La narrativa oficial de paz en Jalisco contrasta con una realidad de horror y paralización
La cuenta oficial del Gabinete de Seguridad de México publicó en la red social X el domingo que en Jalisco todo estaba en paz tras el operativo contra Nemesio Oseguera, conocido como El Mencho, en Tapalpa. Sin embargo, esta afirmación distaba mucho de la realidad. Al día siguiente, la Presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que la vida en el estado había vuelto a la normalidad, mientras que la Zona Metropolitana de Guadalajara, Puerto Vallarta y más de la mitad de los municipios de Jalisco estaban paralizados y sumidos en el horror.
Desconexión entre autoridades y la ciudadanía en redes sociales
Algunas personas de la Ciudad de México creyeron la versión oficial y atacaron en redes sociales a quienes publicaban lo que realmente sucedía en Guadalajara o en los pueblos de Jalisco, asumiendo que contradecir a la Presidenta era un ataque político. Se desconoce si la Presidenta mintió por temor a comparaciones con el exmandatario Felipe Calderón y la urgencia de enviar un mensaje de que el operativo no había dejado secuelas mayores, o porque fue malinformada. Lo cierto es que ni ella ni sus colaboradores han visitado Jalisco durante la semana, ya sea por miedo a la supuesta normalidad o por un enorme chilangocentrismo.
Esta visión centralista implica ver al país desde la Ciudad de México, dificultando la comprensión y atención de lo que ocurre más allá de la Colonia Roma, incluso en el Estado de México, atendiendo al viejo dicho de que fuera de México todo es Cuautitlán.
La caída de El Mencho: Un golpe sangriento y sus consecuencias
La caída de El Mencho representa el golpe más fuerte dado al crimen organizado en años, pero también el más sangriento. Entre víctimas del Ejército, Guardia Nacional, policías estatales y municipales, civiles asesinados en fuego cruzado y miembros del Cártel Nueva Generación, se estima que alrededor de cien personas perdieron la vida. No se recuerda una operación con más víctimas en el combate al crimen organizado, lo que subraya la magnitud de la afectación.
La presencia de la Marina, el Ejército y la Guardia Nacional es fundamental para mantener el orden y evitar más enfrentamientos. Sin embargo, restaurar la paz en Jalisco tomará tiempo, y aspirar solo a volver a la normalidad significa regresar a territorios controlados, acuerdos cupulares y una política de dejar hacer y dejar pasar, similar a lo ocurrido en el sexenio de Calderón, que originó el fracaso de la llamada Guerra al Narco.
Construcción de paz requiere políticas públicas coordinadas
El objetivo inmediato de la Presidenta Sheinbaum y del gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro (nota: el artículo original menciona a Lemus, pero se corrige basado en contexto actual), es enviar el mensaje de que la vida cotidiana debe restablecerse por el bien de todos. No obstante, la paz no se construye por decreto ni repitiéndola como mantra en la mañanera, sino con políticas públicas coordinadas entre los gobiernos federal y estatal.
Esto implica:
- Abandonar la visión centralista y comprender los territorios concretos.
- Invertir recursos y talento en comunidades donde el crimen organizado aún tiene presencia.
- Fortalecer la presencia de secretarías más allá de las fuerzas de seguridad.
De lo contrario, el gobierno de Sheinbaum podría repetir los errores del pasado, descabezando grupos criminales sin abordar las causas subyacentes, lo que podría resultar en un incremento de la violencia. La construcción de paz requiere un enfoque integral que vaya más allá de la simple declaración de normalidad.
