Reforma electoral de Sheinbaum genera división en coalición gubernamental
El Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT) han manifestado su firme negativa a apoyar las propuestas de reforma electoral presentadas por la presidenta Claudia Sheinbaum. Los socios de la coalición gubernamental reconocen que estas iniciativas, apenas esbozadas en una presentación de PowerPoint, representan una amenaza directa al pluralismo político en México.
Cuatro amenazas claras a la democracia
Las nueve láminas presentadas por Pablo Gómez durante la mañanera presidencial dejaron en evidencia cuatro objetivos preocupantes:
- Negación al pluralismo político
- Perseverancia en la concentración del poder
- Distorsión de la representación en el Congreso
- Desprofesionalización del trabajo electoral del INE y los OPLE's
Esta coyuntura queda completamente expuesta y abre un debate crucial sobre el futuro de las instituciones democráticas mexicanas. Lo que está en juego, siguiendo el llamado "Plan A" del expresidente Andrés Manuel López Obrador, son las condiciones legales y materiales para ratificar o cambiar libremente a los gobiernos en México de manera institucional.
La conquista democrática en riesgo
Esta posibilidad de cambiar pacíficamente a nuestros gobiernos constituye la conquista central de la transición democrática mexicana. No debemos perder de vista este punto fundamental ni por un momento cuando analizamos esta reforma electoral propuesta por el gobierno actual.
Los aspectos más nocivos de la propuesta presidencial
1. Debilitamiento de la estructura profesional del INE
La noción según la cual cualquier persona puede gestionar temporal e improvisadamente un proceso electoral representa un grave error conceptual. La experiencia histórica en México y a nivel internacional demuestra que, dada la complejidad y responsabilidad de administrar la competencia electoral, se requiere personal especializado y profesional.
Reducir en un 25 por ciento el presupuesto del INE equivale directamente a disminuir esta capacidad técnica y profesional, comprometiendo la calidad y transparencia de los procesos electorales futuros.
2. Reducción del tiempo oficial en medios
La propuesta de disminuir el tiempo oficial en radio y televisión para las campañas partidistas no representa una solución al problema de la "espotización" política, sino más bien una concesión cuestionable a la industria mediática. Una verdadera reforma democrática debería propiciar mensajes con mayor contenido sustancial, debates abiertos y campañas de mayor calidad informativa.
3. Eliminación del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP)
La desaparición del PREP no es otra cosa que restar certidumbre a las elecciones mexicanas. Este sistema proporciona publicidad, verificación y redundancia en la difusión de resultados electorales. El proceso comienza con el conteo de votos dirigido por ciudadanos en aproximadamente 160 mil casillas distribuidas por todo el territorio nacional.
Estas personas voluntarias colocan una manta con los resultados fuera de cada centro de votación, mientras que los representantes de partido reciben una copia firmada de las actas. Posteriormente, profesionales del INE o de organismos estatales envían rápidamente estas actas a cada distrito, donde son ingresadas -tanto su imagen como resultados- a un sistema accesible minuto a minuto durante la noche electoral.
¿Cuál es la razón para eliminar esta transparencia casi inmediata de las elecciones mexicanas? Esta pregunta queda sin respuesta convincente en la propuesta gubernamental.
4. Cambio en la representación proporcional
La explicación gubernamental sobre la modificación del sistema de representación proporcional resulta, cuando menos, confusa y contradictoria. El prejuicio según el cual los diputados de mayoría son superiores a los de representación proporcional no resiste ninguna contrastación empírica.
Imaginemos un distrito donde el diputado ganador obtiene el 45 por ciento de los votos, el segundo lugar alcanza el 35 por ciento y el tercero logra el 20 por ciento. Sin representación proporcional, el ganador se llevaría todo el cargo de elección directa, mientras que la mayoría (55 por ciento) que no votó por él no tendría reflejo alguno en el cuerpo colegiado.
Los diputados plurinominales recogen esos votos en una bolsa que les otorga tantos escaños como votación hayan obtenido, garantizando así su justa proporción en la Cámara de Diputados. Este sistema expresa un principio democrático por excelencia: a tal porcentaje de votos, tal porcentaje de representación.
La verdadera motivación detrás de la reforma
Surge una pregunta fundamental: ¿Por qué un gobierno y un partido político que han ocupado todos los espacios de poder -presidencia, mayoría en la Cámara baja, decenas de gubernaturas, poder judicial- se aventuran a una reforma que ni siquiera sus aliados apoyan?
La respuesta parece clara: porque no están seguros de ganar en condiciones de equidad. A pesar de todas sus ventajas legales e ilegales, el morenismo reconoce que puede perder elecciones, como de hecho ya ha ocurrido a pesar de sus ansias hegemónicas.
El ejemplo de Uruapan y el movimiento del sombrero en Michoacán -que derrotó cuatro a uno a Morena mientras la presidenta Sheinbaum recibía el 59 por ciento de votos- representa solo un síntoma. Casos similares en Poza Rica, Jalisco y Nuevo León confirman esta tendencia.
El régimen actual se lanza así a un pasaje altamente incierto porque busca todas las ventajas posibles: instituciones electorales capturadas, reducción del financiamiento a la oposición y mayorías aseguradas mediante fórmulas retorcidas. Con los elementos disponibles, este es el marco político en el que nos encontramos actualmente, donde se intenta sellar con plomo y piedra la concentración de poder de un régimen que muestra claras tendencias autoritarias.
