Secuestro de turistas en Mazatlán expone fallas de seguridad militar en Sinaloa
Secuestro turístico en Mazatlán revela fallas de seguridad militar

Secuestro de turistas en Mazatlán expone fallas en seguridad militar

Desde hace al menos tres meses, un campamento militar se encuentra instalado en la carretera que conduce al poblado El Habal, la única entrada a la zona norte de Mazatlán para quienes provienen de Culiacán y Durango, epicentros del crimen organizado en Sinaloa. Este despliegue cobra relevancia a la luz de los recientes episodios de violencia en el puerto, los cuales ya están afectando la actividad turística, un pilar económico de la región.

El ataque a una familia en vacaciones

La noche del martes 3 de febrero, seis turistas originarios de Santa Ana Ixtlahuaca, Estado de México, fueron secuestrados mientras paseaban en vehículos todo terreno por la avenida Sábalo Cerritos, una zona turística popular. Las víctimas son cuatro hermanos: Omar, Gregorio, Javier y Monserrat; el esposo de esta última, Óscar; y su hija Dana, de 9 años. Habían viajado a Mazatlán para celebrar el cumpleaños de doña Verónica, la madre de la familia. Después de cenar, alquilaron los RZR y desaparecieron sin dejar rastro.

Horas más tarde, Monserrat y su hija Dana fueron encontradas con vida en una brecha cercana a El Habal. La ubicación del destacamento militar es crucial, ya que se sitúa justo a mitad de camino entre el punto del secuestro y el lugar donde fueron localizadas las dos mujeres. "Es imposible que los soldados no hayan visto nada, no hayan notado nada extraño o no hayan siquiera visto pasar al convoy de los criminales", afirma José Francisco, quien se dedica al transporte turístico en la zona. Él transita diariamente por esa ruta para llevar turistas a hoteles, la Zona Dorada –con sus bares, restaurantes, el malecón y letras monumentales– o al aeropuerto.

El campamento militar y su contexto

Los militares establecieron su campamento en un puesto de control condominal, identificado con el número 103, construido por la familia Coppel, una de las más influyentes en Mazatlán, especialmente en el sector hotelero de lujo. Este puesto, ubicado en la esquina de las avenidas Ernesto Coppel Campaña y Mario Alberto Sánchez, luce un estilo arquitectónico neoclásico y colores similares a los del Pueblo Bonito Emerald Bay, un complejo hotelero adyacente de cuatro diamantes, considerado "El mejor resort de Mazatlán".

En la tienda castrense, es posible observar al menos seis soldados que, en teoría, custodian el punto las 24 horas del día. Allí comen, descansan, se asean y realizan labores de vigilancia e inteligencia, dado que es una de las principales puertas de entrada y salida del puerto. "Ya no es el Mazatlán de antes, en el que todo era fiesta, diversión, comida y placer", relata Alberto, empleado del Emerald Bay. "Ahora hay que estarse cuidando y, sobre todo, cuidar a los turistas, tanto nacionales como extranjeros, porque aquí viene mucho canadiense y estadounidense. Son tiempos de guerra en Sinaloa, entre los Chapos y los Mayos, y hasta acá ha salpicado la sangre".

Retenes y medidas de seguridad

Los militares han colocado decenas de costales de arena alrededor de la carpa como instrumentos de defensa improvisada. Además, sobre la carretera a El Habal, por donde presumiblemente se llevaron a los turistas, instalaron dos retenes con mallas, costales, tambos y conos naranjas: uno antes del acceso principal al Pueblo Bonito y otro en sentido contrario, cerca de una vieja vía de tren. "No sólo hay retenes de las autoridades en la entrada norte, también hay al sur y al oeste", asegura Jorge, trabajador del Diamond Bay Boutique, otro hotel cercano. "Dicen que la intención es que los grupos armados no entren, supuestamente blindar el puerto, aunque sabemos que los malillos ya están adentro".

Impacto en el turismo y testimonios locales

El secuestro ha generado preocupación entre los operadores turísticos. Ángela, dueña de una operadora de tours a islas cercanas, el Acuario y otros atractivos, señala: "Pensábamos que la zona turística estaba controlada, pero ya vimos que no, y eso va a golpear al sector. Sí sabíamos que estaba feo en las afueras, en las rancherías, porque los grupos criminales se están peleando las plazas, pero ahora el agua nos está llegando al cuello". Ella ha eliminado de su catálogo un paseo a El Quelite, una comunidad pintoresca, debido al alto riesgo. "La última vez que fuimos, estuvimos muy tensos, había halcones por todos lados".

Desde el Emerald Bay, se envía comida y suministros a los militares, quienes ocasionalmente realizan operativos de revisión vehicular. Sin embargo, la noche del 3 de febrero, frente a este campamento, debió pasar la cuadrilla de narcos y secuestradores con sus víctimas, por la única ruta hacia El Habal. Una madre llora, otra más en el país y en esta entidad bajo fuego. Con el carnaval a la vuelta de la esquina, la inseguridad amenaza la imagen del puerto. Junto al campamento, una placa en honor a Ernesto Coppel y un letrero que reza "Está usted en el Nuevo Mazatlán" contrastan con la realidad de violencia que persiste.