La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, anunció la retomada del análisis técnico sobre el uso de la técnica de fracturación hidráulica, conocida como fracking, con el objetivo explícito de fortalecer la soberanía energética nacional. Tras una revisión realizada por un comité interdisciplinario compuesto por 54 expertos entre científicos e humanistas, el gobierno federal plantea incorporar este método no convencional para disminuir la actual dependencia de las importaciones, que cubren el 75% del consumo interno de gas natural utilizado para la generación de electricidad.
Avances técnicos y contexto de la prohibición previa
El anuncio realizado durante la Mañanera del Pueblo el 6 de agosto de 2026 marca un giro significativo respecto a la política energética del sexenio anterior. Aunque el expresidente Andrés Manuel López Obrador estableció en su campaña electoral, específicamente en la promesa número 75, la intención de prohibir métodos de extracción que afectaran la naturaleza y agotaran vertientes de agua, dicha medida nunca se concretó mediante legislación formal.
No obstante, durante el mandato de López Obrador, la empresa estatal Pemex continuó utilizando esta técnica en dos proyectos específicos: el de Aceite Terciario del Golfo y la explotación de gas en lutitas. De acuerdo con proyecciones de la Secretaría de Hacienda de 2024, el presupuesto asignado para estos proyectos estatales ascendió a 4,063 millones de pesos. La nueva administración, liderada por Sheinbaum, busca ahora evaluar la viabilidad de expandir esta ruta en al menos dos cuencas geográficas del país, bajo condiciones estrictas de impacto ambiental reducido.
Mecánica del proceso y requerimientos hídricos
El fracking es un procedimiento diseñado para extraer petróleo y gas natural atrapados en los poros de formaciones rocosas poco permeables, denominadas lutitas bituminosas, ubicadas a profundidades que oscilan entre los 2,000 y los 5,000 metros. Según detalla la Alianza Mexicana contra el Fracking, el proceso inicia con la perforación de un pozo vertical hasta alcanzar la formación objetivo, seguido de perforaciones horizontales que pueden extenderse varios kilómetros en distintas direcciones.
La extracción efectiva requiere la inyección a alta presión de una mezcla compuesta por agua, arena y sustancias químicas, la cual fractura la roca para liberar los hidrocarburos. Debido a que el flujo de producción disminuye rápidamente, es necesario perforar pozos adicionales para mantener la actividad, lo que implica el uso de terrenos extensos. Este aspecto ha sido uno de los principales focos de atención del nuevo grupo de trabajo.
José Antonio Hernández Espriú, investigador de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y parte del comité asesor, enfatizó la necesidad de modificar los estándares hídricos tradicionales. "La primera recomendación que hacemos es no utilizar agua dulce, agua superficial o agua subterránea que ya esté comprometida para sus diferentes usos como el humano, agricultura y ganadería", declaró desde Palacio Nacional.
El experto especificó que la estrategia contempla el uso exclusivo de agua salina, la cual se encuentra aproximadamente entre los 1,000 y 1,500 metros de profundidad. Asimismo, se recomienda la reutilización del 75% del agua salada empleada en el proceso, buscando mitigar el alto consumo que caracteriza a la práctica en otros países.
Objetivos de producción y percepción económica
La meta planteada por la presidencia es elevar la producción nacional de gas natural hasta en un 155% antes de finalizar el actual periodo administrativo. Sheinbaum aclaró que la apertura pública para usar gas no convencional en zonas específicas está condicionada a garantizar la justicia social y minimizar los impactos ambientales, descartando la replicación exacta del modelo estadounidense debido a su alto consumo de agua.
Para lograr este equilibrio, la mandataria contó con el asesoramiento de especialistas en geotermia, geofísica y reciclamiento de agua de instituciones como la UNAM, el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y diversos institutos de ciencia y tecnología. El enfoque busca evitar la dependencia exterior sin sacrificar recursos hídricos críticos para la población.
Desde la perspectiva del mercado, la noticia fue recibida con optimismo por analistas financieros. Carlos Serrano Herrera, economista jefe de BBVA México, calificó el anuncio como positivo, señalando que Estados Unidos pasó de ser un país deficitario en productos petroleros en la década de 1970 a lograr autosuficiencia gracias al fracking. Serrano sostuvo que México podría beneficiarse de manera similar a como lo hizo Texas, especialmente considerando que existen técnicas actuales que permiten reducir significativamente el volumen de agua utilizado, atendiendo así las preocupaciones ambientales previas.
Con estos lineamientos, el gobierno federal avanza en la definición de normativas operativas para las cuencas seleccionadas, priorizando tecnologías que salvaguarden los mantos acuíferos locales mientras se incrementa la oferta interna de hidrocarburos para la matriz eléctrica nacional.



