El anuncio del fracking en México: un paso tardío con múltiples interrogantes
La decisión del gobierno de Claudia Sheinbaum de reactivar la técnica de fracturación hidráulica, conocida como fracking, ha generado reacciones encontradas en el sector energético mexicano. Si bien este anuncio representa un cambio de rumbo tras casi ocho años de prohibición durante la administración de Andrés Manuel López Obrador, expertos señalan que el camino hacia una implementación exitosa está plagado de obstáculos significativos.
Una oportunidad perdida durante años
Mientras Estados Unidos desarrollaba una industria robusta de fracking desde 2005, particularmente en la Cuenca Pérmica que comparte con México, nuestro país permaneció al margen debido a lo que muchos analistas califican como "terquedad, ceguera e ignorancia" del gobierno anterior. Esta demora ha tenido un costo económico considerable para México, que vio cómo su vecino del norte se convertía en exportador neto de hidrocarburos en 2019 gracias, en gran medida, a políticas implementadas durante la era de Barack Obama.
Del anuncio a la realidad: un abismo por cruzar
La historia reciente de México está llena de proyectos anunciados con bombo y platillo que nunca alcanzaron su potencial prometido. La llamada Cuarta Transformación acumula una lista considerable de iniciativas que enfrentaron dificultades de implementación:
- Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA)
- Tren Maya
- Refinería de Dos Bocas
- Corredor Interoceánico
- INSABI
- IMSS-Bienestar
Este patrón genera escepticismo sobre la capacidad del gobierno de Sheinbaum para materializar el fracking en un plazo razonable. En el mejor escenario, podría tomar hasta un tercio del sexenio simplemente para iniciar operaciones, lo que reduce significativamente el tiempo disponible para cosechar beneficios energéticos y económicos.
Los desafíos técnicos y regulatorios
La implementación exitosa del fracking en México enfrenta al menos tres barreras principales:
- Capacidad técnica de Pemex: Existen dudas fundadas sobre si la empresa petrolera estatal cuenta con la experiencia y tecnología necesarias para operaciones de fracturación hidráulica a gran escala.
- Inversión privada: El modelo de negocio del fracking, similar al "wildcatting" en aguas profundas, requiere condiciones atractivas para inversionistas nacionales y extranjeros, algo que cuestiona la actual seguridad jurídica y retórica presidencial.
- Infraestructura de almacenamiento: México carece casi por completo de capacidad para almacenar gas natural, dependiendo únicamente de lo que circula por gasoductos (entre 2 y 4 días de reserva), lo que nos mantiene vulnerables ante eventos climáticos, geopolíticos o de mercado.
La precariedad energética mexicana
Más allá del debate sobre el fracking, la vulnerabilidad energética de México tiene raíces profundas en nuestra infraestructura deficiente. La discusión sobre si existen cavernas de sal adecuadas para almacenamiento de gas (como en Estados Unidos) o no, ilustra las limitaciones geológicas y técnicas que enfrentamos. Sin fortalecer esta capacidad, seguiremos expuestos a factores externos como políticas de administraciones estadounidenses, conflictos internacionales o fenómenos climáticos extremos.
Conclusiones: entre la magia y la realidad
El anuncio del fracking representa un reconocimiento tardío de una realidad energética global, pero convertir las palabras en resultados concretos requerirá superar múltiples desafíos. México debe abandonar lo que algunos críticos llaman "devoción casi mágica por la palabra" - la creencia de que basta anunciar algo para que ocurra. Los países serios construyen su futuro energético sobre cimientos sólidos de planeación, inversión y ejecución técnica, no sobre proclamas mediáticas.
El verdadero éxito del fracking en México dependerá de factores que van más allá del anuncio gubernamental: capacidad técnica real, marcos regulatorios estables, inversión sostenible y una visión integral de seguridad energética que incluya almacenamiento y diversificación. Solo entonces podremos evaluar si este giro en política energética representa un avance genuino o simplemente otro capítulo en la historia de anuncios grandilocuentes con implementación limitada.



