¿Perder la inteligencia? El riesgo oculto de la IA en la educación
¿Perder la inteligencia? El riesgo oculto de la IA

Uno de los temas más actuales en nuestro mundo es tratar de anticipar las consecuencias que la irrupción masiva del fenómeno revolucionario de la inteligencia artificial tenga en nuestras vidas; además, es accesible a todo aquel que esté conectado a internet. La preocupación de la mayoría de las conversaciones gira alrededor de que la inteligencia artificial, al realizar más tareas por nosotros, puede hacer redundante la existencia de un gran número de profesiones. Si bien este es un tema real y relevante, quiero poner sobre la mesa el hecho de que al delegar nuestras tareas a la IA podamos perder inteligencia.

¿A qué se va a la escuela?

Uno podría preguntarse a qué se va a la escuela. La respuesta obvia: a aprender. Pero, ¿a aprender qué? Se va para aprender a pensar, a aprender a aprender. El modelo que se utiliza en la mayoría de las escuelas sigue el enfoque constructivista, o sea, se basa en este principio. El constructivismo sostiene que el aprendizaje ocurre cuando el sujeto construye activamente significado a partir de la experiencia y reorganiza sus esquemas previos. Esta línea surge en oposición a la enseñanza clásica del aprendizaje de memoria, basado en la repetición y el almacenamiento literal de información (memoria). A este último se le critica, con razón, debido a que podría tener poca o nula comprensión de los contenidos.

El riesgo de la perfección artificial

En el caso específico de la educación y el aprendizaje, lo que nos puede robar la inteligencia artificial es la posibilidad de tener errores. Los ensayos de los estudiantes pueden ser vagos o irrelevantes y no aprenderán por qué fueron vagos o irrelevantes. Se mostrarán ensayos perfectos, pero tampoco se sabrá en qué fueron perfectos y, por tanto, será difícil, si no imposible, que puedan realizarlos de nueva cuenta solos. Repetir la tarea, el ensayo, las tablas es lo que ayuda a configurar la mente.

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Cuando no hay agujeros de los cuales aprender, no hay una necesidad de repetición ni de pensar los temas; por lo tanto, no habrá posibilidad de conexiones sinápticas entre las neuronas. El problema grave se presenta desde dos lugares: primero, no hay forma de generar memoria y segundo, no hay forma de entender el error, lo que no se entendió.

La memoria y la repetición

En el primer caso, la memoria es un proceso de atención, aprehensión de aquello que se recibe, después de consolidación y, finalmente, de repetición. Aquello que no se repite (quizá porque sale bien la primera vez) no tiene cómo quedarse en la mente. Es por medio de la repetición, esa que han vilipendiado los nuevos modelos educativos (“aprender de memoria no sirve para nada porque lo que quiero lo puedo encontrar en la red”), que se estructura la memoria. Todo parece demostrar que sí, que es la memoria la que va estructurando los recuerdos en la mente y, por lo tanto, facilitando la conexión de recuerdos.

Para entender, es necesario conocer que existe una “poda neuronal” todos los días de las conexiones que se hicieron en exceso y no se usaron. Sucede principalmente durante la etapa de crecimiento, y ya en el ser adulto ocurre todas las noches durante el sueño. Es por este fenómeno que todo aquello que no usamos se va olvidando; en este proceso, el cerebro elimina las conexiones sinápticas que no se usan para hacer las redes más eficientes.

El peligro de la comodidad

Pensemos, pues, en un ensayo que sale a la primera, un proyecto que sale a la primera, que no tuvimos que repensar durante días en las mejores maneras para resolverlo o crearlo, o en un problema matemático que se resuelve a la primera porque ambos son realizados con inteligencia artificial. Tienen que existir muchísimas repeticiones, hacerlo tres, cuatro o diez veces para que después un problema pueda “salir a la primera”. ¿Cómo, entonces, ayudados por la IA se podrán resolver problemas a la primera?

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Así que mientras el mundo está preocupado por la pérdida de empleos, la preocupación principal debería ser la pérdida del desarrollo intelectual, de considerar que las tareas intelectuales deben ser perfeccionadas por una herramienta en lugar de la posibilidad de equivocarse, porque se es incompleto y eso es lo que nos posibilita aprender. El peligro real de la inteligencia artificial se apuntala en la tendencia del ser humano a la comodidad, al no esfuerzo. Si el aprendizaje se vuelve superficial por el uso pasivo de IA, el aprendizaje se activará menos (haremos menos conexiones profundas y diversas), lo que debilitará la base sobre la cual operan procesos clave de la inteligencia como la comprensión y el pensamiento crítico… Y, por ende, la creatividad.

El problema mayor de la IA es que después de un tiempo no entendamos por qué no estamos entendiendo, y eso es algo parecido a perder la inteligencia.