La reforma electoral: Una pregunta sin respuesta clara
La iniciativa de reforma electoral presentada por la presidenta mantiene viva una pregunta fundamental que ni ella ni su antecesor han respondido desde el pasado 5 de febrero de 2024. En aquella fecha, entre pulsiones y rencores, el ex presidente expuso y heredó a su sucesora un amplísimo catálogo de propuestas que amenazan con arruinar la Constitución y desmontar las pocas instituciones funcionales de nuestra escuálida democracia nacional.
La transformación electoral y sus efectos
En cuanto a la transformación electoral, cuyo primer efecto será la destrucción del colonizado Instituto Nacional Electoral (INE), la pregunta es simple: ¿Para qué? La iniciativa no podrá contestarla adecuadamente. Respondería –si quisiera— la interrogante complementaria: ¿Para quién?, pero tampoco lo hará de manera explícita. La respuesta obvia es: para Morena.
Las propuestas originales de López Obrador incluían:
- Reducir el financiamiento a los partidos políticos
- Eliminar candidaturas plurinominales
- Reducir a 300 diputados en lugar de 500
- Disminuir a 64 escaños en el Senado en lugar de los 128 actuales
- Achicar al INE y las Organizaciones Públicas Locales Electorales (Oples) hasta niveles caricaturescos
El pretexto de la austeridad
El pretexto de la carestía de las elecciones, el alto costo de los partidos y la necesidad de ahorros en un marco de imaginaria austeridad republicana, ya no se lo traga nadie. Ni siquiera sus aliados, ahora insumisos y rebeldes, aunque resignados cuando la lumbre queme los aparejos y se vean forzados a rescatar el remanente de sus menguados privilegios.
La simple pregunta inicial era prudente antes y ahora también porque el documento presidencial presenta los rasgos familiares de su progenitor. Estos son visibles a pesar de los pudorosos y débiles cambios al encargo impuesto por su antecesor. Matizado, coloreado de rosa mexicano, pero fundamentalmente bajo la misma idea: eliminar la competencia, dominar al mermado Instituto Electoral y darle a Morena todas las ventajas del partido hegemónico con todos los instrumentos del gobierno a su servicio.
Comparación con reformas pasadas
Cuando esto se logre –porque se va a conseguir con el gusto o el mohín de los "aliados opositores"– recordaremos, a bordo de la máquina del tiempo, cómo actuaba el PRI antes de la otra Reforma. Aquella fue impulsada por José López Portillo y tenía como finalidad:
- Dispersar el poder
- Reconocer minorías con dominio de la mayoría oficial
- Legalizar ideologías (como el Partido Comunista o el sinarquista)
- Ampliar el espectro de la participación política
Aquella reforma fue democrática y condujo a la derrota definitiva del PRI y al actual estado de cosas. Esta no es democrática y nos conducirá al antiguo y caduco orden de las cosas antiguas. El Partido predominante, dominante y, a la larga, extenuante.
El camino hacia la hegemonía
Pero para llegar a ese límite faltan muchos años. Durante todos ellos, la conformidad ciudadana se extenderá mientras avancen los programas socioelectorales cuya cuantía hoy ya resulta de asombro: más de un billón de pesos invertidos anualmente en la verdadera Reforma Electoral. Esta consiste en el intercambio de programas sociales y repartición de dinero por votos agradecidos para garantizar pensiones económicamente insuficientes, pero emocionalmente convincentes.
No se trata de ahorrar, se trata de desviar fondos hacia las dádivas. Pero esencialmente las dos cosas son iguales: se controla todo para garantizar perpetuidad. O por lo menos longevidad. Morena apenas lleva dos sexenios en el poder (uno incompleto, este) y no va a conformarse con eso. Quiere llegar por lo menos a la mitad del siglo. De aquí a 2048. Si lo consigue o no ya es otra cosa, pero ese es el anhelo.
Las preocupaciones de los aliados
En esas condiciones, el reparo de los náufragos del presupuesto, el financiamiento y la participación legislativa y de otros cargos es absolutamente comprensible. Toda merma disminuye, como diría Perogrullo, y ellos no quieren achicarse en ningún sentido. Morena puede olvidarse de la alianza, dejar de asustarse con el petate del muerto (de quienes se pasan de vivos) y ganar las próximas elecciones en solitario. Su vida no depende de las alianzas; la de ellos (PT y Verde) sí.



