Un estudio internacional publicado en The Lancet revela que los trastornos mentales se han convertido en la principal fuente de discapacidad en el mundo, afectando a 1.170 millones de personas, con un impacto desproporcionado en mujeres y jóvenes de 15 a 19 años.
Cifras alarmantes
La enfermedad mental representa actualmente más del 17 % de toda la discapacidad global, superando a enfermedades cardiovasculares, cáncer y afecciones musculoesqueléticas. El estudio, liderado por investigadores del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington, analizó 12 trastornos mentales comunes en 204 países entre 1990 y 2023.
Desde 1990, el número de personas afectadas se ha duplicado, impulsado por un aumento significativo de ansiedad y depresión. Sin embargo, solo el 9 % de quienes padecen estos trastornos reciben atención adecuada, y en 90 países de bajos ingresos la cifra es inferior al 5 %.
Brecha en el tratamiento
De los 204 países evaluados, solo Australia, Canadá y Países Bajos tienen una cobertura de tratamiento superior al 30 %. La pandemia agravó la situación: la prevalencia del trastorno depresivo mayor aumentó un 24 % desde 2019, y los trastornos de ansiedad más del 47 %.
Impacto en mujeres y adolescentes
Las afecciones afectan de manera desproporcionada a personas de 15 a 19 años y a mujeres. En la infancia temprana predominan trastornos como el autismo, TDAH y discapacidad intelectual, con mayor incidencia en niños. En la adolescencia, la ansiedad y la depresión son las más comunes.
“La carga de los trastornos mentales alcanza su punto máximo entre los 15 y 19 años, un período crítico que puede marcar la educación, el empleo y las relaciones”, señaló Alize Ferrari, investigadora de la Universidad de Queensland.
En 2023, 620 millones de mujeres padecían un trastorno mental, frente a 552 millones de hombres. Los autores atribuyen esta diferencia a violencia doméstica, abuso sexual, responsabilidades de cuidado y discriminación de género.
Inversión necesaria
“Abordar este desafío requiere inversión sostenida en sistemas de salud mental para ampliar el acceso y mejorar la cobertura”, subrayan los investigadores. El estudio reconoce limitaciones: 75 países carecen de datos propios, la mayoría de encuestas son previas a 2019, y se excluyen trastornos por uso de sustancias.



