“Felicidades, señorita”. Nunca antes me habían felicitado por el coche que manejaba. La anécdota la viví mientras probaba el Zeekr 7X, un SUV eléctrico chino que llegó a México en septiembre de 2025. El comentario, hecho por un acomodador de estacionamiento, me hizo reflexionar sobre el cambio en la percepción de los automóviles de origen chino en el país. Anteriormente, solo había recibido una reacción similar al conducir un Porsche Cayenne GTS rojo, una marca que ha construido durante décadas una imagen de éxito. Ahora, un Zeekr comenzaba a generar la misma impresión.
Un cambio en la percepción del lujo
El incidente no fue un caso aislado. Durante la semana que probé el 7X, escuché en un estacionamiento a dos personas decir: “Mira, un Zeekr”. Me sorprendió, porque hay marcas occidentales que llevan más de una década en México y aún necesitan presentarse. Zeekr llegó oficialmente en 2024, con el Zeekr 001, un shooting brake eléctrico más cercano a un ejercicio de diseño que a un producto de alto volumen. Luego llegó el Zeekr X, y finalmente el 7X, un SUV del segmento D diseñado para competir directamente con el Tesla Model Y.
Zeekr es propiedad de Geely Holding, el grupo chino que también controla Volvo, Lotus y Polestar. Entre enero y junio de 2026, Zeekr ha comercializado alrededor de 1,000 unidades en México. Aunque la cifra no impacta el mercado masivo, refleja una estrategia enfocada en prestigio más que en volumen. Como sucede con los bienes de lujo, el estatus rara vez se construye a partir de grandes números.
Diseño y primera impresión
El Zeekr 7X tiene una presencia que no necesita exagerar líneas ni cromados. Su diseño es limpio y proporcionado, dando la sensación de ser un vehículo más costoso de lo que realmente es. “Realmente” es relativo cuando el precio ronda el millón de pesos. Pero el lujo no depende solo del precio; requiere que los demás reconozcan lo que ven. Eso fue lo que probablemente sintió el acomodador sin saberlo.
Probé el automóvil en la carretera México-Toluca, una ruta con altura, pendientes largas, tráfico impredecible y curvas. La versión Flagship entrega 637 hp y 710 Nm, acelerando de 0 a 100 km/h en 3.8 segundos. La potencia está disponible de inmediato, sin esperar a que el motor suba revoluciones ni la transmisión seleccione una marcha. Esa inmediatez genera un placer difícil de explicar, y uno se acostumbra rápido.
Interior y detalles de diseño
Un aspecto que agradecí fue que el volante conserva botones físicos para el volumen y cambio de canción. En una era donde la industria esconde funciones tras pantallas, tener controles táctiles sin mirar es un alivio. Sin embargo, funciones como el aire acondicionado o el plegado de espejos aún dependen de la pantalla central. Pertenezco a una generación que extraña las perillas físicas; eliminarlas hace que los interiores sean más fotogénicos, pero no necesariamente mejores.
El habitáculo incluye piel Nappa, asientos con masaje, ventilación y calefacción, pantalla Mini-LED de 16 pulgadas, head-up display y un sistema de sonido con 21 altavoces. Con los asientos abatidos, el espacio de carga alcanza casi 2,000 litros, suficiente para una familia. A pesar del lujo, sigue siendo un vehículo práctico.
Más allá del origen
Históricamente, el automóvil ha sido una declaración de identidad. Un Mercedes, un Volkswagen, un Volvo o un BMW comunicaban personalidades distintas. Con la electrificación, parecía que los autos se volverían meros electrodomésticos. Zeekr busca lo contrario: vender estatus, no solo eficiencia. La anécdota inicial muestra que el acomodador no preguntó por la potencia ni sabía que comparte tecnología con Volvo; simplemente vio el auto y asumió que era bueno.
Las industrias cambian antes de que las estadísticas lo reflejen. Primero cambia la conversación, luego la percepción y finalmente los números. Tal vez ese “felicidades, señorita” indica que, para algunos consumidores mexicanos, “chino” ya no es un estigma, sino un dato más de la ficha técnica. Cuando eso ocurre, una marca deja de competir por nacionalidad y empieza a competir por el verdadero objetivo: el deseo que provoca.



