Seis meses de abandono: comunidades indígenas de Hidalgo olvidadas tras el huracán Priscila
La promesa de reconstrucción en la sierra hidalguense se desvanece entre omisiones, trámites inconclusos y una creciente indignación social, seis meses después del devastador paso del huracán Priscila. En la comunidad de Chapula, municipio de Tianguistengo, la realidad contradice rotundamente el discurso oficial del gobierno que encabeza Julio Menchaca Salazar.
Un río convertido en amenaza constante
El panorama es desolador desde el primer recorrido. El río de Chapula continúa saturado de sedimentos, elevado por encima de su cauce original, transformado en una amenaza latente que los habitantes observan con creciente inquietud ante la inminente llegada de nuevas temporadas de lluvia. No se trata de una preocupación menor: en esta zona, cualquier tormenta podría desencadenar otro desastre de proporciones similares.
Los pobladores no hablan desde la especulación, sino desde la experiencia reciente y dolorosa. Alberto Jiménez Montiel, residente de la comunidad, lo explica sin ambages: "Hemos insistido repetidamente en la necesidad urgente de maquinaria para desazolvar el río. Hemos tocado todas las puertas, presentado solicitudes formales. La respuesta ha sido un silencio absoluto". En ese vacío de comunicación, la percepción de abandono institucional se vuelve inevitable y profundamente arraigada.
Presencia inicial sin acciones sostenidas
La inconformidad crece porque, si bien hubo presencia oficial en los primeros días posteriores al huracán, esta no se tradujo en acciones sostenidas ni obras de fondo. Si bien se limpiaron calles y se restablecieron servicios básicos temporalmente, las intervenciones que realmente podrían reducir riesgos futuros brillan por su ausencia.
Maricruz Villegas Monroy expresa la preocupación colectiva: "El río ya no es el mismo de antes. Ahora representa un peligro constante para nuestras familias y nuestras propiedades". Los habitantes no piden dádivas ni reubicaciones forzadas, sino algo más elemental: seguridad para permanecer en su territorio ancestral.
Entre las carencias más evidentes se encuentran:
- Ausencia total de muros de contención
- Falta de intervención integral en el cauce del río
- Ningún plan de prevención ante futuras temporadas de lluvia
- Desatención a las solicitudes comunitarias de maquinaria especializada
Censos irregulares y tensión social
A esta crítica situación se suma otro factor que ha tensado el ambiente comunitario: las denuncias por irregularidades en los censos de damnificados. Habitantes aseguran que personas ajenas a la comunidad lograron registrarse como afectadas, desplazando injustamente a quienes realmente perdieron patrimonio y medios de subsistencia.
Nicolás Fernández, otro residente, describe el proceso como "plagado de inconsistencias y arbitrariedades", donde incluso se utilizaron espacios que no eran viviendas habituales para justificar la entrega de apoyos gubernamentales.
La reubicación como presión, no como solución
El tema de la reubicación tampoco ha sido bien recibido por la comunidad. Para muchas familias indígenas de Chapula, abandonar su territorio no es una opción viable. Allí tienen sus raíces, su trabajo, sus vínculos familiares y comunitarios. La insistencia institucional en moverlos, sin resolver primero las condiciones de riesgo en el lugar, ha sido interpretada más como presión que como alternativa genuina.
Un gobernador percibido como lejano
Mientras tanto, la figura del gobernador Julio Menchaca se percibe cada vez más distante. Los habitantes recuerdan su visita protocolaria tras el impacto inicial del huracán, pero coinciden en que no hubo continuidad en el compromiso. "Llegó, escuchó, prometió, y después... nada cambió", resume amargamente un habitante que prefirió mantener su nombre en reserva.
La crítica, en el fondo, no se limita a la falta de infraestructura física. Apunta a una gestión gubernamental que, según los propios afectados, no ha sabido sostener el diálogo ni cumplir compromisos básicos con las comunidades más vulnerables.
Pastor Hernández Hernández lo resume con dolorosa claridad: "Hemos pedido apoyo de manera organizada, hemos planteado soluciones técnicas viables, pero las respuestas institucionales no llegan. Y el riesgo, les advertimos, sigue creciendo con cada día que pasa sin acción concreta".
El tiempo corre en temporadas de lluvia
En Chapula, el tiempo se mide de manera distinta. No transcurre en meses calendario, sino en temporadas de lluvia que se acercan inexorablemente sin que existan medidas de prevención adecuadas. A medio año del desastre, la reconstrucción sigue detenida en el papel y la confianza en las instituciones, francamente, también.
Porque cuando la ayuda prometida no llega, lo que queda no es solo daño material reparable. Lo que perdura es la sensación amarga de haber sido dejados atrás, de ser invisibles para quienes tienen la responsabilidad de proteger a los más vulnerables ante los desastres naturales.



