Desigualdad en CDMX: 7 millones en pobreza extrema y brechas que dividen la capital
Desigualdad en CDMX: 7 millones en pobreza extrema

La realidad dividida de la capital mexicana

Cerca de siete millones de personas en México viven en pobreza extrema, una cifra que refleja las profundas desigualdades que atraviesan el país y que se manifiestan de manera particular en la Ciudad de México. En la capital, la igualdad no es una condición dada, sino una aspiración que lucha por abrirse paso entre múltiples y profundas brechas sociales.

Una ciudad fragmentada en realidades opuestas

Hablar de igualdad en una de las urbes más grandes del mundo implica reconocer, desde el principio, que convivimos en una ciudad partida en múltiples realidades. Mientras algunas zonas concentran altos niveles de ingreso, acceso a servicios y calidad de vida, otras enfrentan carencias estructurales que limitan el ejercicio pleno de derechos fundamentales.

Los datos son contundentes y reveladores:

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  • A nivel nacional, el 10% más rico concentra más del 30% del ingreso
  • El 10% más pobre apenas accede alrededor del 2% de los recursos económicos
  • En la capital, aunque existen mejores indicadores promedio que en otras entidades, la desigualdad persiste de manera dramática

Las brechas territoriales y laborales

Las diferencias entre alcaldías son abismales. Zonas como Benito Juárez o Miguel Hidalgo presentan niveles de ingreso y acceso a servicios muy superiores a los de Iztapalapa, Milpa Alta o Tláhuac. Esta brecha no es solo económica, sino profundamente social y estructural.

Las desigualdades también se expresan de manera contundente en el acceso al trabajo digno. En la CDMX, más del 50% de la población ocupada se encuentra en condiciones de informalidad, lo que implica:

  1. Ausencia de seguridad social
  2. Ingresos inestables e insuficientes
  3. Vulnerabilidad constante ante contingencias

En este contexto, hablar de igualdad formal ante la ley resulta completamente insuficiente. Surgen entonces preguntas fundamentales: ¿qué significa ser "igual" cuando millones de personas no tienen garantizadas las condiciones mínimas para ejercer sus derechos? Y más allá: ¿qué cosa es realmente la igualdad en nuestras sociedades contemporáneas?

Reconceptualizando la igualdad

La igualdad no debe entenderse como una simple uniformidad o distribución idéntica de recursos, sino como una condición moral y política que reconoce a todas las personas como sujetos con igual dignidad. Esto implica garantizar a cada individuo las capacidades reales para desarrollar su vida, participar activamente en la sociedad y ejercer sus derechos en condiciones efectivas, no solo formales.

La desigualdad como injusticia estructural

Por el contrario, la desigualdad no es únicamente una diferencia en ingresos o bienes materiales, sino una situación en la que ciertas personas o grupos ven restringidas sus oportunidades, su autonomía y su reconocimiento social. La desigualdad se vuelve injusta cuando impide el desarrollo de las capacidades humanas y vulnera la dignidad de la persona, generando exclusión, subordinación o invisibilización sistemática.

Una sociedad desigual no solo distribuye de manera inequitativa los recursos y oportunidades, sino que también reproduce relaciones de poder que obstaculizan la participación plena de todas las personas en la vida social.

El espacio público como reflejo de las desigualdades

El espacio público, símbolo por excelencia de lo común, también refleja esas desigualdades de manera palpable. Mientras algunos sectores lo conciben como un lugar de tránsito ordenado, para otros representa la posibilidad concreta de sobrevivir. El comercio en la vía pública es una expresión emblemática de esta realidad dual: para unos es desorden; para otros, es sustento y sobrevivencia diaria.

Aquí, la igualdad exige reconocer que no todas las personas parten del mismo punto de partida, y que el acceso al espacio urbano debe pensarse desde la justicia social y la equidad real.

Interseccionalidad de las desigualdades

Las desigualdades se entrecruzan y multiplican sus efectos:

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  • Las mujeres, que representan una parte significativa del comercio en la vía pública, enfrentan enormes brechas salariales y cargas de cuidado no remuneradas
  • Las personas jóvenes tienen mayores tasas de desempleo que el resto de la población
  • Las poblaciones históricamente discriminadas, incluyendo comunidades indígenas y diversidad sexual, encuentran mayores obstáculos para acceder a oportunidades de desarrollo

Por ello, la igualdad debe ser necesariamente interseccional, reconociendo cómo se superponen y potencian diferentes formas de discriminación y exclusión.

Iniciativas legislativas para reducir las brechas

En esta lucha contra las desigualdades estructurales que persisten en la CDMX, destacan diversas iniciativas en el Poder Legislativo local que buscan reducirlas, al tiempo que ofrecen garantías, derechos y obligaciones para los grupos mayormente precarizados.

Entre estas medidas destaca especialmente el reconocimiento legal del comercio popular, una iniciativa que pronto se hará efectiva y que colocará a la ciudad entre las grandes metrópolis que hacen efectivos los derechos sociales para todos sus habitantes, sin exclusiones ni discriminaciones.

Este avance legislativo representa un paso importante hacia la construcción de una ciudad más justa e igualitaria, donde las políticas públicas reconozcan y atiendan las necesidades específicas de los sectores más vulnerables, transformando las condiciones estructurales que perpetúan la desigualdad en la capital mexicana.