, cuestionó en una rueda de prensa: "¿Desde cuándo la selección Colombia es patrimonio de la campaña del señor De la Espriella?".
Nacionalismo, fútbol y política
El abogado de 47 años y sus seguidores justifican el uso de la camiseta como un signo de patriotismo. Fabián Villalobos, politólogo de la Universidad Diego Portales, explica que las narrativas de ultraderecha suelen oponerse a movimientos cosmopolitas o globalizadores. Mercedes Baltazar, experta en comunicación, añade que "la correlación tiene que ver con la narrativa nacionalista; apropiarse de la playera es un paso más en la estrategia de presentarse como defensores de lo patriótico".
En España, el partido Vox no usa la camiseta de la selección, pero sí la bandera española, en contraposición a las banderas de regiones independentistas como Cataluña. Baltazar recuerda al expresidente brasileño Jair Bolsonaro, quien gobernó entre 2019 y 2022 y convirtió la camiseta verdeamarela en emblema de sus campañas. El símbolo también apareció en protestas contra el juicio a Bolsonaro por un intento de golpe de Estado.
"Envolverse en la bandera manda un mensaje muy fuerte; hacerlo con la playera nacional intenta hacerlo más aterrizado, pero separa a la nación de quienes no comparten sus posturas", señala Baltazar. El uso del fútbol en Latinoamérica no es casual. Durante un mitin, De la Espriella, su esposa y sus cuatro hijos vestían la camiseta amarilla de Colombia, en medio de la euforia por el Mundial 2026. Colombia jugará su primer partido el 17 de junio contra Uzbekistán.
David Quitian, antropólogo especializado en deporte, indica que De la Espriella busca unir "la pasión deportiva con la pasión política". El fútbol, el deporte más visto en Sudamérica, mueve grandes emociones y resulta atractivo para los políticos como forma de acercarse a votantes. Villalobos señala que "como generamos identidad política a través de partidos, generamos identidad a través de clubes deportivos; un candidato puede beneficiarse si el votante se reconoce en él".
Bolsonaro, el caso emblemático
Consciente de la importancia del fútbol en Brasil, el país más ganador de Copas del Mundo, Bolsonaro usó camisetas de hasta 74 equipos brasileños como parte de su estrategia de comunicación, pero siempre regresó a la canarinha. La camiseta amarilla debutó en 2014 durante protestas contra Dilma Rousseff, y en 2018 Bolsonaro la adoptó como símbolo. "Se trata de un símbolo muy querido; Bolsonaro aprovechó para obtener apoyo de personalidades como Neymar. La playera era usada como orgullo nacional incluso en protesta, por eso la decisión de apropiársela tiene un sentido de 'recuperar el país'", explica Baltazar.
Para algunos brasileños, la camiseta amarilla se convirtió en símbolo de Bolsonaro más que de la selección. Leonardo de Morais, analista de sistemas de 37 años en Río de Janeiro, afirmó: "Desde que la camiseta fue secuestrada por la extrema derecha, no tengo interés en usarla. Afectó incluso mi afición por el fútbol".
¿Un símbolo del que se puede reapropiar?
Los especialistas consultados consideran que la narrativa nacionalista de la camiseta tiene connotaciones distintas para la izquierda. Baltazar menciona el caso mexicano como un ejemplo de uso "más parejo", donde el concepto de nación forma parte del discurso del gobierno actual. También la camiseta argentina es un orgullo que supera tensiones políticas. Sin embargo, en contextos como el brasileño, colombiano o chileno, lo nacional evoca dictaduras militares o paramilitarismo, por lo que será complicado que la izquierda reapropie la camiseta.



