La vida sencilla de Francisco Matías: 80 años en una casa centenaria sin agua corriente
En el municipio de Hidrolandia, estado de Goiás, Brasil, Francisco Matías, conocido cariñosamente como Seu Chiquinho, ha construido su existencia lejos del bullicio urbano y las comodidades modernas. A sus 80 años, habita en soledad pero no en solitario, en una vivienda de adobe que su padre, Antonio Matías, levantó en 1920.
Una elección consciente de preservar el legado familiar
La historia de Francisco, difundida originalmente por el medio brasileño CPG y retomada por Infobae, ha dividido opiniones en redes sociales. Mientras algunos la interpretan como un relato de precariedad, otros reconocen en ella un profundo estoicismo y coherencia con valores ancestrales.
Francisco es el último hijo vivo de su familia y tomó la decisión consciente de permanecer en la casa paterna tras el fallecimiento de sus padres hace casi tres décadas. Aunque durante su juventud vivió temporalmente en Río de Janeiro y algunos de sus hermanos migraron a ciudades, él regresó definitivamente al campo hace más de cincuenta años.
"Nunca me casé y vivo solo, pero no estoy aislado", explica Francisco, quien mantiene contacto frecuente con vecinos y miembros de la comunidad rural. Su permanencia no responde al abandono ni a la falta de alternativas, sino a una elección personal profundamente ligada a la identidad, la memoria familiar y el arraigo al lugar de origen.
Rutina diaria sin comodidades modernas
La casa centenaria, prácticamente intacta y sin remodelaciones modernas, carece de agua corriente. Para abastecerse, Francisco extrae agua semanalmente de un pozo cercano, transportándola en bidones hasta su hogar y almacenándola en recipientes de barro.
Su rutina diaria incluye:
- Cocinar en una estufa de leña que también le proporciona calor
- Recolectar madera cada mañana
- Preparar alimentos sencillos como café o tapioca siguiendo métodos tradicionales
- Realizar labores del campo: limpiar el terreno, reparar cercas y atender pequeñas áreas de cultivo
"No necesito más de lo que tengo", afirma Francisco, quien considera que su bienestar no depende de comodidades modernas. Su alimentación, basada en productos naturales y básicos, junto con el trabajo físico constante y un ritmo de vida tranquilo, son factores que atribuye a su longevidad.
Contraste con la sociedad contemporánea
El caso de Francisco Matías representa un contraste marcado con una sociedad global caracterizada por la hiperconectividad, el consumo acelerado y la vida urbana. Mientras millones dependen de internet, servicios básicos automatizados y comodidades tecnológicas, él ha encontrado plenitud en la simplicidad.
La vivienda, ubicada cerca del río Feitos, representa para él estabilidad y continuidad. El paisaje que la rodea ha formado parte de su vida desde la infancia, reforzando su vínculo con la tierra y sus raíces familiares.
Para Francisco, la ausencia de agua corriente y modernizaciones no es sinónimo de carencia, sino de coherencia con sus valores y una forma de honrar el legado de sus antepasados. Su historia invita a reflexionar sobre los diferentes conceptos de bienestar, progreso y felicidad en el siglo XXI.