Al este de la ciudad de Gaza, en el barrio de Shujaiya, unos 500 habitantes dan por terminado el día al atardecer y despiertan por la mañana con el ruido de los disparos de las tropas israelíes. Viven a escasos metros del área militarizada de Israel, en una suerte de zona de amortiguación bajo su control conocida como 'línea naranja'.
Una vida marcada por el fuego constante
Ibrahim Hamid, de 39 años y vecino del barrio, explicó a EFE: "Nos despertamos todos los días con el sonido de los bombardeos y de los disparos". Su hogar ahora es un enjambre de tiendas de campaña o alojamientos improvisados entre los escombros. A unos 300 metros se vislumbra un tanque con una bandera israelí.
Shujaiya, uno de los barrios más antiguos y grandes de la Franja de Gaza, albergaba antes de la ofensiva israelí a unas 200.000 personas (en un territorio de 2,1 millones de habitantes). Hoy, ante el avance israelí, apenas 500 vecinos malviven a la sombra de las tropas en su sector oriental.
La 'línea naranja': una zona de amortiguación mortal
Estos habitantes han sido absorbidos por la línea naranja, el perímetro establecido por el Ejército israelí en el que los organismos humanitarios también deben coordinar sus movimientos con Israel, pese a que el área queda exenta de su control según el acuerdo de tregua. En la práctica, funciona como una zona de amortiguación que suma unos 500 metros de profundidad (en Shujaiya) al área militarizada israelí, limitada por la marca a partir de la cual continúan las tropas: la línea amarilla.
Otro vecino, Abu Shair, de 55 años, relató: "Todos los días sufrimos con la caída de fragmentos de proyectiles. Hay fuego diario. Las tiendas de campaña son alcanzadas constantemente, están destrozadas y ya estaban muy deterioradas desde antes. Por eso ya no sabemos si la zona se ha vuelto verde, amarilla, roja o qué está pasando. No sentimos que la guerra haya terminado".
Condiciones de vida insostenibles
Lo que queda en pie de los edificios está salpicado por marcas de metralla y las calles, ahora caminos de polvo, están repletas de basura. De día, los vecinos se desplazan hasta la carretera de Salah al Din, el punto más alejado de las tropas dentro de la línea naranja. Allí, unos niños charlan a la sombra de un edificio derruido y un grupo de hombres juega a las cartas con una baraja casi ilegible por el uso. De noche vuelven a acercarse a la zona militarizada, algunos a escasos metros, para dormir.
Tanto Hamid como Abu Sheir han intentado abandonar el perímetro naranja y dirigirse hacia el oeste, al área fuera del control israelí donde se hacinan la mayoría de la población. Ambos han tenido la misma experiencia: no hay lugares con capacidad de acogerlos, ni siquiera la calle.
Milicias y peligro constante
Hamid señaló: "La vida es muy difícil aquí, entre los bombardeos, los disparos de las milicias, los helicópteros...". Las milicias a las que alude son grupos palestinos que Israel arma en Gaza para hacer frente a Hamás, y que se mueven con la connivencia israelí en su área militarizada. En las últimas semanas, estas milicias también han invadido sectores de la línea naranja en Deir al Balah (centro) o Jan Yunis (sur), llamando a la población a desplazarse ante el inminente avance de las tropas.
Fuentes del COGAT, el brazo militar israelí que gestiona los territorios ocupados, aseguraron a EFE que las fronteras de la línea naranja no son fijas, sino variables y ajustadas a las necesidades del Ejército. Desde que comenzó la tregua en octubre pasado, el Ejército israelí ha abatido a tiros a cientos de personas acusándolas de cruzar o aproximarse a la línea amarilla. Muchas de ellas dentro del perímetro naranja, lo que hoy lleva a los vecinos a evitar aglomerarse en la calle ante la posibilidad de ser atacados.
Sin acceso a agua ni servicios básicos
En el sector oriental de Shujaiya, los vecinos han tenido que manipular una cañería de la empresa israelí de aguas, Mekorot, y crear un sistema de mangueras para tener acceso a agua potable, ya que ir a buscarla a estaciones de carga les pone a tiro de las tropas. En abril, el Ejército abatió a tiros a dos palestinos que trabajaban para UNICEF cuando trataban de recargar un camión de agua en la estación de Al Mansoura (ciudad de Gaza), localizada en la línea naranja.
Nevin Al Hattab, de 46 años, otra vecina, indicó que las ambulancias, que deben coordinarse con las fuerzas armadas israelíes, no pueden acceder a la zona. Explicó cómo una vez que vuelve a adentrarse en la línea naranja desde Salah Al Din al atardecer, la vida cerca de los soldados se detiene hasta el amanecer: "Nadie sale, no hay nada". Y sentenció: "Es realmente asfixiante".



