El domingo ardiente: Tres claves para entender la violencia tras la caída de 'El Mencho'
Tres claves de la violencia tras la caída de 'El Mencho'

El domingo ardiente: Una escalada de violencia que paralizó a México

Durante años, México ha convivido con niveles de violencia que resultarían inaceptables en la mayoría de las naciones. Sin embargo, el pasado domingo marcó un punto de inflexión. El miedo colectivo alcanzó una escala sin precedentes, paralizando simultáneamente a millones de ciudadanos. En redes sociales, chats grupales y conversaciones nerviosas, una pregunta resonaba con insistencia: si habían capturado al líder en Jalisco, ¿con qué propósito estaban incendiando el país?

Un acontecimiento histórico con consecuencias inmediatas

La caída de Nemesio Oseguera, conocido como 'El Mencho', representa sin duda uno de los eventos más significativos del México contemporáneo. No obstante, este hecho por sí solo no explica completamente la oleada de violencia que siguió. Este análisis presenta tres reflexiones fundamentales sobre lo ocurrido: los partidarios del antiguo líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) quemaron el país por razones emocionales, aprovecharon la oportunidad que se les presentó y necesitaban demostrar fuerza tanto interna como externamente.

Porque querían: El factor emocional

La violencia del domingo puede interpretarse, en parte, como la manifestación del apego emocional de los seguidores hacia su líder tras su eliminación. No se trató únicamente de una operación criminal, sino de una reacción simbólica que incluyó duelo, rabia y demostraciones públicas de lealtad.

El equipo del Seminario sobre Violencia y Paz de El Colegio de México (SVyP-Colmex) analizó esta dinámica en redes sociales durante las horas posteriores al evento. Identificaron expresiones de añoranza hacia el líder, manifestaciones de religiosidad dirigidas a su figura, mensajes de duelo y respeto por su eliminación, así como formas de identificación aspiracional dentro del grupo criminal.

En resumen, las emociones funcionaron como combustible durante el domingo ardiente, canalizando la violencia como expresión de sentimientos colectivos dentro de la organización y entre sus simpatizantes, según sus propias manifestaciones.

Porque podían: Los vacíos de control estatal

El domingo evidenció, una vez más, que el Estado mexicano no ejerce control efectivo sobre amplias zonas del territorio nacional. Su presencia es desigual, con regiones donde llega tarde o simplemente no llega. Durante horas, grupos asociados al CJNG bloquearon carreteras, incendiaron vehículos y atacaron negocios en múltiples estados.

El contraste fue dramático: mientras la organización criminal reaccionó con rapidez y coordinación, el Estado tardó horas —que parecieron días— en recuperar el control. Aunque la captura de un líder criminal de este calibre representa una operación compleja que requiere inteligencia y coordinación institucional, una cosa es realizar una operación quirúrgica y otra muy distinta es quedarse a limpiar el quirófano y cuidar al paciente.

Estamos ante la evidencia de falta de coordinación inmediata entre autoridades federales, estatales y municipales. La conclusión es clara: el Estado mexicano no controla el territorio a cabalidad, permitiendo que los criminales desplieguen diversas formas de violencia con rapidez y simultaneidad, generando un miedo colectivo que llevó a millones a autoimponerse un toque de queda.

Porque debían: La lógica corporativa criminal

Los eventos del domingo también respondieron a una lógica corporativa: los encargados territoriales necesitaban mostrar fuerza y lealtad a la organización, enviando un mensaje claro al Estado, a sus competidores y a la población sobre su control del espacio.

El CJNG, aunque es una organización transnacional con recursos económicos significativos, no es un monolito. Se trata de una red de liderazgos regionales que deben demostrar constantemente su capacidad operativa y control territorial.

Dos consideraciones finales ayudan a explicar este punto:

  1. Desde la expansión del componente paramilitar de las organizaciones criminales en México —especialmente tras la emergencia de Los Zetas— la violencia se ha convertido en parte estructural del modelo de negocio criminal. Estas organizaciones participan en extorsiones, secuestros, tráfico de personas y control territorial, utilizando la violencia para funciones económicas, políticas y simbólicas.
  2. Estas organizaciones operan en un entorno donde la impunidad sigue siendo más la regla que la excepción. En este contexto, las acciones espectaculares de violencia pública funcionan como demostraciones de poder necesarias para conservarlo.

Reflexiones finales

La pregunta que circuló ese domingo —¿para qué quemar el país?— tiene una respuesta incómoda pero clara: lo hicieron porque querían manifestar su rabia y lealtad; porque podían aprovechar vacíos de autoridad, y porque, dentro de su lógica organizacional, debían demostrar que son la fuerza armada dominante en regiones enteras del país.

Entender estas dinámicas no significa justificarlas, pero sí implica reconocer algo profundamente incómodo: en México, el poder criminal no solo se disputa con armas, sino que se manifiesta a través de demostraciones de fuerza que compiten directamente con el Estado, tal como lo sufrimos el pasado domingo ardiente.