Operativos como el de Tapalpa no bastan: la paz requiere desmantelar cárteles y respetar el derecho humanitario
Operativos no bastan: paz requiere desmantelar cárteles y derecho humanitario

La paz no se construye solo con operativos: reflexiones sobre violencia local y global

Febrero suele celebrarse como el mes del amor y la amistad, pero la realidad vivida tanto en México como a nivel internacional durante el pasado mes distó enormemente de ese ideal. Los acontecimientos violentos han marcado un inicio de año particularmente sombrío, exigiendo una reflexión profunda sobre cómo enfrentamos la inseguridad y los conflictos.

El operativo de Tapalpa y sus consecuencias visibles

El 22 de febrero, autoridades mexicanas ejecutaron un operativo en Tapalpa, Jalisco, que resultó en la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como 'El Mencho', líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. Este evento desencadenó una ola de violencia en varios estados, con Jalisco como epicentro principal de los disturbios.

Al día siguiente, mientras transitaba por la carretera que conecta Manzanillo con Guadalajara junto a mi familia, pudimos observar numerosos vehículos de diferentes tamaños completamente calcinados. Esta imagen desoladora inevitablemente lleva a preguntarse sobre los dueños de esos automóviles: ¿tendrían otro medio de transporte? ¿Cómo afectó esta pérdida a sus fuentes de ingreso y sustento familiar?

Personas completamente ajenas al crimen organizado terminaron pagando con sus bienes las consecuencias de una decisión legítima de las autoridades. Ciudadanos comunes que vieron destruido su patrimonio como daño colateral de un operativo destinado a capturar a un individuo con múltiples órdenes de aprehensión.

La necesidad de estrategias integrales más allá de los operativos

Sin duda, la labor fundamental de las autoridades consiste en capturar a los delincuentes, como mencioné en columnas anteriores. Sin embargo, ante operativos de esta magnitud, se hace evidente una carencia en la capacidad de respuesta institucional. Mientras el crimen organizado actúa con coordinación y rapidez ante cualquier contingencia, nuestras fuerzas de seguridad necesitan protocolos más definidos.

El sigilo operativo es indispensable para el éxito de intervenciones como la de Tapalpa, pero nuestros policías y militares requieren también códigos de activación claros que los dirijan a puntos específicos con instrucciones precisas para proteger a la ciudadanía. La seguridad no puede ser reactiva; debe anticiparse a las represalias criminales.

Más importante aún: no basta con la detención o eliminación de un líder criminal. La autoridad debe comprometerse a desmantelar completamente las estructuras operativas y financieras del cártel. De lo contrario, surgirá un nuevo liderazgo y el ciclo de violencia continuará sin cambios sustanciales, dejando a la población en la misma situación de vulnerabilidad.

Un contexto global de violencia creciente

El año 2026 se perfila como particularmente violento no solo en México, sino a escala mundial. Los conflictos bélicos parecen escalar peligrosamente, como demuestran los recientes ataques de Estados Unidos a Irán y la respuesta iraní que afectó a Bahrein, Qatar, Arabia Saudita y Kuwait. Estos eventos nos colocan ante el espectro real de un conflicto internacional de proporciones mayores.

El hecho de que la mayoría de la población mundial no haya experimentado directamente los estragos de una guerra mundial parece no servir como elemento disuasivo. Por el contrario, la mediación diplomática cede terreno ante la escalada armada, con consecuencias devastadoras para poblaciones civiles.

El derecho internacional humanitario como guía esencial

Cuando observamos que un número significativo de víctimas en estos conflictos son civiles, incluyendo niños, debemos volver la mirada hacia el Derecho Internacional Humanitario. Este marco jurídico establece como principio fundamental la distinción entre combatientes y población civil, protección que claramente no se ha respetado en los recientes enfrentamientos.

El Derecho Internacional Humanitario no es ingenuo: su objetivo no es evitar la guerra (reconociendo que los conflictos armados ocurren), sino humanizarlos limitando sus consecuencias más devastadoras. No busca legitimar la violencia, sino establecer reglas que protejan a quienes no participan en las hostilidades.

Todos los seres humanos tenemos derecho a vivir en paz, y corresponde a las autoridades hacer todo lo posible para garantizar este derecho fundamental. Como bien señala el conocido aforismo: quien no conoce la historia está condenado a repetirla.

Esperemos que, tanto en el ámbito local como internacional, aprendamos de los errores del pasado y modifiquemos el curso que parecen llevar los acontecimientos actuales. La paz requiere más que operativos puntuales; exige estrategias integrales, respeto a los marcos jurídicos y un compromiso genuino con la protección de la vida y dignidad humanas.