La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) confirmó que una "caída parcial del SEN" dejó sin electricidad durante buena parte de la noche a La Habana y a varias provincias del occidente del país. La empresa estatal indicó que el servicio comenzó a restablecerse durante las primeras horas del domingo, aunque no precisó el número de clientes afectados ni el punto exacto de la falla.
El incidente es el último capítulo de una crisis energética que se ha vuelto crónica en la isla. Los apagones, que solían ser esporádicos, se han convertido en un fenómeno recurrente desde finales de 2024. Lo que antes era una excepción hoy forma parte de la rutina de los cubanos, que deben convivir con cortes de electricidad que pueden durar horas o incluso días.
¿Qué significa una "caída parcial del SEN"?
El Sistema Eléctrico Nacional (SEN) cubano es una red interconectada que abarca toda la isla. Cuando se produce una "caída parcial", solo una parte del sistema se desconecta, lo que limita el impacto geográfico y facilita la recuperación. Sin embargo, en los últimos años Cuba ha enfrentado también apagones nacionales, en los que la red colapsa por completo.
Según datos divulgados en el artículo original, Cuba registró cinco apagones nacionales durante 2026. El más reciente, ocurrido en julio, dejó sin electricidad a más de nueve millones de personas. Las autoridades culpabilizaron a una cadena de fallos que empezó con oscilaciones en la red y terminó con la salida de varias unidades generadoras.
La difícil tarea de volver a encender el sistema
Recuperar un sistema eléctrico completamente desconectado es una operación compleja. Los ingenieros de la UNE han tenido que recurrir a los llamados microsistemas o "islas" eléctricas, con las que se alimentan de forma aislada algunos sectores para luego ir interconectándolos hasta reconstruir la red. Este proceso puede tardar muchas horas e incluso días.
En el apagón nacional de julio, la recuperación parcial permitió restablecer la conexión desde Pinar del Río hasta Holguín aproximadamente 28 horas después de la desconexión total. Para entonces, en La Habana más de 562.000 clientes ya contaban de nuevo con electricidad. Esa cifra da cuenta de la escala de usuarios que dependen del sistema.
Infraestructura envejecida y capacidad de generación insuficiente
La base del problema eléctrico cubano es estructural. Las principales centrales termoeléctricas del país llevan décadas operando y muchas de ellas han superado su vida útil. La falta de mantenimiento y de recursos para adquirir repuestos ha reducido la capacidad de generación efectiva, justo cuando la demanda crece por el calor y el uso de equipos de aire acondicionado.
Con una red que opera al límite, cualquier falla imprevista puede generar un efecto dominó. La salida de una unidad generadora reduce la reserva de potencia y deja al sistema con menos margen para absorber nuevas perturbaciones. Así, lo que comienza como un problema localizado puede convertirse en un colapso general.
La escasez de combustible, otro factor crítico
A la fragilidad de la infraestructura se añade el déficit de combustibles. Cuba produce alrededor del 40% del combustible que consume, según la agencia Associated Press. El resto debe importarse, pero las dificultades financieras y el bloqueo comercial limitan las compras. Esa dependencia convierte al sistema eléctrico en rehén de la disponibilidad de diésel y fueloil.
La falta de carburantes afecta también a los motores de generación distribuida, que en otras ocasiones han sido clave para restablecer rápidamente el servicio en hospitales, plantas de agua y otros sitios esenciales. Sin combustible, esos equipos no pueden funcionar, lo que reduce las opciones de respuesta durante una emergencia.
Un problema que agrava la economía y la vida diaria
La crisis energética no solo deja a los cubanos a oscuras, sino que frena la actividad económica. Los comercios deben cerrar, las fábricas paralizan su producción y los servicios públicos se ven interrumpidos. Además, los apagones dificultan la conservación de alimentos y medicamentos, afectan el suministro de agua y complican el funcionamiento de los hospitales.
En el plano macroeconómico, la falta de electricidad desalienta la inversión y la producción, reduciendo las posibilidades de generar divisas para importar combustible. Se forma así un círculo vicioso: sin energía no hay economía, y sin economía no hay energía. Romper ese ciclo es uno de los mayores retos del gobierno cubano.
La UNE aún no ha informado oficialmente sobre las causas de la caída de esta madrugada ni sobre el tiempo necesario para la plena restauración del servicio. Lo que sí queda claro es que el sistema eléctrico nacional sigue siendo extremadamente vulnerable, y que cada incidente pone en evidencia la urgencia de una solución estructural que todavía no se vislumbra.



