La empresa estadounidense Colossal Biosciences, con sede en Dallas, anunció la eclosión de 26 pollitos sanos desarrollados dentro de huevos artificiales. Este avance se presenta como un paso fundamental para sus iniciativas de desextinción de aves, entre las que destacan el dodo y el moa gigante de la Isla Sur. El logro demuestra la viabilidad de incubar embriones aviares fuera de una cáscara natural mediante un sistema sintético diseñado para replicar funciones biológicas esenciales.
El dispositivo cuenta con dos componentes principales: una membrana semipermeable de silicona y una estructura rígida con forma hexagonal. Según Andrew Pask, director de biología de la compañía, la membrana es extremadamente delgada y especializada, lo que facilita un intercambio gaseoso comparable al de una cáscara biológica mientras retiene humedad y filtra contaminantes. Además, incluye una ventana transparente superior que permite monitorear el desarrollo embrionario sin alterar el entorno interno, una característica útil también para estudios de biología del desarrollo.
Investigadores externos han señalado que, aunque el sistema muestra potencial, aún carece de artículos revisados por pares y de datos suficientes para evaluar su eficacia completa. La incubación artificial de aves ha enfrentado históricamente limitaciones, ya que métodos anteriores requerían oxígeno suplementario en etapas avanzadas, lo que podía dañar el ADN del embrión. El enfoque de Colossal resuelve este obstáculo mediante la difusión pasiva de oxígeno a través de la silicona, evitando suministros activos y manteniendo condiciones más estables.
Este huevo artificial no representa la herramienta directa para revivir especies extintas, sino que aborda específicamente la etapa de incubación dentro de un proceso más amplio. Para lograrlo, los científicos deben realizar modificaciones genéticas en células muy tempranas, antes de que el óvulo sea fecundado y alcance aproximadamente 50 mil células. Actualmente, Colossal trabaja con células germinales primordiales, precursoras de gametos, investigando en el caso del dodo el uso de células de paloma común, relacionada genéticamente con la paloma de Nicobar.
La aplicación resulta particularmente relevante para el moa, ave extinta de Nueva Zelanda que alcanzaba casi 3,6 metros de altura. Dado que ninguna especie moderna podría incubar fácilmente un huevo de dimensiones equivalentes, un sistema artificial adaptable ofrece una alternativa viable para superar este desafío reproductivo. El anuncio marca un hito tecnológico, aunque los expertos recuerdan que la recuperación completa de estas aves requiere avances adicionales en ingeniería genética y biología del desarrollo.



