Críticas a la reforma electoral de AMLO: método solitario y diagnóstico cuestionado
En el momento de redactar este análisis, la iniciativa de reforma electoral prometida por la presidenta aún no había sido presentada formalmente. Sin embargo, las pistas ofrecidas durante una conferencia matutina de la semana pasada, mediante unas cuantas láminas, permiten anticipar claramente la dirección y el espíritu de la propuesta.
Un método de soledad y simulación
Lo primero que resalta de manera alarmante es el método y las formas empleadas. A diferencia de las reformas electorales exitosas del pasado, que se construyeron sobre amplios consensos, esta iniciativa ha optado por la soledad y la simulación. No ha existido una deliberación genuina con otros actores políticos relevantes, ni se han escuchado las voces que claman por mesura y diálogo constructivo.
Lo que hemos presenciado, desde el aislamiento de Palacio Nacional, es la imposición pura de la agenda del partido gobernante. La reforma no parece diseñada para atender agravios históricos, ampliar los canales de participación ciudadana o reconocer la pluralidad política del país. Por el contrario, todo indica que se reforma para perpetuar una visión única y excluyente de lo que debe ser México.
Un diagnóstico erróneo y peligroso
El segundo aspecto crítico es el diagnóstico que sustenta la propuesta. Según la narrativa oficial, el principal problema de nuestra democracia electoral sería su costo económico. Este enfoque ignora por completo las alertas emitidas por:
- La comunidad académica especializada
- Organismos internacionales de observación
- Analistas políticos independientes
Estos actores coinciden en señalar que el mayor riesgo para la sustentabilidad democrática de México es la creciente cercanía entre el crimen organizado y los procesos políticos. A esto deben sumarse otros problemas graves:
- La pérdida progresiva de equidad en las contiendas electorales
- El preocupante debilitamiento del arbitraje electoral imparcial
- La distorsión de la representación política ciudadana
Ninguno de estos desafíos fundamentales parece atenderse en la iniciativa anunciada. Peor aún, la propuesta podría agregar mayores distorsiones al ya frágil sistema de representación política.
El fantasma del autoritarismo: la "Ley Maduro"
Es sintomático que, incluso sin conocer los detalles técnicos de la iniciativa, algunos sectores ya la denominen coloquialmente como "la Ley Maduro". El método excluyente y el contenido anticipado autorizan plenamente esta comparación, permitiendo prever el carácter autoritario de la reforma.
Una modificación sustancial de las reglas del juego democrático merece el calificativo de progresiva únicamente cuando el colectivo de actores políticos participa activamente en la confección del nuevo arreglo institucional. Cuando la exclusión se convierte en motivación y objetivo central, lo que emerge inevitablemente es una reforma profundamente regresiva.
Refundación versus perfeccionamiento
Sin duda, México enfrenta una asignatura pendiente frente al deterioro gradual de su arreglo electoral. Sin embargo, si prospera la iniciativa anunciada, lo que obtendremos no será un trabajo de perfeccionamiento democrático, sino una refundación completa del entramado institucional que da vida a nuestras elecciones.
Resulta difícil comprender la obsesión de los gobiernos de la cuarta transformación por crear problemas donde no existían. Los procesos políticos no se interrumpen mediante cambios unilaterales de reglas, y la diversidad social inherente a México no puede contenerse por decreto presidencial.
Existen, ciertamente, reglas y acuerdos básicos que facilitan la convivencia democrática. La apuesta por amplificar la polarización política no logrará anular la pluralidad nacional, pero sí podría reencausarla por caminos peligrosos e impredecibles. Ojalá prevalezca el mensaje de la razón y no se insista en gobernar desde la soledad y la imposición.
