La expansión de los cárteles mexicanos en África ha dejado de ser una sospecha. El general Dagvin Anderson, jefe del Comando África de Estados Unidos (AFRICOM), confirmó que miembros de organizaciones criminales mexicanas fueron detectados en 11 de 12 laboratorios clandestinos intervenidos recientemente en África. Como resultado, tres ciudadanos mexicanos fueron detenidos en Nigeria.
Operativos internacionales contra el narcotráfico
Anderson detalló operaciones internacionales que conectan Sudamérica, África, Europa, Medio Oriente y Estados Unidos. Destacó el decomiso de 35 toneladas de cocaína por autoridades españolas, valuado en mil millones de dólares, considerado la mayor interdicción histórica. La droga salió de Sudamérica y transitó por la costa occidental africana.
Relación simbiótica con grupos terroristas
El general afirmó que organizaciones terroristas africanas participan en el traslado de drogas a cambio de pagos. “Existe una relación simbiótica”, dijo, señalando que los recursos del narcotráfico financian a grupos extremistas y regresan a los cárteles en el hemisferio occidental.
Anderson también indicó que los cárteles mexicanos operan directamente en la producción en África. En el mayor laboratorio desmantelado en Sudáfrica había miembros del Cártel de Sinaloa. Las drogas producidas tienen como destino Medio Oriente, Europa y Estados Unidos.
Desmantelamiento en Nigeria
La Agencia Nacional para el Control de Drogas de Nigeria (NDLEA) desmanteló el mayor laboratorio clandestino de metanfetamina a escala industrial en el país, ubicado en una granja boscosa del estado de Ogun. Fueron detenidos nueve sospechosos, incluidos tres mexicanos: Martínez Félix Nemecto (46 años), Jesús López Valles (40) y Torrero Juan Carlos (51).
En redadas adicionales en Lagos se aseguraron químicos y sustancias valuadas en 362 millones de dólares, incluido cristal de metanfetamina.
Cambio táctico de los cárteles
El titular de la NDLEA, Buba Marwa, señaló un cambio en la operación de los grupos criminales: “Somos conscientes del cambio táctico de estos cárteles”, mencionando la tendencia de contratar especialistas de cárteles sudamericanos para instalar fábricas en comunidades rurales. El laboratorio operaba con redes locales y presuntos operadores vinculados a organizaciones criminales mexicanas.



