La fragilidad del límite: violencia y discurso político en México
Fragilidad del límite: violencia y discurso político

El hastío que generan los discursos de la cortesía política es cada vez más evidente. En un entorno saturado de información y estrategias de comunicación vacías, la ciudadanía busca alternativas en programas radiofónicos, televisivos, redes sociales y medios impresos. La estructura repetitiva de la palabrería política, donde solo se actualizan nombres y situaciones, ha provocado un creciente desinterés.

La saturación informativa y el fanatismo

Hace algunos años existía un cierto vacío entre las palabras de la clase política, esa masa informe que incluye tanto al oficialismo como a la oposición, que en la historia reciente han demostrado ser diferentes rostros de un mismo problema. La saturación de información en redes sociales y la estrategia de comunicación del gobierno anterior, que inundó la discusión pública con palabrería, han agravado la situación. Hace ocho o diez años, era común que la gente calificara las palabras de los políticos como mentiras, despropósitos y promesas incumplidas; hoy esas conclusiones se han enconado aún más.

La falsa conciencia política

Algunos argumentan que la sociedad actual posee una conciencia política única en la historia. Sin embargo, el enconado fanatismo de los últimos años no se mantiene en el ámbito racional ni permite un diálogo democrático. Estamos inmersos en un proceso que ha generado animadversión e intolerancia como resultado del maniqueísmo, una herramienta clave de la llamada Cuarta Transformación, en la que también se han empantanado quienes enarbolan la bandera de la oposición. No hay ingenuidad en este mecanismo: han ganado quienes apostaron por el enfrentamiento, la conflagración retórica y la miseria discursiva, así como por la violencia que esto implica. Tampoco han faltado los edulcorantes que intentan cubrir el sol con declaraciones y estadísticas interpretadas con los lentes del populismo y el cinismo.

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Las próximas campañas electorales

Es oportuno tener presente esta amalgama pedestre que define nuestra percepción de las acciones de la clase política. En menos de lo esperado, se atizarán los fuegos de las campañas electorales, que ya han comenzado a lanzar fuegos artificiales antes de lo permitido, bajo la pálida sombra del INE, que vaga entre los pasillos del oficialismo. Ante ello, cabe preguntarse si la violencia será el punto más álgido del proceso o si reformulará las fronteras entre lo civilizado y la barbarie. Quizá sea más fácil que la sociedad termine engarzada en esta lúgubre espiral, que solo beneficia a quienes han consolidado la violencia como su herramienta política más preciada, en la que el crimen organizado juega un papel trascendental, acordonando los hilos del poder.

La advertencia de Robert Musil

Hace años, el escritor Robert Musil dictó su conferencia Sobre la estupidez, donde señaló: “(...) Esto, dicho de otro modo, significa permitir que una acción intencionada sea sustituida por una voluminosa, y nada hay más humano como reemplazar la índole de las palabras o acciones por su cantidad. Ahora bien, en el uso de las palabras vagas hay algo muy similar al uso de muchas palabras, pues cuanto más vaga es una palabra, tanto mayor es la amplitud de aquello a los que se puede referir, y lo mismo puede decirse de la falta de objetividad (...) Y, efectivamente, en el uso correcto del reproche de que algo sea una auténtica estupidez o una infamia no sólo se deja ver una interrupción de la inteligencia, sino también una ciega tendencia a la destrucción y la huida absurdas. Estas palabras no son tan sólo insultos, sino que sustituyen a todo un arrebato ofensivo. Cuando algo sólo se puede expresar mediante ellas, está próximo el acto de violencia…”. Ojalá siempre sea oportuno recordar estas palabras, escritas en Austria en 1937, que advierten sobre el peligro inminente de una violencia que se reinventa con la complicidad de la sociedad y los frágiles límites.

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