Estrés en la Ciudad de México: ¿Cuándo se convierte en un peligro para la salud?
Estrés en CDMX: Señales de peligro para la salud

Estrés en la Ciudad de México: ¿Cuándo se convierte en un peligro para la salud?

En una metrópoli que nunca descansa, como la Ciudad de México, el estrés es una constante que se mezcla con el bullicio del tráfico, la saturación del Metro y la prisa diaria de millones de habitantes. Aunque a menudo se percibe como un adversario, no siempre resulta perjudicial. De hecho, el estrés es una respuesta natural del organismo, tanto física como mental, ante situaciones de cambio, presión o incertidumbre, según explica la doctora Ingrid Vargas Huicochea, coordinadora de Investigación del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM. Este mecanismo de adaptación busca restaurar el equilibrio corporal.

El lado positivo y negativo del estrés

No todo el estrés es dañino. Existe el eustrés, una forma positiva que impulsa y motiva en momentos clave de la vida, como una graduación o una boda. Sin embargo, cuando se vuelve persistente, surge el distrés, un tipo de estrés sostenido que puede desencadenar ansiedad, depresión, fatiga y problemas cardiovasculares o cerebrales. La diferencia no radica únicamente en la intensidad de las situaciones, sino en su duración y en la capacidad individual para manejarlas. Cuando los factores estresantes persisten o hay vulnerabilidad personal, el cuerpo deja de recuperarse, y el estrés comienza a cobrar un precio alto.

Señales de alerta: ¿Cuándo el estrés se vuelve peligroso?

A nivel biológico, el estrés activa la liberación de cortisol, una hormona que prepara al organismo para enfrentar amenazas, elevando la presión arterial y los niveles de glucosa. Si esta activación se prolonga, funciones cognitivas como la atención, la memoria y la concentración se deterioran, afectando también el estado emocional. Las respuestas pueden variar:

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  • Síntomas de ansiedad: Preocupación constante, irritabilidad, alteraciones del sueño y nerviosismo persistente, incluso ante situaciones menores.
  • Síntomas de depresión: Ánimo bajo, pérdida de interés en actividades cotidianas, cambios en el apetito, insomnio o somnolencia excesiva, y pensamientos de desesperanza.

El cuerpo no queda exento de estos efectos. El estrés prolongado puede provocar alteraciones cardíacas, hipertensión, problemas gastrointestinales como gastritis o colitis, y afecciones dermatológicas. Además, síntomas físicos asociados a la ansiedad, como dolor muscular, dificultad para respirar, palpitaciones o sensaciones similares a un infarto, pueden aparecer.

Estrategias para prevenir el daño del estrés

Frente a este escenario, la pregunta crucial es: ¿cómo evitar que el estrés se convierta en un problema de salud? La especialista propone tres pasos fundamentales:

  1. Identificar los estresores: Reconocer las situaciones cotidianas que generan tensión.
  2. Observar las reacciones propias: Analizar cómo respondemos ante esos estresores.
  3. Evaluar las respuestas: Determinar cuáles contribuyen al bienestar y cuáles lo deterioran.

En un entorno cada vez más acelerado, aprender a convivir con el estrés, en lugar de solo combatirlo, se ha vuelto una necesidad imperante. El verdadero desafío no es eliminarlo por completo, sino evitar que tome el control de nuestras vidas.

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