El Último Diario de Scott: La Trágica Expedición al Polo Sur y su Legado Eterno
La Trágica Expedición de Scott al Polo Sur y su Legado

La Noche Eterna en el Polo Sur: El Viaje Final de Scott

El Capitán Robert Falcon Scott contemplaba, maravillado y absorto, las auroras australes que iluminaban el cielo antártico. Los colores sesgados danzaban en la inmensidad, un espectáculo celestial que contrastaba con la desolación del desierto blanco. Recién comenzaba la noche de seis meses en el polo, una eternidad de oscuridad que los antiguos egipcios imaginaban como la diosa Nuit, recostada sobre la tierra con las estrellas en su cuerpo. En ese momento de belleza sublime, Scott sintió la sabiduría que llega cuando la muerte acecha.

El Sacrificio y la Despedida

La expedición había sido una lucha constante. Durante 66 agotadores días, Scott y sus hombres—Bowers y Wilson—caminaron hacia el polo sur, enfrentando un frío extremo, provisiones insuficientes y complicaciones inesperadas. El desierto blanco era como habitar otra dimensión, donde el tiempo parecía detenerse y los pensamientos se volvían pausados. Scott soñó con sus padres, una visita onírica que interpretó como un presagio. Mientras, sus compañeros Evans y Oates habían caído, el primero perdido y el segundo sacrificándose al marchar para no ser una carga.

En la pequeña tienda de lona, Scott luchaba por mantenerse despierto, consciente de que Wilson y Bowers no volverían a despertar. Reflexionó sobre la vida, una palabra que rebotaba en su mente como queriendo huir del viento implacable. Con la noción del tiempo perdida, se concentró en escribir una última carta a su esposa, Katheleen, a quien convertiría en viuda. En ella, expresó su amor eterno y la inevitabilidad de su destino, preguntándose si había hecho bien. Poco después, exhaló su último aliento, con los ojos abiertos hacia el infinito, devorado por la paz infinita de la noche.

El Legado de un Héroe

La historia de Scott no terminó con su muerte. Katheleen, decidida a no ser una "viuda profesional", honró su memoria erigiendo una estatua en Waterloo Place, Londres, con una inscripción que recuerda su valentía. Scott, un caballero de 44 años, había planeado alcanzar el polo sur sin ayuda de perros, a diferencia de su rival noruego Amundsen, "el último vikingo". Aunque llegó al punto de latitud 90 grados, encontró la bandera noruega ondeando, una derrota amarga. Los estudiosos creen que ya sospechaba su desenlace, con el invierno acercándose.

Sus cuerpos fueron hallados a solo 18 km del campamento de abastecimiento, un día de distancia en esas condiciones, tan cerca y tan lejos. Murieron por hambre, frío extremo y escorbuto el 29 de marzo de 1912, fecha de la última entrada en su diario. Conocidos como "El Grupo del Polo" o "Los Héroes de la Antártida", su historia de resistencia y coraje conmueve a generaciones. Como escribió Scott, si hubieran vivido, habrían contado una epopeya, pero sus notas rudimentarias y cuerpos muertos deben contar la historia. En palabras de J. L. Borges, "todo fracaso es una misteriosa victoria".