Elegir entre el éxito profesional en Asia o el reloj biológico en México. Así Lourdes logró ser mamá a los 40 años tras cinco años de tratamientos de fertilidad. Tras enfrentar choques culturales en China, volvió a México al inicio de la pandemia para formar un hogar.
De México a China: una decisión profesional
A los 27 años, Lourdes dejó México para radicar en China. Sus sueños la llevaron a vivir cinco años en el gigante asiático, donde superó choques culturales y retos académicos que se transformaron en éxito profesional. Sin embargo, con el paso del tiempo y el reloj biológico marcando, se encontró en una disyuntiva: optar por el éxito laboral en Asia o el deseo de formar una familia en su tierra natal. Hoy, a los 40 años, sostiene en brazos a Keila, tras un lustro de incertidumbre y tratamientos de fertilidad.
Las dificultades para una extranjera en China
Para una mujer extranjera en China, las posibilidades de establecer una vida familiar son reducidas debido a las expectativas de los padres para sus hijos. La presión de la edad en el país asiático es un factor determinante para quienes buscan pareja, relata Lourdes en entrevista. La condición de hijos únicos de los hombres chinos dificulta las relaciones con extranjeras. Los padres evitan que sus hijos se alejen de su país, pues ellos representan su legado, por lo que Lourdes tenía una baja probabilidad de poder formar una familia en China.
El regreso a México y la decisión crucial
Al cumplir 33 años, en el inicio de la pandemia de covid-19, Lourdes regresó a México. Apenas un mes después de su llegada, recibió una oferta para volver a China. Estaba entre esa difícil decisión de regresar y cumplir su sueño profesional o quedarse para formar un hogar y ser mamá. Lourdes decidió quedarse en México, a pesar de los consejos de quienes le ofrecían el empleo, que incluso le advirtieron que no optara por el amor, ya que eso "no existe". Sin embargo, ella apostó por su proyecto de crear una familia.
El camino hacia la maternidad: cinco años de tratamientos
Tras reencontrarse en México con Josué, quien hoy es su esposo, el camino hacia la maternidad no fue inmediato. La madurez profesional estaba resuelta, pero el cuerpo de Lourdes, ahora con más de 35 años, presentaba nuevos obstáculos. "No fue fácil, porque ya después de los 35 años, tu cuerpo ya no es el mismo. Estuvimos en tratamientos, nos tardamos como cinco años en poder lograrlo", relata. Durante ese periodo, la pareja enfrentó el estrés laboral y los cambios hormonales derivados de éste. La búsqueda de un hijo se convirtió en una inversión de tiempo, dinero y resistencia emocional. "Pero no dejábamos de soñar y de creer que sí queríamos tener a nuestro bebé y no darnos por vencidos. Ya había pasado casi un año y ya estábamos viendo otra opción, como adopción o ver otro médico".
La llegada de Keila y el equilibrio entre familia y trabajo
La llegada de Keila, el pasado 27 de abril, marcó el fin de la espera. Lourdes antepuso su crecimiento profesional mucho tiempo y, ahora, su plan es compaginar sus dos mundos. "No dejo de priorizar a mi familia, pero tampoco quiero dejar atrás mis metas profesionales. Sobre todo crecer en el trabajo, prepararme más y continuar creciendo. Creo que eso también me ayuda a mí y quiero que también sea una motivación para mi hija".



