México está a punto de hacer historia como el único país que ha organizado tres Copas Mundiales de Futbol. Sin embargo, el torneo de 2026 llegará en un contexto económico muy distinto al de sus dos ediciones anteriores. En 1970, cuando el país vivía el llamado Milagro Mexicano, la economía creció 6.5%; en 1986, en plena crisis de deuda, se contrajo 3.9%. Esta vez, el Banco de México prevé una expansión de apenas 1.1%.
Expectativas moderadas para la economía mexicana
Por ello, a pesar de que la selección mexicana llegue al ansiado quinto partido, la economía mexicana necesita más que un mundial de futbol para superar el estancamiento en que se encuentra. La justa deportiva dará un respiro al consumo y al empleo, pero de forma temporal, acotada e insuficiente para cambiar la tendencia que hay en el país. A decir de especialistas, el legado económico del Mundial de Futbol 2026 podría impactar, en el mejor de los casos, en sectores muy específicos, como el turismo y la hotelería.
Derrama económica: ¿salvavidas o espejismo?
La expectativa de una derrama económica multimillonaria ha alimentado la idea de que el Mundial podría convertirse en un salvavidas para la economía. Pero las estimaciones de analistas y bancos apuntan a una realidad más modesta. El torneo sí impulsará el turismo, los servicios y el consumo durante algunas semanas, pero difícilmente modificará la trayectoria de crecimiento del país, que enfrenta problemas más profundos de inversión, productividad e infraestructura.
Paulina Anciola, subdirectora de estudios económicos de Banamex, estima que la organización de la Copa del Mundo aportará alrededor de 0.1 puntos porcentuales al crecimiento económico de México en 2026, cifra ya incorporada en el pronóstico de crecimiento de 1.3% de la institución. El efecto estará concentrado principalmente en hospedaje, alimentación, bebidas y transporte, sectores directamente vinculados con la llegada de visitantes y la celebración de los partidos.
“Va a ser un evento de una sola vez. Una vez que termine, se va a disipar bastante el impacto”, señaló Anciola.
GBM tiene una visión ligeramente más optimista. Miriam Acuña, economista en jefe de la institución, calcula que el Mundial podría añadir hasta 20 puntos base al crecimiento económico durante el segundo trimestre del año. “Vemos un impacto positivo en la parte de servicios, consumo, hoteles, turismo, etcétera”, dijo la especialista, quien estima una derrama superior a los 4,000 millones de dólares derivada del gasto de aficionados en hospedaje, restaurantes, transporte y entretenimiento.
Las cifras son consistentes con otras estimaciones del mercado. The Competitive Intelligence Unit (The CIU) calcula una derrama económica directa cercana a 2,570 millones de dólares para las tres sedes mexicanas (Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey), equivalente a 0.13% del PIB nacional, además de la generación de aproximadamente 105,000 empleos temporales.
“Para que veamos un crecimiento y un cambio de tendencia sostenido en el consumo privado, me parece que necesitamos algo más que un Mundial”, sostuvo Alejandro Saldaña, economista en jefe de Banco Ve por Más, el cual estima un efecto sobre la economía mexicana también limitado, de entre 0.1 y 0.2 puntos del PIB.
El riesgo de una fiesta más cara
Aunque los analistas opinan que el Mundial traerá más actividad económica, movilidad y un incremento en los empleos temporales, también podría traer un efecto menos favorable para los consumidores locales a través de mayores precios. Banamex prevé presiones temporales en servicios relacionados con hospedaje, alimentación y turismo durante junio y julio, justo cuando se dispute el torneo.
“Estamos estimando un incremento en la inflación relacionado con servicios de alimentación, bebidas y turismo”, explicó Anciola. El fenómeno llega en un momento en que el consumidor mexicano ya muestra señales de cautela, de acuerdo con Bain & Company: 32% de los hogares afirma que únicamente cuenta con recursos para cubrir gastos esenciales y una proporción similar prevé reducir desembolsos en comida fuera del hogar, entregas a domicilio y bebidas alcohólicas.
La industria del futbol sí pesa sobre la economía
Dentro del sector de la cultura y el entretenimiento, el futbol es una industria económica relevante por sí misma. Un estudio reciente de Banamex estima que el ecosistema futbolístico genera cerca de 52,640 millones de pesos al año, equivalentes a 0.16% del Producto Interno Bruto (PIB). Si se consideran los efectos indirectos sobre proveedores y el gasto de los trabajadores vinculados a la actividad, su impacto total podría alcanzar hasta 0.45% del PIB.
“Detrás de cada partido, cada camiseta y cada cuota de cancha hay una transacción que forma parte del PIB”, señala el reporte. Datos del Inegi arrojan que el sector de la cultura y el entretenimiento aporta cerca del 2.8% del PIB total de la economía mexicana, generando un valor de 865,682 millones de pesos. La mayor parte del negocio se genera en los medios de comunicación, que concentran 33.3% del valor agregado de la industria, mientras que los servicios de esparcimiento aportan otro 50% y el futbol profesional representa apenas 17.3% del total.
La televisión abierta y de paga, las apuestas deportivas, el comercio minorista y el futbol amateur explican buena parte de una actividad económica que, según Banamex, ya supera en tamaño a varias industrias culturales y de entretenimiento formalmente identificadas en las cuentas nacionales. El banco calcula que los hogares mexicanos gastan más de 20,000 millones de pesos al año en bienes y servicios relacionados con el futbol. Más de la mitad corresponde al consumo de contenidos en radio y televisión; le siguen el futbol profesional, las apuestas y la compra de equipamiento deportivo.
Sin embargo, ni siquiera una industria de ese tamaño parece capaz de sacar a la economía mexicana de su actual etapa de bajo crecimiento.
¿Y si México llega al sexto partido?
La posibilidad de que la Selección Mexicana rompa su histórica barrera de los octavos de final también despierta expectativas económicas. Acuña, desde GBM, considera que una actuación destacada podría convertirse en un viento a favor para el consumo. Más reuniones familiares, más visitas a restaurantes y bares, mayor audiencia en plataformas de streaming y un mejor ánimo entre los consumidores podrían traducirse en mayores ventas para distintos negocios.
“No debemos subestimar el componente emocional (...) la confianza del consumidor suele responder positivamente a eventos deportivos exitosos”, afirmó Miriam Acuña.
Sin embargo, tanto ella como Anciola coinciden en que el efecto sería demasiado pequeño para alterar de forma significativa el crecimiento económico agregado. “Tal vez podría haber un ligerito impulso adicional en consumo, en alimentos y bebidas, pero no haría una diferencia significativa sobre el estimado de crecimiento que ya tenemos”, afirmó la especialista de Banamex.
La experiencia reciente muestra que los eventos deportivos sí pueden mover ciertas categorías de gasto. Datos del sector de entrega a domicilio indican que durante partidos de alta audiencia los pedidos de cerveza pueden dispararse hasta 160%, mientras que restaurantes y comercios especializados suelen registrar incrementos importantes en ventas.
Aunque el Mundial concentrará reflectores, las preocupaciones de los economistas siguen estando lejos de los estadios. Paulina Anciola insistió en que el principal desafío para México es la debilidad de la inversión que, tras 18 meses consecutivos en terreno negativo, provocó que la economía dependa demasiado del consumo. A la vez que la baja inversión productiva y el nulo avance en productividad comprometen el avance más robusto del PIB.
“El problema es que México ha estado creciendo por consumo y no por inversión ni por productividad”, advirtió.



