Terry Cole, director de la DEA, declaró ayer en Orlando durante la primera Cumbre por un Estados Unidos Libre de Fentanilo que existe una “conexión mortal” entre las redes de los cárteles y el gobierno mexicano, afirmando que “son uno mismo”. La declaración, sin matices, fue aplaudida por el auditorio de coaliciones comunitarias antidrogas.
Respuesta del gobierno mexicano
El Gabinete de Seguridad en pleno –SSPC, Defensa, Marina, FGR, Guardia Nacional– emitió un comunicado conjunto calificando las afirmaciones de “carentes de sustento”, destacando que la Operación Enjambre suma más de 80 servidores públicos detenidos, incluidos siete alcaldes en funciones. La presidenta Claudia Sheinbaum reiteró en la mañanera que Estados Unidos no ha entregado una sola prueba de sus acusaciones contra Rubén Rocha Moya y otros nueve funcionarios sinaloenses.
Patrón de acusaciones
La columnista señala que este episodio sigue un patrón: primero los cargos de la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York contra Rocha Moya; luego la carta de los fiscales al juez Cogan en el caso de El Mayo Zambada, con un catálogo de sobornos “a todos los niveles del gobierno mexicano”; después Trump en el G7 hablando de territorios controlados por los cárteles; ahora Cole en Orlando. “No es una escalada. Es una rutina”, afirma.
La trampa de la reacción
Washington ha convertido la relación bilateral en un cuadrilátero donde México pelea todos los días, pero nunca elige ni el ring ni el horario ni las reglas. “El gobierno estadunidense golpea por la mañana; el mexicano responde por la tarde. Al día siguiente, lo mismo. Le dan duro y tupido, y la respuesta –siempre reactiva, siempre defensiva– termina por confirmar el guion del adversario”, escribe Sierra.
Propuesta de cambio de estrategia
La autora propone tres acciones: Primero, dejar de responder a declaraciones y responder a la estructura: documentar formalmente la falta de pruebas mediante notas diplomáticas públicas y un mecanismo bilateral con calendario y verificación. Segundo, tomar la iniciativa judicial antes que Nueva York: que las órdenes de aprehensión salgan de la FGR antes que de la Fiscalía del Distrito Sur. Tercero, invertir la carga del reclamo: usar el expediente de México contra EU –armas, precursores químicos, lavado de dinero, demanda de drogas– como agenda activa en Washington y la OEA.
“La soberanía no se defiende únicamente resistiendo golpes: se defiende obligando al otro a pelear también en tu terreno”, concluye.



