La UNAM explica los tres tipos de procrastinación y cómo identificarlos para mejorar la salud
UNAM: Tres tipos de procrastinación y cómo identificarlos

La procrastinación: Un desafío para la salud mental y física según la UNAM

La procrastinación, un fenómeno psicológico que implica postergar tareas, no solo afecta el rendimiento académico o laboral, sino que también deteriora significativamente la salud mental y física. Este comportamiento, que genera ansiedad y estrés, puede elevar los niveles de cortisol, la hormona del estrés, debilitando el sistema inmunológico a largo plazo. Comprender sus mecanismos es clave para romper el ciclo de culpa y mejorar la gestión del tiempo.

Consecuencias preocupantes de la procrastinación en la salud

Evadir responsabilidades activa un ciclo perjudicial que impacta el bienestar integral. Estudios publicados en revistas como Frontiers y JAMA Network Open destacan varias consecuencias:

  • Deterioro de la salud mental: Aplazar deberes aumenta los niveles de depresión y remordimiento, llevando a una fatiga emocional severa.
  • Afecciones físicas: Se asocia con dolor en extremidades, alteraciones del sueño y conductas de riesgo como sedentarismo o consumo de sustancias.
  • Baja en el rendimiento: La evitación de tareas incrementa la frustración y el riesgo de abandono escolar, empeorando el estado de ánimo.

Los tres tipos de procrastinación identificados por la UNAM

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) distingue entre el descanso real y la procrastinación, donde no hay disfrute debido a la culpa constante. La institución clasifica este comportamiento en tres perfiles específicos:

  1. Por evasión: Surge del miedo al fracaso; el individuo evita tareas para protegerse de no cumplir estándares de calidad o competencia.
  2. Por activación: Se posterga hasta el límite temporal, dependiendo de la presión extrema y la adrenalina para iniciar la ejecución.
  3. Por indecisión: La parálisis proviene de dudas excesivas sobre el inicio o método de trabajo, impidiendo cualquier acción inicial.

Orígenes de la procrastinación: Gestión emocional y factores externos

Este fenómeno radica en la gestión de emociones y tensiones del entorno. Investigaciones en el International Journal of Environmental Research and Public Health (IJERPH) y Nursing in the 21st Century explican sus raíces:

  • Pobre regulación emocional: Se huye de tareas complejas para evitar aburrimiento o ansiedad, buscando alivio inmediato en distracciones efímeras.
  • Agotamiento por crisis: Entornos de tensión constante agotan recursos mentales, reduciendo la capacidad para enfrentar responsabilidades de forma proactiva.
  • Interferencia digital: El uso de pantallas antes del descanso afecta el ciclo del sueño, causando fatiga que disminuye el autocontrol al día siguiente.

Estrategias prácticas para reducir la procrastinación

La UNAM y la Cleveland Clinic recomiendan herramientas para recuperar el control sobre las tareas, combinando gestión del tiempo con modificación de prácticas poco saludables:

  • Métodos de organización: Implementar la matriz de Eisenhower para jerarquizar prioridades y la técnica Pomodoro para establecer bloques de trabajo con descansos programados.
  • Fraccionamiento de objetivos: Dividir proyectos grandes en tareas mínimas y manejables reduce la carga mental y la sensación de agobio inicial.
  • Autocompasión: Abandonar el perfeccionismo y gestionar fallos con amabilidad disminuye la ansiedad, facilitando el retorno a la actividad.
  • Control del entorno: Minimizar distracciones externas, como alertas del móvil, y agendar pausas activas evita la saturación mental.

En resumen, la procrastinación es un problema de regulación emocional con impactos profundos en la salud. Identificar sus tipos y aplicar estrategias efectivas puede ayudar a mejorar la calidad de vida y el bienestar general.