Un momento de introspección presidencial en la despedida de Tlalpan
En un episodio extraordinario que contrasta con su habitual discurso público, el presidente Andrés Manuel López Obrador mostró un lado autocrítico y reflexivo durante su proceso de mudanza del departamento en Tlalpan, donde residió antes de asumir la presidencia. El mandatario, quien prepara su traslado definitivo a Palenque, recibió la visita de un líder empresarial con quien había cultivado una relación personal cercana a pesar de sus históricos prejuicios contra el sector privado.
La barrera que cayó y la confesión inesperada
La animadversión inicial de López Obrador hacia los hombres de negocios, a quienes frecuentemente asociaba con prácticas ilícitas, representó durante años un obstáculo infranqueable para el acceso a Palacio Nacional. Sin embargo, esta postura se fue suavizando progresivamente conforme destacados empresarios comenzaron a mostrar deferencia hacia su figura, iniciando por el magnate más acaudalado del país.
En el contexto emotivo del desmantelamiento de su antigua vivienda, con cajas empacadas y un ambiente cargado de nostalgia, el presidente entró en un estado de balance y evaluación de su legado histórico. Fue entonces cuando, ante el absoluto asombro de su interlocutor, surgió un López Obrador nunca antes visto en sus seis años de conferencias matutinas: un líder capaz de reconocer abiertamente los fracasos de su administración.
El reconocimiento de estrategias fallidas y proyectos inconclusos
Con momentos de visible tristeza y cierta depresión en su tono, el mandatario conversó sobre cómo no había logrado pacificar el país y cómo diversas obras emblemáticas de su gobierno no habían alcanzado los resultados esperados. Por primera vez, aceptó que la política de "abrazos no balazos" constituyó una estrategia deficiente y que proyectos faraónicos como el Tren Maya, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) y la Megafarmacia no habían cuajado adecuadamente.
Según su propia evaluación, estas iniciativas se transformaron en auténticos derroches de recursos públicos que, adicionalmente, han limitado las opciones presupuestales de su sucesora. Ambos personajes en aquella sala compartían la conciencia de estar viviendo los últimos compases de una era política, en una suerte de gira de despedida que añadía mayor peso a las confesiones presidenciales.
El ocaso definitivo de "abrazos no balazos"
El principio del fin para esta controvertida estrategia de seguridad se materializó el 1 de octubre de 2024, cuando Omar García Harfuch asumió el cargo de Secretario de Seguridad federal. Desde un inicio, su enfoque para combatir la violencia contrastó diametralmente con la visión del expresidente AMLO, quien siempre manifestó animadversión hacia Harfuch por recordarle las políticas de García Luna durante la administración de Felipe Calderón.
Dentro de Morena existieron resistencias significativas al cambio de política de seguridad, fundamentalmente porque:
- El líder no acepta contradicciones en su discurso oficial
- En múltiples entidades federativas, la estrategia de "abrazos no balazos" garantizó al partido en el poder éxitos electorales impulsados por el narcotráfico
La presión internacional que aceleró el cambio
Estas resistencias internas perdieron todo margen de maniobra cuando Donald Trump ganó las elecciones presidenciales en Estados Unidos. El mandatario estadounidense dejó claro que México debía actuar contundentemente contra los cárteles narcotraficantes o enfrentaría consecuencias que iban desde aranceles comerciales hasta una potencial intervención militar.
Irónicamente, Trump se convirtió en el principal aliado para la extinción definitiva de la política de "abrazos no balazos", cuyo certificado de defunción simbólico se expidió el domingo 22 de febrero de 2026. Ese día quedó confirmado que el escenario actual bien podría denominarse "La Guerra de Claudia Sheinbaum", aunque la propia mandataria evite utilizar esta terminología por consideraciones políticas.
La autocrítica mostrada por López Obrador en su despedida de Tlalpan representa un momento histórico que contrasta marcadamente con su habitual narrativa pública, revelando las dudas y reflexiones de un presidente que evalúa su lugar en la historia nacional mientras prepara su retiro definitivo de la vida política activa.