Las fuerzas estadounidenses repelieron múltiples ataques iraníes en la región del Golfo, interceptando misiles dirigidos a Baréin y drones que apuntaban a embarcaciones civiles, según informó este martes el Mando Central de Estados Unidos (Centcom).
El Centcom también desmintió las declaraciones de los Guardianes de la Revolución de Irán, quienes afirmaron haber atacado el cuartel general de la Quinta Flota de la Marina estadounidense en Baréin y una base aérea adicional en la zona.
“Irán lanzó varios misiles balísticos contra países de la región, pero todos fallaron en sus objetivos”, indicó un comunicado del mando militar estadounidense en X. Ningún militar estadounidense resultó herido, añadió.
“Dos misiles iraníes disparados hacia Kuwait cayeron antes de alcanzar el territorio o se desintegraron en pleno vuelo, y tres misiles lanzados contra Baréin fueron inmediatamente interceptados por las defensas aéreas estadounidenses y bareiníes”, precisó la fuente.
Previamente, el ejército estadounidense había “derribado tres drones” que fueron “lanzados por Irán contra embarcaciones civiles que navegaban legítimamente en aguas regionales”, según el mismo comunicado.
En respuesta, el Centcom afirmó que llevó a cabo “ataques en legítima defensa” contra objetivos terrestres en la isla iraní de Qeshm, ubicada en el estrecho de Ormuz.
Kuwait, por su parte, informó que interceptó “ataques hostiles con drones y misiles”. Posteriormente, el mando militar estadounidense señaló que “una oleada adicional de drones iraníes que intentaban atacar a las fuerzas estadounidenses en Kuwait no logró impactar en los objetivos previstos”, y varios drones fueron derribados.
Consecuencias económicas y políticas para Estados Unidos
La decisión de Washington de involucrarse militarmente contra Irán ha tenido un costo económico significativo para Estados Unidos, al profundizar la inestabilidad en una de las regiones más estratégicas para el suministro energético mundial. Los enfrentamientos en torno al estrecho de Ormuz, por donde circula una parte sustancial del comercio global de petróleo, han contribuido a la volatilidad de los mercados energéticos y a un incremento de los costos asociados a la seguridad marítima y militar.
La Agencia Internacional de la Energía advirtió que los daños ocasionados por la guerra en la infraestructura petrolera del Golfo requerirán inversiones de “decenas de miles de millones de dólares”, mientras la reducción de la oferta energética ha mantenido la presión sobre los precios internacionales del crudo.
Cuestionamientos políticos y jurídicos
En el terreno político, la participación directa de Estados Unidos en una guerra que numerosos analistas consideran alineada con los intereses estratégicos de Israel ha generado cuestionamientos tanto dentro como fuera del país. Diversos expertos en derecho internacional y exfuncionarios han sostenido que los ataques estadounidenses contra territorio iraní carecen de una justificación sólida bajo la Carta de las Naciones Unidas, mientras que sectores del Congreso y aliados internacionales han expresado preocupación por la posibilidad de una escalada regional de consecuencias impredecibles.
La percepción de que Washington terminó involucrándose en un conflicto impulsado originalmente por la estrategia militar israelí ha alimentado críticas sobre la autonomía real de la política exterior estadounidense en Oriente Medio.
Erosión de la credibilidad internacional
La guerra también ha erosionado la credibilidad internacional de Estados Unidos como actor diplomático y defensor del orden basado en normas. Mientras Washington afirma buscar negociaciones sobre el programa nuclear iraní, los ataques militares y la continuidad de las operaciones bélicas han debilitado su capacidad para presentarse como mediador neutral.
Las recientes tensiones diplomáticas, el intercambio de ataques entre ambos países y las crecientes críticas internacionales han reforzado la imagen de una potencia dispuesta a recurrir a la fuerza para respaldar a Israel, incluso a costa de aumentar la inestabilidad regional. Para numerosos observadores, esta contradicción entre discurso y acción ha reducido la confianza en la capacidad estadounidense para liderar iniciativas de paz en Oriente Medio.



