“¿Invasión? No. Eso es mentira”, declaró en español a la AFP Soufian, un marroquí de 42 años que entró nadando en Ceuta y que ahora regresaba a Marruecos. “Toda la gente quiere subir, quiere un futuro bien, que no hay en Marruecos. Yo ahora mismo estaba trabajando de guardia de seguridad, 12 horas. ¿Y cuánto me pagan al día? Diez euros”, aseguró, mientras caminaba por la orilla junto a la valla fronteriza.
Sus palabras contrastan con el balance oficial que este sábado ofreció el ministro del Interior español, Fernando Grande-Marlaska, quien llegó a la ciudad autónoma para dar un mensaje de tranquilidad. El Gobierno de Pedro Sánchez asegura que la situación ha vuelto a una “razonable normalidad” tras la partida de casi todos los migrantes que entraron masivamente el jueves.
Una cifra difícil de precisar
Marlaska reconoció que, aunque “la crisis no se da por cerrada”, la situación es de “razonable normalidad” y que “casi todos” los migrantes que cruzaron en apenas 24 horas —hasta 60,000 según las estimaciones— ya habían salido. Sin embargo, admitió que es difícil dar cifras exactas.
El presidente de la ciudad, Juan Vivas, matizó esa visión al negar que haya “normalidad” y asegurar que todavía hay “miles de personas que deben ser retornadas”. Ceuta, una ciudad de unos 84,000 habitantes, vivió una de las peores crisis migratorias de su historia, con una llegada masiva de hombres jóvenes y adolescentes, tanto a nado como saltando las vallas fronterizas.
Al menos 67 personas murieron en el intento de llegar al enclave, de acuerdo con un nuevo balance del gobierno. En las calles, la calma aparente se mezclaba con la tensión: los cafés volvieron a llenarse y el tráfico era intenso, pero también se formaban colas en los supermercados.
El malestar de los residentes
“Las estanterías están vacías”, dijo a la AFP María José Benítez, un ama de casa, mientras hacía fila. A su lado, Irene Cuadro, que trabaja como ayudante de cocina, aseguró que todavía hay “bastante barullo de todo y la verdad es que no hay tranquilidad”.
La sensación de inseguridad también se extiende al lado marroquí. Yusef, un socorrista de 27 años devuelto desde Ceuta, contó a la AFP en la ciudad marroquí de Castillejos su “mala experiencia”. Aseguró que los habitantes de Ceuta eran “racistas” y que “estuve dos días sin comer, cerraron todos los comercios para matarnos de hambre”.
Para evitar nuevos cruces, el sábado comenzó la instalación de una nueva barrera flotante que se extiende en el mar junto al espigón de hormigón que delimita esta frontera, una de las dos terrestres entre África y la Unión Europea. La otra es la de Melilla, la segunda ciudad autónoma española en el norte de África.
Crisis diplomática en la UE
La oleada migratoria desencadenó una crisis diplomática entre España y algunos de sus socios europeos, empezando por Italia. El gobierno de Giorgia Meloni acusa al Ejecutivo de Pedro Sánchez de ser demasiado permisivo en materia de inmigración.
Sánchez reaccionó pidiendo una reunión urgente de los ministros del Interior de la Unión Europea. En una carta a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lamentó “prejuicios, noticias falsas, ignorancia o intereses políticos” y denunció una reacción “egoísta, polarizante e ilegal”.
Horas después, 22 líderes europeos se sumaron a la petición de una reunión urgente, entre ellos la italiana Giorgia Meloni y el jefe del gobierno alemán, Friedrich Merz. “No podemos permitir que cruces masivos e incontrolados (...) den la impresión de que es posible entrar ilegalmente en la Unión Europea”, indicaron en una carta abierta, pidiendo “una respuesta europea inmediata y coordinada”.
Reunión del martes
Irlanda, que ostenta la presidencia rotatoria de la UE, declaró que los ministros del Interior se reunirán el martes por videoconferencia. Von der Leyen aplaudió la medida porque el bloque necesita “un proceso de análisis”, pero insistió en que “ni una sola persona llegó a España continental ni al resto de la UE” durante la oleada migratoria.
Italia, mientras tanto, anunció el viernes la “suspensión” con España del tratado de libre circulación de la UE, el acuerdo de Schengen. En la práctica solo implica controles a ciudadanos no europeos que lleguen desde España y no a los españoles que viajen a Italia. El ministro francés del Interior, Laurent Nuñez, descartó sin embargo “totalmente” que España abandone el espacio Schengen.
Memoria selectiva
En este contexto, Marlaska dijo que “algunos tienen una memoria muy corta” y recordó la crisis en 2023 en Lampedusa, cuando en apenas dos días miles de migrantes entraron en esta isla mediterránea italiana. Una comparación que busca contextualizar una crisis que, aunque grave, no es exclusiva de España.



