La Caída de los Narcolegendarios: De Escobar a El Mencho, un Patrón que se Repite
Caída de Narcolegendarios: De Escobar a El Mencho

La Caída de los Narcolegendarios: Un Patrón Histórico que Une a Colombia y México

Miembros de la Brigada de Búsqueda, creada por la DEA, posan junto al cadáver de Pablo Escobar, abatido en un techo de Medellín el 2 de diciembre de 1993. Este momento icónico simboliza un punto de inflexión en la guerra contra el narcotráfico, un conflicto que ha tejido una intrincada red entre Colombia y México durante décadas.

Elementos Comunes en la Caída de los Titanes del Narcotráfico

Existen al menos tres factores fundamentales que comparten los líderes de los cuatro cárteles de droga más poderosos de la historia: Pablo Escobar del Cártel de Medellín, los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela del Cártel de Cali, Joaquín 'El Chapo' Guzmán del Cártel de Sinaloa y Nemesio Oseguera 'El Mencho' del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Todos fueron, en su momento, los criminales más buscados del planeta y todos cayeron gracias a la colaboración que recibieron los gobiernos colombiano y mexicano de Estados Unidos. Sin embargo, también es cierto que todos erigieron imperios criminales con armas de guerra adquiridas sin mayores obstáculos en armerías estadounidenses.

Si México siguiera el mismo patrón observado en Colombia durante los años 90 —que llevó a la desaparición de los cárteles de Medellín y Cali—, estaríamos presenciando un proceso de desintegración inevitable y la caída final de los cárteles de Sinaloa y CJNG, los más poderosos del país. La historia de estas organizaciones criminales colombianas y mexicanas está estrechamente entrelazada desde los años 70, pero un elemento diferenciador terminó con la hegemonía colombiana y cedió a México el cetro mundial del tráfico de drogas hace tres décadas.

Auge y Ocaso de los Cárteles de Guadalajara y Medellín

El Cártel de Guadalajara, la primera gran organización del narcotráfico moderno a nivel mundial, fue fundado a finales de los años 70 por Miguel Ángel Félix Gallardo (El Padrino), Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo (Don Neto). Este trío organizó el primer grupo criminal mexicano dedicado a la logística y distribución de marihuana y amapola hacia el creciente mercado estadounidense.

Casi en paralelo, surgió el Cártel de Medellín, estableciendo la primera alianza internacional con el Cártel de Guadalajara para el tráfico de marihuana hacia Estados Unidos. Fue el líder del grupo criminal colombiano, Pablo Escobar, quien primero vislumbró el enorme potencial del tráfico de cocaína, una droga mucho más adictiva y relativamente fácil de cultivar y elaborar en laboratorios clandestinos.

Para cuando el Cártel de Guadalajara se sumó al tráfico de cocaína, el de Medellín ya ostentaba la hegemonía. En lugar de enfrentarse a los sudamericanos, los mexicanos optaron por unirse y compartir el lucrativo negocio ilícito para introducir toneladas de cocaína en las grandes ciudades de Estados Unidos, en colaboración con mafias locales.

En los años 90, Escobar ya era el criminal más buscado y uno de los hombres más ricos del mundo. Su fortuna le permitió convertirse, inicialmente, en una especie de Robin Hood tropical, construyendo escuelas y hospitales en barrios populares e incluso llegando a ser elegido congresista. Sin embargo, su trayectoria degeneró en un terrorismo indiscriminado, caracterizado por:

  • La colocación de bombas en un avión (vuelo 203 de Avianca, con 107 muertos).
  • Atentados en edificios públicos, como el coche bomba que destruyó la sede del Departamento Administrativo de Seguridad en Bogotá, dejando más de 60 fallecidos.
  • Explosiones en plena calle, sumando más de 600 atentados entre 1984 y 1993, con un saldo superior a 400 muertos.

Esta sanguinaria huida hacia adelante de Escobar, que incluyó el secuestro y asesinato de la hija del expresidente Julio César Turbay y el magnicidio del candidato presidencial Luis Carlos Galán, respondía a una obsesión que literalmente lo aterrorizaba: ser extraditado a Estados Unidos.

El terror surtió efecto. El presidente César Gaviria le prometió no extraditarlo a cambio de que se entregara y cumpliera su condena en una cárcel exclusiva, equipada con cancha de fútbol, discoteca y recibidor de visitas. En 1992, tras descubrirse que Escobar continuaba ordenando asesinatos y manejando su negocio desde su celda dorada, Gaviria ordenó su traslado a una cárcel común. Escobar escapó antes de ser movido, lo que desencadenó la cacería que culminó con su muerte en diciembre de 1993.

Pero su muerte, acorralado en un techo, no habría ocurrido sin un cambio de paradigma en la guerra del Estado colombiano contra el narcotráfico: Gaviria dejó de temblarle el pulso (a diferencia de sus antecesores) y autorizó la intervención de Estados Unidos en el conflicto. Agentes de la DEA y otras agencias estadounidenses entrenaron a la Policía colombiana en técnicas de seguimiento y operaciones urbanas, formando un nuevo cuerpo antinarco llamado Bloque de Búsqueda. Además, proporcionaron equipos avanzados de rastreo e interceptación de llamadas, lo que permitió localizar a Escobar en Medellín el 2 de diciembre de 1993.

La caída del Cártel de Medellín ocurrió cuatro años después de la del Cártel de Guadalajara (1989), con el arresto de sus líderes tras la tortura y muerte del agente de la DEA Kiki Camarena. Sin embargo, a diferencia de la disuelta organización criminal mexicana, que se fragmentó en los cárteles de Sinaloa, Juárez y Tijuana, Escobar fue tan dominante y su poder tan absoluto que no dejó heredero, provocando la desintegración total del poderoso Cártel de Medellín. El control de la droga en Colombia fue ocupado por una organización rival, pero menor: el Cártel de Cali.

Auge y Caída de los Cárteles de Cali y Sinaloa

Los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela aprendieron la lección tras la muerte violenta de Escobar, comprendiendo que no tenían fuerzas para combatir simultáneamente al Estado colombiano y a la DEA. Su estrategia para engrandecer su negocio consistió en:

  1. Recurrir a la vieja fórmula del soborno y corrupción de autoridades.
  2. Internacionalizar el negocio, profundizando sus redes con los tres nuevos cárteles surgidos de la caída del Cártel de Guadalajara, priorizando al que demostró mayor habilidad para introducir cocaína en EU: el Cártel de Sinaloa.

El acuerdo establecía que Cali enviaba la cocaína hasta Centroamérica o México, y Sinaloa se encargaba de cruzarla por la frontera y distribuirla en Estados Unidos. De esta manera, conscientes o no, los hermanos Rodríguez Orejuela cedieron el control del narcotráfico a México, que se convirtió en el puente natural entre el mercado emisor y el consumidor.

Tras el abrupto fin del Cártel de Cali en 1995, con la captura de Miguel (extraditado a EU en 2005, donde cumple una condena de 30 años) y Gilberto (extraditado en 2004 a EU, donde murió en la cárcel), los cuatro líderes del Cártel de Sinaloa —Joaquín 'El Chapo' Guzmán, Héctor 'El Güero' Palma, Ismael 'El Mayo' Zambada y Juan José 'El Azul' Esparragoza— se convirtieron a finales de los 90 en los narcos más poderosos y buscados por la DEA.

Al igual que ocurrió con el Cártel de Medellín, el vacío de poder dejado por la organización criminal de Cali fue ocupado por otros narcos que operaban desde el Valle del Cauca, el Cártel del Norte del Valle. No obstante, para entonces la hegemonía global la ostentaba el Cártel de Sinaloa en México, sin rival en la primera década y media del siglo XXI y precursor de la introducción masiva de una nueva droga, mucho más adictiva, letal y lucrativa que la cocaína y la heroína: el fentanilo.

De todos los cárteles mexicanos, el de Sinaloa fue el que mejor resistió la guerra contra el narco declarada por Felipe Calderón en 2006. Sin embargo, el 9 de enero de 2017, un día antes de que Donald Trump asumiera la presidencia de Estados Unidos, El Chapo fue extraditado por el gobierno de Enrique Peña Nieto. La suerte del capo más poderoso del mundo, protagonista de espectaculares entradas y fugas carcelarias, selló el declive inexorable del Cártel de Sinaloa, envuelto en una guerra entre sus dos principales facciones: los chapitos y los mayitos.

Auge y ¿Caída? del Cártel Jalisco Nueva Generación

El declive imparable del Cártel de Sinaloa abrió la puerta a un nuevo modelo de grupo criminal: el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una escisión del casi desaparecido Cártel del Milenio. Su ascenso fue meteórico en la última década debido a dos factores clave:

  • El poder concentrado de manera casi absoluta en una sola persona: Nemesio Oseguera Cervantes, 'El Mencho'.
  • La transformación del cártel bajo su mando en un verdadero ejército paramilitar, más que en un simple negocio clandestino.

Gracias a sus poderosas armas de guerra —compradas y traficadas sin problemas en Estados Unidos, pese a los intentos del gobierno mexicano de declarar ilegal este negocio en las armerías fronterizas— y a la política de "abrazos y no balazos" del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el CJNG floreció e impuso su terror y desafío al Estado.

Sin embargo, el regreso al poder de Trump y su amenaza de intervenir militarmente en México, tras declarar organizaciones terroristas a los cárteles y denunciar que el país está controlado por el crimen organizado y no por el gobierno de Claudia Sheinbaum, la presión y la línea más dura en Seguridad de Omar García Harfuch culminó con el espectacular golpe que acabó con la vida de El Mencho.

Este golpe recuerda a la caída de Escobar y deja abierta una conclusión —se acabaron los "abrazos"— y dos incógnitas cruciales: ¿Estamos ante el comienzo de una nueva guerra del Estado mexicano contra el crimen organizado? y ¿Contentará esta nueva estrategia el ánimo intervencionista de Trump?