Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió Colombia el 10 de agosto, con epicentro en San José del Palmar, Chocó. El sismo dejó cerca de dos centenares de muertos y cientos de desaparecidos, según reportes de la época. El movimiento fue tan intenso que, en videos captados por sobrevivientes, se aprecia que impedía incluso caminar, comparable a estar de pie sobre una sábana sacudida.
El sismo ocurrió cuando Abelardo de la Espriella acababa de asumir la presidencia, un mandatario de derecha que había rendido protesta apenas días antes. Sus primeros actos fueron ordenar atención inmediata, lo mínimo ante una catástrofe, y desatender los ofrecimientos de rescate llegados del extranjero. Quedaron fuera países con experiencia sísmica probada, y con ello la posibilidad de sumar manos cuando cada hora define quién sale con vida.
La ideología venció a la ciencia y a la solidaridad
De la Espriella no había enfrentado un terremoto así. Su biografía explica buena parte de su reacción: le cuesta creer en la solidaridad humana y aceptar que existen países, México entre ellos, con resiliencia catastrófica, con protocolos para rescatar y herramientas para sobrevivir a un sismo. La ideología venció a la ciencia y a la solidaridad.
El nuevo presidente colombiano actuó como si aceptar ayuda lo debilitara. Mientras tanto, Cali, Pereira, Manizales, Armenia y Quibdó vivían una realidad brutal. Buenaventura, el principal puerto colombiano, quedó en ruinas. Los bomberos no se daban abasto y arriesgaban la vida; en algunos videos se observa cómo la perdían al intentar sacar con grúas a personas atrapadas en edificios a punto de caer.
Rechazo a equipos internacionales de rescate
Nayib Bukele, presidente salvadoreño a quien De la Espriella admira, confirmó que Colombia rechazó al personal internacional de rescate y pidió apoyo solo en forma de donativos, apoyo económico e insumos. Con la oportunidad de multiplicar las manos rescatistas en el momento en que todo depende de las horas, el gobierno pidió materiales y cerró la puerta a los equipos.
Este 12 de agosto se reporta que supuestamente De la Espriella rectificó y dio luz verde a la ayuda internacional, incluyendo a España y otros países; la cancillería instaló un puesto de mando de cooperación. México enviará apoyo anunciado por la Presidenta Claudia Sheinbaum, y los topos, equipo especializado en rescate que tantas vidas ha salvado en el largo historial catastrófico de México, se preparan para viajar con sus perros especializados en sismos.
Horas decisivas perdidas
Pero no hay espacio para olvidar. Rechazó apoyo, rechazó experiencia y rechazó, por horas decisivas, la esperanza de que su propio pueblo sobreviviera. Si la expresión negligencia criminal parecía gastada, hoy vuelve a tener sentido. El mundo entero es testigo.
La rectificación del presidente abre la puerta a la cooperación internacional, pero las horas perdidas pudieron haber costado vidas. Mientras los equipos de rescate, incluidos los mexicanos, se despliegan, la prioridad sigue siendo localizar a los desaparecidos y atender a los heridos en las zonas más afectadas como Buenaventura y las ciudades del eje cafetero.



