Niñez y Redes Sociales: El Estado frente al algoritmo en la formación de ciudadanos
Niñez y Redes Sociales: El Estado frente al algoritmo

Niñez y Redes Sociales: El dilema de la formación ciudadana en la era digital

La discusión sobre el acceso de niños y adolescentes a las redes sociales ha trascendido lo meramente tecnológico para convertirse en un debate profundamente social y político. Si el Estado no regula con inteligencia y firmeza el entorno digital, no está ampliando libertades, sino que está privatizando la formación, la atención y, en buena medida, el destino de nuestras niñas, niños y adolescentes.

El campo de batalla del algoritmo

El filósofo y jurista italiano Stefano Rodotà advertía que en esta era tecnológica "los derechos no desaparecen, pero sí cambian de campo de batalla". Hoy, ese campo de batalla es el algoritmo que impulsa el mundo digital. Sin la intervención estatal con reglas claras, este espacio es ocupado por corporaciones cuyo interés principal no es el desarrollo integral de la infancia, sino la maximización del tiempo de pantalla y la monetización de datos.

El sociólogo Manuel Castells explicó que vivimos en una "sociedad red", donde el poder circula a través de flujos de información. Cuando nuestros menores ingresan a redes sin acompañamiento ni límites, quedan insertos en estructuras de poder que no comprenden. No se trata solo de entretenimiento; implica exposición a:

  • Dinámicas de consumo agresivas
  • Manipulación emocional
  • Polarización ideológica
  • Violencia simbólica o real en casos extremos

Impacto en la salud mental y la desigualdad

Diversos estudios académicos han vinculado el uso intensivo y no regulado de redes sociales con problemas de salud mental en adolescentes. Se ha documentado un aumento de síntomas depresivos y ansiedad en jóvenes, correlacionado con la expansión del uso de smartphones y plataformas digitales. No es una relación lineal, pero sí una alerta seria que no puede ignorarse.

En México, donde la brecha educativa y la desigualdad social son profundas, el acceso total a redes sin políticas públicas de acompañamiento agrava las disparidades. Quienes cuentan con capital cultural y supervisión familiar pueden amortiguar riesgos; aquellos sin esa red de protección quedan expuestos a todo, resultando en una forma silenciosa de exclusión.

La falsa dicotomía de la regulación

Algunos argumentan que cualquier regulación es censura, pero esta es una falsa dicotomía. Las democracias modernas han regulado siempre los espacios donde interactúan menores, como:

  1. Publicidad dirigida a niños
  2. Horarios de programación televisiva
  3. Venta de alcohol o tabaco

Regular no es prohibir; es proteger derechos. No poner orden en el ecosistema digital equivale a aceptar que la infancia sea un mercado, permitiendo que la atención, recurso finito y fundamental para el aprendizaje, sea capturada por mecanismos diseñados para generar dependencia.

Hacia una política integral

Necesitamos una política integral que combine:

  • Alfabetización digital para todos los sectores
  • Corresponsabilidad familiar en la supervisión
  • Exigencias claras a las plataformas tecnológicas
  • Legislación que priorice el interés superior de la niñez, como lo mandata nuestra Constitución y tratados internacionales

La infancia no puede ser territorio libre para la explotación de datos, la manipulación emocional o la radicalización silenciosa. No poner orden es privatizar la formación de nuestras juventudes, entregando su atención, identidad y criterio a intereses que no rinden cuentas ante nadie.

La pregunta es simple y brutal: ¿quién está formando hoy a nuestros hijos, la comunidad democrática o el algoritmo? Si la respuesta nos incomoda, entonces es momento de actuar con determinación y visión de futuro.