En 1950, un inventor radicado en Veracruz afirmó tener la clave de la propulsión de los platillos voladores, un fenómeno que se convirtió en obsesión mundial tras el primer avistamiento reportado por el estadounidense Kenneth Arnold en 1947.
Expediente desclasificado del Pentágono
Entre los expedientes desclasificados en el portal oficial del Pentágono destaca el expediente 62-HQ-83894 Serial 220, un documento de hace tres cuartos de siglo integrado por 15 páginas de cartas, recortes de prensa y diagramas técnicos que el FBI resguardó con fines desconocidos.
La carta de Miguel Ángel García Macías
En la carta, fechada el 19 de marzo de 1950 y enviada por Miguel Ángel García Macías al “presidente de la Comisión de Investigación Científica de Estados Unidos”, retoma el caso de Germán Horacio Robles Jr., un estudiante de la Escuela Nacional de Ingeniería que había logrado capturar las primeras fotografías de un platillo volador en territorio mexicano.
El objeto fue avistado apenas unos días antes sobre la ciudad de Durango a una altitud de nueve mil pies. Un recorte de un periódico en español, integrado al expediente y con fecha del 16 de marzo de 1950, consigna dos fotos del ovni y un boceto que detalla su estructura, realizado por el propio Robles Jr.
“El aparato parece un doble cono truncado, unido por sus bases, que se mueve mediante algo parecido a la propulsión a chorro y que se desplaza cambiando de posición para utilizar su fuerza motriz en la dirección deseada, razón por la cual puede verse bajo formas aparentemente distintas”, dice el pie que acompaña a las imágenes.
Las teorías del inventor
Sin embargo, el avistamiento del OVNI es el pretexto que el veracruzano Miguel Ángel García Macías, quien en su carta se define como “pianista, compositor, descubridor, inventor e ideógrafo”, usa para informar al gobierno de Estados Unidos sobre un catálogo completo de innovaciones propias.
“Adjunto a la presente una breve descripción ideográfica de mi teoría sobre los 'Aerostatos Estratosféricos' (platillos voladores), los cuales, según mis estudios, utilizan energía atómica y un sistema de 'Estabilidad Global-Cónica’”, dice la primera hoja de la carta.
Los dibujos incluidos muestran que le interesaba la física del vuelo, pues proporcionó esquemas de cámaras de oxígeno, aspas de hélices y un esquema de un aparato similar al observado en Durango.
Para García Macías, los platillos voladores no eran necesariamente naves extraterrestres, sino pruebas de principios físicos que él mismo estaba intentando patentar para ayudar al “progreso de la ciencia y protección de la democracia”.
“En este estudio entra la estabilidad global que tiene un globo y la estabilidad semi-global que tienen los paracaídas. Uniendo las dos estabilidades en una encontramos la estabilidad superior o la super-estabilidad de los cuerpos en el aire o en el espacio. Estos aparatos pueden ser utilizados para evitar una explosión atómica en la Tierra, ya que su velocidad es mayor que la de la luz o el sonido, de acuerdo con la cantidad de material atómico que se utilice en su fabricación”, detalla.
Quejas sobre patentes
En la carta, García Macías se queja de que, debido a su falta de recursos, varios inventos suyos fueron patentados por terceras personas en Estados Unidos. Incluso, relata que los planos que elaboró para unas aspas que ideó para ayudar a cargar camiones de volteo fueron retenidos durante ocho meses en la Secretaría de Economía mexicana, tiempo tras el cual le notificaron que la patente le había sido otorgada a otra persona.



