Los cambios cerebrales durante la maternidad son un fenómeno universal en todas las mujeres, desencadenados por hormonas como los estrógenos, cuyos niveles se incrementan de manera extraordinaria, entre mil y diez mil veces, a lo largo del embarazo. Investigaciones recientes han confirmado de forma concluyente que la maternidad transforma el cerebro femenino. Estas modificaciones son de gran relevancia, ya que preparan a la mujer para la función esencial del cuidado del hijo.
Reducción de materia gris y eficiencia neuronal
En contraste con la mayoría de las especies, el recién nacido humano presenta un grado de inmadurez tal que no puede sobrevivir sin cuidados. El cerebro, consciente de esta necesidad, se adapta en consecuencia. Lo que se observa es una disminución del volumen de materia gris, es decir, de las neuronas, en diversas áreas de la corteza cerebral. Aunque esto pueda parecer contradictorio, no implica una pérdida de función, sino una optimización. Las neuronas que no están trabajando al máximo son eliminadas, mientras que aquellas que son eficientes se refuerzan, mejorando la comunicación entre las restantes. Esta depuración de circuitos clave para la maternidad permite que las redes neuronales dedicadas al cuidado del hijo sean más efectivas.
Funciones mejoradas en el cerebro materno
El cerebro de la madre se modifica para potenciar funciones específicas que aseguren el bienestar del recién nacido. La atención se incrementa, permitiendo a la madre estar pendiente del niño mientras realiza otras tareas. También se desarrolla una percepción aguda para detectar posibles amenazas o situaciones de peligro para ambos. La toma de decisiones, basada en la memoria y la información adquirida sobre el cuidado infantil, se vuelve más eficiente. Estos cambios ocurren principalmente en la corteza cerebral, pero también afectan regiones encargadas de procesar emociones y almacenar recuerdos.
Persistencia de los cambios
Las transformaciones cerebrales inducidas por las hormonas, como los estrógenos y la progesterona, persisten varios años después del parto. La progesterona, en particular, contribuye a la eficiencia de las redes de comunicación neuronal. La relación entre las hormonas y los cambios cerebrales está bien establecida en madres biológicas, lo que plantea interrogantes sobre lo que ocurre en madres adoptivas y padres.
Madres adoptivas y padres: diferencias y similitudes
En madres adoptivas, no se replican los cambios físicos estructurales observados en madres biológicas, ya que estos dependen del aumento hormonal durante la gestación. Sin embargo, sí se presenta un incremento en la actividad de las áreas cerebrales relacionadas con el cuidado del hijo, de manera similar a lo que ocurre en madres biológicas. En cuanto a los padres, incluso aquellos muy involucrados en el cuidado del recién nacido, no experimentan los cambios físicos cerebrales típicos de las madres biológicas, debido a la ausencia de los aumentos hormonales del embarazo. Una cuestión pendiente de resolver es si los cambios funcionales en madres adoptivas son equiparables a los de padres muy participativos.
Implicaciones en la vida laboral y social
Estos estudios revelan que el cerebro de la madre cambia, y con él, sus prioridades. Durante los primeros meses y años de crianza, el cuidado del hijo se convierte en la máxima prioridad. Esto puede tener consecuencias para las mujeres que desean o necesitan mantener una actividad laboral exigente. Surge una diferencia innegable entre géneros: mientras que las madres se cuestionan seriamente si su desarrollo profesional es compatible con la maternidad, los hombres rara vez se plantean esta cuestión. La maternidad y el cuidado de los hijos en mujeres trabajadoras a menudo se acompañan de ansiedad y sentimientos de culpa. La sociedad, conociendo los mandatos biológicos, debe desarrollar la sensibilidad necesaria para apoyar a las madres, brindándoles tranquilidad y comprensión en esta etapa. No obstante, recae principalmente en ellas la responsabilidad del cuidado del hijo pequeño, y deberán ser fuertes, inteligentes y creativas para equilibrar la maternidad con sus otras aspiraciones legítimas. Ser mujer es ser fuerte.



