Deftones: El Culto a Chino Moreno y su Épico Regreso al Palacio de los Deportes
Anoche, el Palacio de los Deportes fue testigo de un evento monumental: el concierto de Deftones, donde Chino Moreno y la banda reafirmaron su estatus de culto entre la comunidad metalera mexicana. Con una asistencia masiva de 18 mil fans, el grupo ofreció uno de los mejores espectáculos del año, fusionando nostalgia, rabia y pasión en una experiencia inolvidable.
Un Sentimiento Profundo y Compartido
Ver a Deftones en vivo trasciende la simple audición de sus canciones; es un sentimiento que se hunde en lo más profundo del alma. Al llegar al Palacio de los Deportes, el mismo escenario que hace 15 años albergó un show personalmente inigualable, la noche se tiñó de emociones contrastantes: nostalgia por el pasado, rabia contenida y un descontento que, paradójicamente, se mezcla con una pasión desbordante por la música. Esta sensación fue compartida por miles de asistentes, confirmando una frase que resonó durante la semana: Deftones juega de local en la Ciudad de México.
Más allá de las raíces mexicanas de Chino Moreno, el culto al grupo en este país es una realidad palpable. Su álbum private music los trajo de vuelta, algo que ya se vislumbró en el Corona Capital, aunque con limitaciones. El primer impulso se sintió al abrir con Be Quiet and Drive (Far Away), desatando una energía colectiva que invitaba a saltar y unirse al frenesí, incluso desde las gradas donde muchos optaron por no usar sus asientos, prefiriendo la emoción del momento.
Una Comunidad Diversa y Conectada
El público no se limitó a cuarentones y treintones; también incluyó a jóvenes que descubrieron a Deftones a través de TikTok, reflejando el fenómeno viral que la banda ha cultivado en redes sociales. Aunque muchos esperaban ver a Chino con la camiseta de Pumas, la noche se centró en la música, con fans luciendo playeras con diseños alucinantes y portadas de discos icónicos. Si bien el concierto pudo haber girado en torno a private music, el corazón de los asistentes latía por álbumes clásicos, como se evidenció al tocar Swerve City de Ko Noi Yokan, cuyos acordes violentos activaron automáticamente sesiones de headbanging.
Para quienes vivieron su adolescencia en los 2000, escuchar en fila Feiteceira y Digital Bath fue una sorpresa emotiva, especialmente esta última, una oscura fantasía que conserva los arreglos con los que Chi Cheng ayudó a dar forma a la perturbadora visión de Chino hace 26 años. Aunque algunos añoraban Back to School, la banda optó por un descanso de ella, priorizando otras joyas de su repertorio.
Energía, Caos y Comunidad
Los celulares estuvieron presentes, pero no impidieron el salto ni la unión en la Moshpit Zone. Desde atrás, su efecto fue palpable durante temas como Diamond Eyes y Around the Fur. Chino Moreno demostró estar en su mejor forma vocal, transitando con facilidad desde gritos intensos hasta melodías suaves, como en Sextape o Hole in the Earth. Sus palabras fueron escasas, pero el mensaje clave resonó: Acabamos el tour de Sudamérica en México. No hay mejor lugar para hacerlo, porque todos ustedes se escuchan maravilloso y esto es hermoso.
La seguridad comprendió la vibra del show, permitiendo a los fans vivir libremente: azotando greñas, tomando chela o agua, berreando y sintiéndose parte de una comunidad que abraza la alternativa y la aceptación. Incluso diseñadores de litografías oficiales disfrutaron entre chelas y headbanging, mientras la música evolucionaba desde private music hasta clásicos como Cherry Waves, una experiencia masoquista y codependiente que ancla al oyente a su melodía.
Un Cierre Épico y Memorias Duraderas
El concierto no podía terminar sin regalos: My Own Summer (Shove It) hizo perder la voz a muchos, seguido de Lotion, una rola no tocada en CDMX desde shows en el extinto Salón 21, y el cierre con 7 Words, tradición de la banda desde hace años. Aunque el show de 2011 sigue siendo un favorito personal, cada experiencia con Deftones es única, y esta noche quedará marcada por la felicidad de gritar junto a adolescentes que encuentran en esta música un refugio para quienes se han sentido hundidos y fastidiados.
En resumen, el regreso de Deftones al Palacio de los Deportes no fue solo un concierto; fue una celebración de culto, comunidad y emociones crudas que reafirma su lugar en el corazón de México.



