Investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) documentaron una cueva en el municipio de Cintalapa, Chiapas, que alberga 13 depósitos rituales prehispánicos con un total de 179 piezas arqueológicas. Los objetos, entre los que se incluyen cerámicas, incensarios, urnas-efigie y cajetes decorados con representaciones de jaguares, tecolotes y serpientes, datan del periodo clásico tardío regional (600–900 d.C.), según el análisis inicial de la cerámica y la iconografía.
Un depósito ceremonial intacto
El hallazgo se realizó en las inmediaciones del Arco del Tiempo, una de las bóvedas naturales más grandes del mundo, ubicada en el cañón del río La Venta. El guía local Jairo Díaz Barreiro, integrante de la Alianza de Empresarios del Segmento de Naturaleza, notificó el descubrimiento en enero pasado. La cueva, de 100 metros de longitud, presenta un acceso extremadamente agreste que requiere un descenso en rápel de más de 10 metros de profundidad, condición que la mantuvo intacta y libre de saqueos durante siglos.
Los trabajos de registro y análisis forman parte del proyecto de cuevas del cañón del río La Venta, dirigido por el investigador Josuhé Lozada Toledo, del Centro INAH Chiapas, con la colaboración de la arqueóloga y escaladora Martha Arcelia García Sánchez y del espeleólogo Gabriel Merino Andrade. El INAH informó que tanto la disposición de las ofrendas como el contexto de la cueva indican que fue utilizada exclusivamente con fines ceremoniales, en especial rituales propiciatorios de lluvia y fertilidad agrícola, y no como lugar de habitación.
Simbolismo zoque en las ofrendas
Las representaciones de jaguares, tecolotes y serpientes tienen un profundo significado en la cosmovisión zoque. Según explicó Lozada Toledo, “en la cosmovisión zoque estos tres animales están vinculados al mundo nocturno y a las cuevas. El jaguar (kank) simboliza la oscuridad y es guardián del inframundo y del corazón del monte, mientras que el tecolote se asocia con la noche y la sabiduría, y la serpiente, con la fuerza y el ciclo de la vida y la muerte”.
Además, los incensarios hallados presentan decoraciones con espinas del tronco de la ceiba, árbol sagrado para estos grupos. Lozada destacó que estos incensarios parecen marcar el recorrido ceremonial al interior de la cueva, lo que refuerza la interpretación de que el sitio fue un espacio ritual cuidadosamente organizado.
El hallazgo suma 179 piezas arqueológicas que enriquecen el conocimiento sobre las prácticas ceremoniales de la cultura zoque en la región de Chiapas durante el periodo clásico tardío. El INAH continuará con el análisis detallado de los materiales para profundizar en la comprensión de estos rituales asociados a la lluvia y la fertilidad.



