La reforma electoral de Sheinbaum: Un análisis crítico de la 'democracia simulada'
De acuerdo con la exposición de motivos de la reforma electoral enviada por la presidenta Claudia Sheinbaum a la Cámara de Diputados, la democracia en México era una simulación. El texto cita textualmente: “México tardó 40 años en llegar a la democracia, incluso se estableció una alternancia que fue en realidad una simulación democrática”. Esta declaración implica que las elecciones pasadas, incluyendo la de Andrés Manuel López Obrador como presidente y la propia Sheinbaum como jefa de Gobierno de la Ciudad de México, fueron simulaciones. Incluso se sugiere que el triunfo consecutivo del PRD en la capital de 1997 a 2012 también lo fue.
Preocupaciones sobre los fundamentos de la reforma
Una reforma electoral que parte de la premisa de que antes de su llegada al poder todo era una simulación, y que no reconoce la validez de los procesos anteriores, es alarmante. Uno de los signos vitales de la democracia es la alternancia en el poder, y esta postura genera dudas sobre su intención real. Además, esta iniciativa nace desde el poder ejecutivo, no desde las demandas de la oposición, lo que la hace sospechosa en sí misma, a diferencia de reformas pasadas que surgieron de consensos más amplios.
Propuestas positivas y cambios estructurales
Sin embargo, la reforma incluye propuestas muy positivas. La principal es la eliminación de los senadores plurinominales, lo que afectaría significativamente a partidos aliados como el Verde y el PT, reduciendo su representación de 14 y 6 senadores a 5 y 1, respectivamente. Más allá de los intereses partidistas, esta medida devuelve al Senado la lógica de representación del pacto federal, con el mismo número de representantes por cada estado, independientemente de su tamaño o riqueza. Aunque idealmente los senadores deberían actuar como representantes de sus estados y no de sus partidos, en la práctica esto sigue siendo un desafío.
Otra mejora es la elección de la mitad de los plurinominales por lista y la otra mitad basada en el porcentaje de votos, lo que reduce el poder de las cúpulas partidistas. No obstante, es probable que las dirigencias se reserven los distritos más favorables, limitando el impacto real de este cambio.
Fiscalización y realidades económicas
En materia de fiscalización, la reforma presenta más buenas intenciones que realidad. Prohibir el uso de efectivo en campañas en un país donde la mitad de la economía es informal, y sin sanciones drásticas, resulta ilusorio. Durante la llamada “democracia simulada”, se documentaron casos como los de Carlos Ímaz y René Bejarano recibiendo fajos de billetes sin consecuencias. Es probable que esta práctica continúe, especialmente en Morena, el partido en el poder, que podría atraer más ofertas de dinero sucio sin enfrentar repercusiones.
Contexto político y perspectivas futuras
Actualmente, la reforma a la “democracia simulada” no cuenta con los votos necesarios para su aprobación. Sin embargo, el gobierno confía en que siempre hay diputados y senadores con principios tan firmes que podrían cambiar su voto bajo presión, como por una orden de aprehensión. Esto subraya las tensiones políticas y la posible manipulación en el proceso legislativo.
En resumen, mientras que la reforma electoral de Sheinbaum introduce cambios estructurales beneficiosos, como la eliminación de senadores plurinominales, su fundamento en negar la validez de elecciones pasadas y la falta de mecanismos efectivos de fiscalización plantean serias dudas sobre su autenticidad democrática.
