La Justicia Social Más Allá de los Marcos Normativos: Una Mirada desde los Desplazados
Hoy, 20 de febrero, se conmemora el Día Mundial de la Justicia Social, una fecha que genera numerosos llamados a promover la equidad, el empleo digno y la erradicación de la pobreza y la discriminación. Sin embargo, detrás de estos objetivos necesarios, surge una pregunta profunda y a menudo ignorada: ¿qué entendemos realmente por justicia cuando las condiciones mínimas de la vida han sido erosionadas? Esta interrogante fue el centro de una conversación reciente con Suzanne Shanahan, directora de investigaciones en el Institute for Social Concerns de Notre Dame, quien ha dedicado su trabajo a estudiar a personas desplazadas en África Oriental, Medio Oriente y el Sudeste Asiático.
La Construcción Activa de la Justicia en Condiciones de Desposesión
Shanahan enfatiza que los refugiados y desplazados, quienes han perdido su hogar, territorio y el entramado social que daba sentido a su mundo, no incorporan la justicia como una noción abstracta impuesta desde el exterior. En lugar de ello, la elaboran activamente, trazando fronteras morales en torno a lo que consideran correcto, justo y equitativo, incluso en situaciones de extrema precariedad. Esta elaboración no ocurre en el ámbito teórico, sino en escenarios límite, como campos de refugiados donde el acceso al agua es irregular o una manta puede marcar la diferencia entre la supervivencia y el agotamiento.
En estos contextos, las categorías de justicia que circulan en el lenguaje de los derechos humanos o en los marcos normativos internacionales no se aplican de manera automática. Son puestas a prueba, reformuladas y, en ocasiones, rechazadas. La pregunta por lo justo se vuelve concreta y urgente: ¿quién debe recibir primero los recursos escasos? ¿Qué tipo de solidaridad es exigible cuando el daño es generalizado? ¿Cómo evaluar moralmente una decisión cuando todas las opciones implican pérdida?
Agencia Moral y Espejo Incómodo para la Sociedad Estable
Lejos de ser una respuesta instintiva o puramente reactiva, esta reconstrucción de lo justo constituye una forma de agencia moral en condiciones de desposesión. No es un residuo ético, sino una práctica activa que desafía las definiciones universalistas de justicia, las cuales tienden a ignorar o domesticar los criterios morales que emergen desde la experiencia misma del desarraigo. Shanahan señala que su investigación, que también incluye trabajo con narrativas restaurativas de sobrevivientes de trata sexual infantil en Estados Unidos, apunta a que la justicia no se reduce a la redistribución de recursos o al diseño institucional, por necesarios que sean.
Implica, además, reconocer que incluso en condiciones extremas, las personas continúan siendo agentes morales, capaces de redefinir nociones como dignidad, responsabilidad y solidaridad cuando los marcos tradicionales han colapsado. Esto funciona como un espejo incómodo para quienes pensamos la justicia desde contextos de relativa estabilidad, revelando la disonancia entre los marcos diseñados desde los centros de poder y los construidos por quienes viven la injusticia de manera estructural.
Implicaciones para México y el Debate Contemporáneo
En México y otros contextos, seguimos discutiendo fronteras territoriales, legales y administrativas. Pero hay otra frontera, menos visible y quizá más decisiva: la que separa las nociones de justicia que imponemos desde arriba de aquellas que emergen desde la experiencia vivida del daño, la pérdida y la resistencia. Esta conversación con Shanahan deja claro que la justicia social no se juega únicamente en el terreno de las políticas públicas o en la coherencia de los discursos normativos.
Se juega también en nuestra disposición—o resistencia—a escuchar cómo los desplazados, los marginados y los desposeídos delimitan sus propios criterios de lo justo en situaciones que la mayoría apenas alcanza a imaginar. En ese desajuste entre la justicia pensada desde arriba y la que se reconstruye en condiciones de desposesión, se encuentra una de las tensiones más difíciles de asumir en el debate contemporáneo sobre justicia social.



