La oposición en Nuevo León y Sonora enfrenta un rompecabezas electoral: Adrián de la Garza, Antonio Astiazarán y Luis Donaldo Colosio Riojas tienen nombre, estructura, ambición y razones para no hacerse a un lado, pero sólo dos gubernaturas disponibles en 2027. Sin embargo, Sonora guarda una peculiaridad que puede destrabarlo todo: quien gane gobernará únicamente hasta 2030, lo que abre una tercera silla en el tablero.
El problema: tres candidatos, dos gubernaturas y la sombra de Morena
La música ya empezó a sonar. Dante Delgado mueve una silla de un estado a otro y Morena observa el juego con esa serenidad que produce ver a los adversarios encargarse de su trabajo. En elecciones de mayoría relativa, tres no siempre significan pluralidad; a veces sólo significan multitud.
Ciro Gómez Leyva planteó una fórmula concreta: Adrián, priista, puede ser postulado también por el PAN como candidato común, cada partido con sus siglas y sus votos, sin necesidad de fingir que la ruptura nacional entre ambos nunca ocurrió. Federico Arreola advirtió la paradoja: esa suma lastimaría primero a Movimiento Ciudadano y sólo después a Morena; en Sonora, la eventual aparición de Colosio podría fragmentar la oposición y facilitar la continuidad morenista. Salvador García Soto llevó la historia al terreno del trascendido y dio por decidida la candidatura sonorense del senador. Las tres piezas describen el problema.
La salida comienza por dejar de mirar Sonora y Nuevo León como elecciones independientes, pues Colosio, senador por Nuevo León, registrado en Sonora y de indiscutibles raíces en esa entidad, puede alterar las dos sucesiones con una sola decisión. Su candidatura en Sonora fortalecería a MC en un estado donde carece de la implantación suficiente para competir solo; su salida de Nuevo León abriría espacio al proyecto sucesorio de Mariana Rodríguez y, al mismo tiempo, despejaría el camino de Adrián para concentrar los votos de PRI y PAN. Dante no mueve únicamente un candidato: mueve votos, vetos, amenazas y dos mercados electorales conectados.
La propuesta: una auditoría electoral cruzada y un pacto de relevo
La oposición tiene entonces tres aspirantes, dos gubernaturas en 2027 que Morena aspira a ganar o conservar y una sola conducta racional: negociar ambas entidades en un mismo tablero. No se trata de exigir grandeza, patriotismo ni una súbita conversión de los partidos a la generosidad; esos discursos sirven para los spots y para despedir al candidato sacrificado.
Nadie abandona una gubernatura a cambio de un abrazo, una fotografía y el solemne compromiso de que “más adelante veremos”. Se necesita un método que convierta una declinación humillante en una decisión defendible. Se propone una auditoría electoral cruzada: tres casas demoscópicas sin contrato previo con los aspirantes; levantamientos simultáneos en Sonora y Nuevo León; cuestionarios idénticos; careos con todas las combinaciones; medición de negativos, voto seguro, segunda preferencia, capacidad de transferencia entre partidos, distribución territorial y participación probable. No bastan las encuestas de simpatizantes que permiten a cada aspirante proclamarse invencible dentro de su propia pecera; hay que saber qué dupla maximiza la posibilidad conjunta de ganar dos gubernaturas.
La regla tendría que acordarse antes de conocer los resultados; de otro modo ocurrirá lo de siempre: todos aceptarán la encuesta hasta descubrir que perdieron. Los partidos se comprometerían a respaldar la combinación ganadora mediante candidaturas comunes o fórmulas jurídicamente posibles en cada estado, conservarían sus emblemas y negociarían una distribución de candidaturas legislativas y municipales que reflejara lo que cada uno aporta. Para el tercero no habría una medalla a la participación, sino una ruta pública, concreta y políticamente exigible hacia 2030, pues la gubernatura sonorense que se elegirá en 2027 durará excepcionalmente tres años, de modo que en 2030 volverá a disputarse el cargo.
Las combinaciones posibles y sus implicaciones
La primera combinación parece electoralmente más sólida, aunque políticamente es la menos negociable: Astiazarán en Sonora y Adrián en Nuevo León. Ambos gobiernan las capitales, ambos poseen estructura territorial, ambos han ganado elecciones ejecutivas y ambos pueden concentrar a PRI y PAN sin obligar a sus dirigencias nacionales a representar otra boda por conveniencia. Las mediciones son contradictorias —unas colocan a Morena arriba en Nuevo León, otras a Mariana y otras a Adrián—, dato que refuerza la necesidad de un ejercicio común. En Sonora, Toño domina con amplitud las preferencias internas panistas, mientras Colosio hace lo propio dentro de un MC considerablemente más pequeño. Sin embargo, esta dupla plantea el problema más serio: MC cedería las dos gubernaturas, y Dante Delgado no aceptaría convertirse en proveedor gratuito de votos para el PRI y el PAN.
La segunda combinación separaría territorialmente a los dos hombres que previsiblemente no aceptarían retirarse: Colosio en Sonora y Adrián en Nuevo León. El costo inmediato recaería sobre Astiazarán, pero la gubernatura sonorense de 2027 durará sólo tres años, del 13 de septiembre de ese año al 12 de septiembre de 2030. Toño podría competir en 2030, con 59 años, mediante una candidatura común de MC y PAN; según se asegura, eso es precisamente lo que ya le estarían ofreciendo. Colosio gobernaría el trienio de transición; Astiazarán recibiría después una candidatura de seis años; Adrián competiría en Nuevo León con PRI y PAN. Este arreglo sí contiene incentivos para todos.
La tercera combinación —Astiazarán en Sonora y Colosio en Nuevo León— sería la más equilibrada para PAN y MC, pero exigiría sacar del tablero a Adrián, precisamente el candidato que ya derrotó a Mariana Rodríguez en Monterrey y que ahora busca sumar por separado los votos priistas y panistas. No se ve al alcalde entregando gratuitamente una candidatura que lleva años construyendo, ni tendría sentido que PRI y PAN renunciaran al perfil que mejor permite reunirlos. Es el escenario más armonioso en el papel y el menos creíble fuera de él.
Queda una cuarta posibilidad: que cada quien haga exactamente lo que desea. Adrián con PRI y PAN en Nuevo León; Mariana defendiendo el gobierno de MC; Morena con Andrés Mijes, Waldo Fernández, Tatiana Clouthier o Clara Luz Flores; Astiazarán encabezando al panismo sonorense; Colosio aterrizando con la bandera naranja y Morena defendiendo Sonora desde una estructura construida durante seis años. Sería la competencia más libre, más plural y más conveniente para el partido en el poder, pues Morena podría ganar sin crecer: le bastaría con que sus adversarios dividieran entre ellos el voto que pretende expulsarla.
El factor Morena y la necesidad de un acuerdo
Morena parte con ventaja en Sonora gracias a una estructura territorial real y a un gobernador que entiende la operación electoral. Alfonso Durazo no necesita escogerles candidato, bloquear a Toño o adoptar políticamente a Colosio; puede limitarse a gobernar, operar su sucesión y mirar cómo PAN, PRI y MC transforman tres activos competitivos en dos derrotas posibles. Sería injusto responsabilizar al adversario de aprovechar el regalo.
La candidatura sonorense de Colosio tampoco es una excentricidad sin sentido: es una palanca de negociación. Dante posee al hombre capaz de restarle a Astiazarán los votos suficientes para hacerlo perder; Adrián posee la estructura capaz de arrebatarle a MC el gobierno de Nuevo León. Uno puede amenazar Sonora para negociar Nuevo León; el otro puede conquistar Nuevo León y dejar a MC sin su principal bastión. No son candidaturas aisladas: son instrumentos simultáneos de presión recíproca.
La solución, por ende, no consiste únicamente en medir quién debe sacrificarse, sino en incorporar el tiempo a la ecuación. Nuevo León se decide en 2027; Sonora, en 2027 y nuevamente en 2030. La auditoría cruzada permitiría ordenar las candidaturas inmediatas; el trienio sonorense permitiría ordenar la tercera ambición. Adrián en Nuevo León, Colosio o Toño en Sonora durante el periodo de transición y el tercero en 2030. Nadie tendría que desaparecer: uno tendría que esperar con candidatura, alianza y fecha.
En el elevador electoral del norte parecía estar colocado el aviso: “capacidad máxima, dos personas”, pero habíamos olvidado mirar los pisos. Hay dos lugares en 2027 y un tercero en 2030. La salida existe y, al parecer, hasta comienza a negociarse. Falta saber si los partidos quieren ganar más de lo que cada candidato quiere llegar primero. Tres son multitud únicamente cuando todos pretenden sentarse al mismo tiempo.
Si Dante Delgado concluye que en Movimiento Ciudadano ya no caben simultáneamente Colosio y el proyecto sucesorio de Samuel García, el samuelismo podría terminar tocando la puerta de Morena, fuerza con la que el gobernador ha mostrado entendimiento institucional y coincidencias convenientes. En ese caso, la recepción morenista no sería precisamente con cabrito y mariachi: Andrés Mijes, Waldo Fernández, Tatiana Clouthier y Clara Luz Flores llevan años construyendo una candidatura y tendrían que aceptar que Morena entregara la plaza a la esposa del gobernador denunciado por la propia dirigencia estatal del partido. También habría que conciliar la mudanza con el antinepotismo que Morena presume defender, pero peores cosas se han visto en la 4T. Aun si desde arriba lograran imponerla, quedaría la mala costumbre de contar votos: Mariana ya perdió Monterrey frente a Adrián; enfrentarlo otra vez, convertido ahora en candidato común de PRI y PAN, no parece el ascenso más sencillo de derrotada municipal a gobernadora. Cambiar el naranja por el guinda modificaría el uniforme, no necesariamente el resultado.



