Astrónomos revelan el misterio de los objetos espaciales con forma de muñeco de nieve
Misterio resuelto: objetos espaciales con forma de muñeco de nieve

El enigma cósmico de los muñecos de nieve espaciales finalmente resuelto

Durante décadas, los astrónomos han observado con fascinación y perplejidad cómo numerosos objetos helados en los confines del sistema solar presentan una forma peculiar que recuerda a los tradicionales muñecos de nieve. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Michigan (MSU) en Estados Unidos ha desentrañado este misterio mediante simulaciones computacionales avanzadas que revelan el sorprendentemente simple proceso responsable de su creación.

El Cinturón de Kuiper: un museo cósmico de formas bilobuladas

Más allá de la órbita de Neptuno, en la región conocida como Cinturón de Kuiper, se conservan los bloques de construcción primigenios del sistema solar. Entre estos planetesimales -objetos planetarios formados en los albores de nuestro sistema- aproximadamente uno de cada diez presenta una estructura peculiar: dos esferas conectadas que los científicos han comparado con muñecos de nieve. "La pregunta fundamental era cómo se formaban estas estructuras únicas", explica Seth Jacobson, profesor de Ciencias de la Tierra y Ambientales de la MSU y autor principal del estudio publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

Jackson Barnes, estudiante de posgrado de la misma institución, ha creado la primera simulación que reproduce naturalmente estas formas bilobuladas mediante colapso gravitacional. Los modelos anteriores trataban los objetos en colisión como masas fluidas que se fusionaban en esferas perfectas, lo que imposibilitaba la formación de estas estructuras características. Gracias al Instituto de Investigación Cibernética (ICER) de la MSU y su clúster de computación de alto rendimiento, las nuevas simulaciones producen un entorno más realista que permite que los objetos conserven su resistencia estructural y se apoyen mutuamente.

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New Horizons: la misión que cambió nuestra comprensión

El punto de inflexión en esta investigación llegó con las imágenes capturadas por la sonda New Horizons de la NASA en enero de 2019. Al sobrevolar Arrokoth (oficialmente designado como 2014 MU69), una binaria de contacto del Cinturón de Kuiper, la nave proporcionó las primeras fotografías detalladas de estos objetos. "Estas imágenes nos impulsaron a observar de nuevo otros objetos en el cinturón de Kuiper", señalan los investigadores, descubriendo que aproximadamente el 10% de todos los planetesimales presentaban esta forma característica.

Arrokoth, con sus aproximadamente 36 kilómetros de longitud, está compuesto por dos lóbulos de cerca de 21 y 15 kilómetros de diámetro respectivamente, unidos por una "costura" brillante. Los análisis de la NASA estiman una densidad baja cercana a 0.5 g/cm³, consistente con una estructura porosa formada hace unos 4,500 millones de años durante las primeras etapas del sistema solar.

El mecanismo del colapso gravitacional: simple pero elegante

En los inicios de la Vía Láctea, la galaxia era un disco de polvo y gas del cual se formaron los primeros objetos planetarios. Los planetesimales son agregados de objetos del tamaño de guijarros atraídos por la gravedad desde una nube de materiales diminutos. Ocasionalmente, al girar la nube, ésta se desploma sobre sí misma, desgarrando el objeto y formando dos planetesimales separados que orbitan entre sí.

En la simulación de Barnes, las órbitas de estos objetos se mueven en espiral hacia adentro hasta que ambos entran en contacto suavemente y se fusionan, manteniendo aún sus formas redondas originales. "Si consideramos que el 10% de los planetesimales son sistemas binarios de contacto, el proceso que los forma no puede ser excepcional", argumenta Jacobson. "El colapso gravitacional concuerda perfectamente con lo que hemos observado".

Un entorno cósmico preservado por milenios

La clave para entender cómo estos objetos mantienen su forma a lo largo de la historia del sistema solar radica en su ubicación. El Cinturón de Kuiper, que se extiende aproximadamente entre 30 y 50 unidades astronómicas del Sol (donde 1 UA equivale a 150 millones de kilómetros), es un espacio escasamente poblado donde los objetos flotan prácticamente sin perturbaciones.

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"Es simplemente improbable que colisionen con otro objeto", explica Barnes. "Sin una colisión, no hay nada que los separe". De hecho, la mayoría de estos sistemas binarios ni siquiera presentan cráteres de impacto significativos, a diferencia de los asteroides del cinturón principal entre Marte y Júpiter que muestran evidencias de numerosas colisiones de alta energía.

Confirmación de una hipótesis histórica

Los científicos habían sospechado durante mucho tiempo que el colapso gravitacional era responsable de la formación de estos objetos, pero carecían de las herramientas para comprobar completamente la idea. "El modelo de Barnes es el primero en incluir la física necesaria para reproducir las binarias de contacto", destacan los investigadores. "Podemos probar esta hipótesis por primera vez de forma legítima. Eso es lo emocionante de este trabajo".

Observaciones telescópicas indican que entre el 10% y 30% de los objetos transneptunianos podrían formar sistemas binarios, lo que respalda la hipótesis de que el colapso gravitacional de nubes de guijarros -un mecanismo conocido como inestabilidad de flujo- fue un proceso común en esa región primitiva del sistema solar.

El futuro de la investigación y descubrimientos por venir

Barnes espera que su modelo ayude a los científicos a comprender sistemas binarios más complejos de tres o más objetos. El equipo ya trabaja en la creación de nuevas simulaciones que modelen con mayor precisión el proceso de colapso. A medida que más misiones de la NASA exploren reinos inexplorados del sistema solar, los autores sospechan que podrían descubrirse primos más lejanos de estos "muñecos de nieve" cósmicos.

Estudios publicados en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society y otras revistas especializadas han señalado que la baja velocidad relativa de los fragmentos en el disco protoplanetario exterior favorecía uniones suaves, en contraste con las colisiones de alta energía que predominaban en la región interna del sistema solar. Esta diferencia dinámica ayuda a explicar por qué los objetos del Cinturón de Kuiper conservan sus formas bilobuladas como cápsulas del tiempo cósmicas, preservando secretos de la infancia de nuestro sistema planetario.